edición: 2575 , Martes, 16 octubre 2018
13/06/2012

Calla Merkel, habla Lagarde

Rafael Vidal
El silencio de la canciller Merkel en los últimos días, ante el estruendoso fracaso de su política europea, contrasta con la claridad con que se expresa Christine Lagarde, la directora del FMI. Merkel ha limitado sus apariciones a una concisa aclaración sobre la finalidad de la ayuda "al sector financiero" español, mientras que Lagarde ha sido más concreta y ha dado un plazo de tres meses a la UE para salvar el proyecto euro.

Los políticos europeos, con Angela Merkel a la cabeza, llevan más de dos años mareando la perdiz de la salvación del euro, pero sin hacer nada efectivo en ese sentido y apostando por una confusa política de ajustes presupuestarios que, en la práctica, lleva al agotamiento del proceso. La simplista lectura de Merkel del proceso europeo que se limita a "lo que nos fue bien a nosotros, vale para el resto" se ha demostrado ineficiente, sobre todo porque las circunstancias -sin olvidar la idiosincrasia de cada país- no son las mismas, y ese es el gran fallo del "sistema Merkel": el resto no somos alemanes y la coyuntura es cambiante.

Christine Lagarde, que no es santo de mi devoción, ha puesto los puntos sobre las íes al advertir sobre la caducidad del proyecto europeo en estas circunstancias: hay tres meses, más o menos, para solucionar los problemas o cerrar el tinglado, y en este punto conviene recordar la base de la cuestión. Los problemas son europeos, no alemanes, y las soluciones deben ser europeas –colegiadas- y no únicamente alemanas.

La población alemana es sumamente dócil -ocho millones de personas con un miniempleo de 400 euros y una pequeña subvención del Estado- y adaptable, pero los estados del sur no tienen dinero para subvencionar a los empresarios en esa especie de "dumping" laboral que hace crecer, en forma ficticia, la productividad del país que nos ofrecen como modelo. A todo esto hay que decir que por ofrecer modelos, tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el propietario de Mercadona fueron más lejos al ponernos a los modernos "esclavos" chinos como "el ideal de la muerte", que dice la gente bien.

Conclusión: el modelo Merkel ha muerto y, o hacemos algo ahora mismo, o tendremos que hacer frente al negativo de lo que sucedió cuando nació el euro. En aquel entonces fue la euforia de una moneda fuerte. Mañana puede ser el cataclismo de nuestros viejos céntimos.

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