edición: 2866 , Lunes, 16 diciembre 2019
07/11/2019
banca 

Cada palo que aguante su vela

De repente, como un lance, surgido por generación espontánea, que diría Aristóteles, ha caído el muro que limitaba el paso a los trabajadores que aspiraban a construir el edificio de la Unión Bancaria europea. Es probable que los vientos procedentes de los cuatro puntos cardinales hayan soplado con el vigor suficiente para que las autoridades de Bruselas hayan percibido la peligrosidad de la corriente. Y así, lo que para algunos es una brisa leve es para otros una ventisca que puede devenir en breve en huracán, ciclón o torbellino. Hablamos de la economía.

Las autoridades alemanas parecen haber traducido la intención del viento económico como un problema susceptible de dañar empleos, empresas, bancos y todo lo que pille. Es lo habitual. Tampoco hay que descartar que los mismos germanos hayan detectado que la ventolera se acerca precisamente en un momento de flaqueza institucional en Europa al tiempo que debilidad también de las entidades financieras, de ahí que a la propuesta del banquero controlador central sobre la puesta en marcha, ahora en serio, de la Unión Bancaria no hayan dudado un instante en dar la venia.

Procesan las autoridades germanas que la situación es ahora parecida a la de 2008, año y momento del que parece se han heredado las malas costumbres, los peores hábitos y conservado lo más tóxico del comportamiento económico y la desidia al trabajo de los políticos. Y todo es suficiente para activar las alarmas. Se pretende que no se repitan los episodios más molestos de las crisis que, para las autoridades, según parece, no son las colas de parados ni tampoco las de ahorradores a las puertas de los bancos. No.

Lo más molesto e incómodo de una crisis financiera es tener que aportar recursos públicos para cerrar los agujeros causados por las malas decisiones particulares. De ahí que Alemania haya identificado que estos vientos se parecen muchos a aquellos otros, cuando fue necesario el auxilio mancomunado de los socios y miembros de la Unión Europea para salvar de la quiebra bancos y países enteros. Y si Alemania sugiere ahora premura en la puesta en marcha de la Unión Bancaria es que ya huele el peligro. Por eso, antes de que cunda el pánico y la obligación de echar un cable en forma de dinero, se apresura a dejar bien claro que de solidaridad nada de nada y que en la Unión Bancaria cada palo que aguante su vela. Y nosotros a tomar nota.

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