edición: 3102 , Viernes, 4 diciembre 2020
28/10/2020
OBSERVATORIO TALENTO RELACIONAL

Caleidoscopia decisional

Julián Gutiérrez Conde
El mundo de la Decisión es de los más frondoso y colorido, abarcando toda una gama de matices que se mueven entre lo más simple y lo más complejo; desde lo recurrente a lo puntual.
Hay decisiones certeras, bien focalizadas y dirigidas, a diferencia de aquellas disipadas que se toman por tomar y barren el horizonte aleatoriamente.

Hay decisiones irresponsables y asalvajadas que atentan contra el progreso e incluso la existencia pacífica de las personas.

Existen algunas eficaces que consiguen activar los mecanismos necesarios para alcanzar buenos resultados, aunque a veces sólo asienten el terreno y sus beneficios lleguen con el largo correr del tiempo.

Hay algunas que son frías e impersonales, que, con independencia de sus resultados, se alejan del ser humano o pasan por encima de él.
Las irrelevantes se extienden por la vida sin dejar huella.

Unas, no demasiadas, están cargadas de sensatez; esa prima hermana de la prudencia tan valiosa y necesaria siempre, y especialmente en tiempos revueltos por lo que asientan la convivencia y generan de confianza.

Hay decisiones que más que tales, son “payasadas”; incapaces de afrontar con solvencia cualquier asunto serio, por mucho envoltorio propagandístico que las envuelva para ocultar su intrínseca estupidez de sí misma y de su promotor.

La decisión estúpida es tan fácil y está tan al alcance de cualquiera que su extensión es impresionante y se mueve con descaro y soltura sorprendentes.

Existen decisiones malévolas, que salen de personajes con la mente rellena de bazofia y que buscan lo dañino. A veces son impulsivas o inconscientes, pero aún así, van cargadas de visceralidad, odio y bilis. Quienes así son, desconocen la generosidad y el respeto. Son ególatras enfermizos.

Hay también decisiones absurdas, muchas veces empujadas por el deseo de hacerse notar y demostrar el poder que otorga el cargo. Los más endebles y ridículos son, al verse superados, los más adictos a ellas, pues son el modo de insuflar elogios a su propio ego.

Las extravagantes tienen un sentido aventurero. Gustan vestir con salakov y todo. Se adentran en la incógnita de lo inexplorado. El riesgo sobreviene cuando, para demostrar su valor, empeñan en probar la profundidad de un río con los dos pies.

Existe, igualmente, la indecisión; que viene a ser un galimatías de “si, pero quizá no, porque a lo mejor lo haría y tal vez puede ser pero igual no es”. Viene a ser un plasma de “a ver que sucede”

Y también está la no decisión, vestida de parálisis y quietud. Aunque, a veces, más valdría pensar algo antes de tomar decisiones, porque la precipitación es una lotería vestida de ruleta rusa. Todos sabemos que en ocasiones no hacer nada es la mejor decisión.

No sigo, porque, ante tal bosque de opciones, prefiero no pensar cuál es la posibilidad de que una decisión sea sensata, eficaz, enriquecedora, correcta, meditada, solvente y aportadora de valor para las personas.
La estadística de probabilidades me hace temblar. Igual con el apoyo de algoritmos seamos capaces de dar en el clavo algún dia.  

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