edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
16/10/2008
Solbes tiene ahora una “gatera” para intervenir en las fusiones

Cajas de ahorros, el verdadero objetivo del “plan anticrisis”

La posibilidad de recapitalizar abre la oportunidad de superar el poder de las Comunidades Autónomas, verdadero escollo para la concentración interregional
Solbes y Fernández Ordoñez han conversado en voz baja más de una vez. Segura escucha con atención.
Alfonso Pajuelo/Juan José González

Dos hombres, dos personajes, apuran el último café antes de entrar al concierto. Esa noche de noviembre de 2005 toca escuchar a Wagner, hace frío y a los interlocutores se les acaba el tiempo, pero lo justo para cruzar dos comentarios: “Bruselas dice que no hay por dónde coger las cajas españolas”. Y “¿tú que has contestado?”, “Que tendremos que resolverlo, que es cuestión de oportunidad”. Tres años después de aquella conversación, el problema sigue pendiente pero la oportunidad, al fin, parece que se ha presentado. Y es que ¿quién lo iba a decir? las vacas flacas han llegado y donde antes los políticos levantaban auténticas barricadas para defender cualquier operación entre cajas, ahora la crisis se ha encargado de derribarlas de un solo golpe. Pero aún quedan numerosos escollos. El ‘plan anticrisis’, más en concreto la posibilidad de recapitalizar, es decir, nacionalizar una entidad, abre una puerta trasera para forzar fusiones interregionales entre cajas que hasta ahora era imposible por las competencias de las Comunidades Autónomas. El Gobierno ha encontrado una gatera y parece dispuesto a utilizarla en las cajas, verdadero objetivo del plan, el mismo que ha puesto tan inquietos a los bancos que no entienden por qué se les ha metido en el paquete. Esta podría ser la explicación pero el caso es que a los bancos también se les puede nacionalizar, una posibilidad inquietante.

Desde la semana pasada, cuando el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero anunció el “plan anticrisis” para la economía española, el sector financiero no ha dejado, ni un solo instante, de darle vueltas al fondo del plan. La salud de los bancos españoles no parece revestir mayor preocupación, pueden tener estrategias más o menos acertadas, pero ni el modelo de negocio, ni la solvencia, ni la solidez de los balances, parece que deban de ser cuestionados ahora. No sucede lo mismo con las cajas de ahorros. Es otro mundo. Bancos y cajas se reparten el sistema financiero a partes, más o menos, iguales, la Banca tiene cuatro veces más beneficios que las cajas, pero también el doble de tamaño. Unos tienen accionistas y otras no. Otro mundo. Y también otra normativa, y otro estatus y otros problemas, que desde Bruselas se miran con desconfianza, porque la politización es excesiva, hasta el punto de que si un presidente de Comunidad Autónoma desea ser presidente esta tarde, pues eso, presidente.

Uno de los dos personajes no sabía “cómo hincarle el diente” a las cajas, porque cuando se pone en marcha el debate para reflexionar sobre el futuro, los cambios, etc. las cajas salen con siete o diez presidentes que dejan bien claro que las cajas son sólidas, líquidas, robustas y venerables, incluso, como ha recordado Juan Ramón Quintás, presidente de la CECA la semana pasada “en 80 años no ha quebrado ninguna”. Y tiene razón, pero no es ese el fondo de la discusión. En Alemania las cajas son públicas, en Italia privadas y ¿en España? Solbes dice que públicas no son y Miguel Ángel Fernández Ordóñez, que privadas tampoco, ¿luego? Esto es lo que Bruselas no termina de comprender. Y en España tampoco se entiende.

LA OPORTUNIDAD

Así las cosas, el ministro de Economía y el Gobernador del Banco de España han pensado mucho y reflexionado más sobre el momento actual, en plena crisis internacional, que mejor imposible, la ocasión se presenta que ni pintada. La sintonía entre ambos, a propósito de cómo solucionar el problema de las cajas, es tal que se ha convertido en el asunto al que más tiempo dedican los de Cibeles y Alcalá. Ambos han convenido en convertir el “plan anticrisis” en “plan rescate” para las cajas. Los dos cuentan ahora con un instrumento de trascendental importancia, de una “carta blanca” para hacer y deshacer. Sería como aprovechar la puerta de atrás del Decreto para dar un auténtico golpe de timón al sector.

La letra y el fondo del Decreto Ley aprobado el lunes en Consejo de Ministros (ver capitalnews.es 1ª edición de 15-10-08) deja el camino libre a cualquier intervención del Gobierno en el sector bancarios y, por lo tanto, en las cajas de ahorros. Y los presidentes de las cajas lo saben. La guerra viene de lejos y la lucha es vieja, tan vieja como la resistencia de los órganos de gobierno a perder estatus o ceder poder político financiero. Que las cajas son un preciado fortín colmado de dinero hasta las cachas, es algo que para un político equivale a tener el banco en casa.

Ni Bruselas, ni el FMI entienden cómo se perpetúa una situación como la que tienen las cajas de ahorros españolas. No se quiere renunciar a un modelo de hacer banca porque ofrece unos réditos preciosos. Quieren ser bancos para operar en todos los mercados pero con las normas de las cajas. Prefieren mantener el poder regional, auténticos reinos de Taifas, a acometer una expansión que les restaría poder político y financiero. 45 entidades de ahorro, de las que la mayoría se han quedado rezagadas en el tiempo y en el espacio, llegan a convivir hasta siete cajas de pequeño tamaño en una misma Comunidad Autónoma.
 
Ni Solbes ni Fernández Ordóñez quieren dejar pasar el tiempo porque ahora más que nunca es oro. El sector no quiere que las fusiones se vinculen a la crisis y ministro y Gobernador todo lo contrario; en plena debacle, con la tormenta financiera en su punto álgido y con el Decreto Ley del “plan anticrisis” en la mano. Mejor imposible, ¿a ver quién se niega? ¿a ver quién se opone?

RECAPITALIZAR

Según el “plan rescate” que ministro y gobernador quieren aplicar al asunto, la primera fase es fusionar las cajas en el nivel regional (intrarregional), una fase que al tratarse de un único poder político en la Comunidad Autónoma, no debería contar con demasiadas resistencias insuperables. Pero varios presidentes y directores generales han planteado modificaciones para hacer posibles las uniones (hoy imposibles) de cajas en el nivel superior, es decir, interregional. Esto equivale a querer empezar la casa por el tejado: el Gobierno quiere que se complete la fase intrarregional, que significaría el primer filtro que equivaldría a eliminar 32 cajas, para, a continuación, plantear un mapa con 13 entidades que se integrarían en las cinco grandes resultantes.

En este modelo, cajas como la de Madrid no deberían mover un dedo por su carácter uniprovincial y otras como La Caixa o Unicaja, verían reforzado su tamaño. Muchos dirigentes de estas cajas de ahorros continúan esgrimiendo como argumento en defensa de sus tesis, que el de las cajas es un modelo ejemplar: una asamblea en la que se sientan administraciones públicas, entidades fundadoras, impositores y empleados. Y que todo confluye en un equilibrio tal que resulta ser el mejor garante de la independencia de los gestores. Mentira absoluta desde el momento en que, como antes se señalaba, el presidente autonómico puede bloquear todo lo que no le guste. Y de esto hay ejemplos recientes.

Algunas proyectos intrarregionales, impulsados por alguna Comunidad Autónoma, como es el País Vasco, va por buen camino, en Castilla y León ya se han dado los primeros pasos e incluso en Andalucía. Todos ellos proyectos de fusiones de primera fase. Pero los Gobiernos autónomos no parecen estar dispuestos a perder sus cajas y para poner orden en hervidero de personalidades será necesario modificar dos artículos de la Ley de Cajas para rebajar el peso político en los órganos de gobierno del 50% actual al 25% y eliminando del actual texto normativo la potestad de las Comunidades Autónomas en las operaciones de fusión. Ministerio y Banco de España tienen varios dictámenes jurídicos que justificarían cambios en la situación de gobierno de las cajas sin tener que llegar a reformar las dos normas citadas.

SÍ PERO NO

Se insiste desde el Gobierno que no es un asunto de solvencia, ni de solidez empresarial ni de balance -por ahora-, sino de ir con los tiempos, porque el mercado y las instituciones internacionales ya no admiten tamaña singularidad. Pero para rematar la faena a la realidad, ayer la firma de calificación de riesgos Standard & Poor’s rebajaba la calificación de una caja, la CAM, de “A” a “A-“ o lo que es lo mismo, de 6ª a 7ª categoría por el “rápido deterioro de la calidad de los activos”. Algunos recuerdan en el sector que una nota como ésta equivale a decir que son “bonos basura”. Otro tanto ha ocurrido con algunos tramos de un fondo de titulización subordinado a deuda de Sa Nostra, Caja Granada, Caixa Girona y Cajasur.

Una vez que la crisis internacional de liquidez entra en la senda de la recuperación, hay que enfrentarse a los problemas nacionales específicos. Y en España hay que tener en cuenta los derivados de la crisis inmobiliaria. Las carteras crediticias de las entidades son razonablemente buenas pero el rápido deterioro de los activos les está afectando seriamente. Por mucho que el Ministerio de Vivienda diga que el precio de la vivienda ha bajado sólo un 2%, la realidad parece muy distinta. Pero si Vivienda diera carta de naturaleza a una bajada mayor, el problema se aceleraría de forma un tanto incontrolada.

Pero Vivienda sólo puede retrasar mucho el problema. Lo cierto es que a final de año habrá casi un millón de viviendas nuevas en el mercado sin compradores. Porque estos, asustados por la crisis económica, las perspectivas de aumento del desempleo, el precio más alto del dinero y, sobre todo, unos precios de la vivienda todavía demasiado altos, no parecen dispuestos a adquirir pisos. Ahora parece que va a haber liquidez para que el sistema acepte dar crédito pero es la ocasión en que la demanda no está dispuesta a recogerlo.

En este contexto hay que prever mayores dificultades en algunas entidades y todas las miradas se dirigen a las cajas. El deterioro de activos puede poner a algunas en dificultades y el Gobierno central tiene la ocasión de intervenir por encima de los Gobiernos autónomos, una posibilidad real que permitirá influir en el proceso de concentración. Puede que la simple amenaza sea efectiva pero tampoco hay que descartar una intervención real para dar ejemplo. Ha comenzado el balie.

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