edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
07/12/2018
Necesidad de ingresos extra

Calviño abre el proceso de subasta de la participación del Estado en Bankia

La venta de Bankia entra en el Plan B de los ingresos para los Presupuestos del Estado de 2019
Juan José González
Cuando todavía sigue sin explicarse el porqué de la fusión de Cajamadrid con Bancaja (y cinco más, más la integración de BMN), como tampoco el porqué de su salida a Bolsa, o las razones que asistieron a un Gobierno y al ministro Luis de Guindos para asegurar que el rescate bancario "no costaría ni un sólo euro a los españoles", su sucesora, Nadia Calviño y su Gobierno, abren la puerta a la venta del control de Bankia. Porque al parecer sigue en pie el objetivo inicial de maximizar la recuperación de las ayudas públicas al sector bancario, del que la inyección a esta última entidad es la estrella del rescate. Bankia parece hoy un problema de propiedad pública al que sólo está librando de la desgracia una gestión privada. El banco ha recuperado el crédito financiero pero sigue huérfano de la vocación del principal accionista, el Estado, y únicamente interesado en reintegrar el `crédito´.
Mientras tanto, el cobro del dividendo correspondiente al 61,34% de la participación estatal, escaso e insuficiente, fuerzan la búsqueda de una alternativa, una salida que permita la recuperación de los 24.070 millones de euros de 2012 pendientes de cobro. Lo cierto es que sobre Bankia se había establecido una especie de silencio oficial, una barrera de protección que serviría para que la entidad financiera viviera en paz y sin tensiones accionariales. Pero se quedó en un intento y el Gobierno regresa ahora a la utilización de escenarios posibles sobre el futuro del banco. El más reciente de estos deja entrever que la venta del control de Bankia entraría en los planes de un Ejecutivo obligado a hacer acopio de potenciales ingresos extraordinarios destinados al Plan B de su Presupuesto.

El Plan B del Gobierno sobre los Presupuestos Generales del Estado, cuya aprobación se le resiste por la negativa de sus actuales socios parlamentarios, pasa por ofrecer a Bruselas el cumplimiento del compromiso de disciplina fiscal y para lo que está obligado a incrementar los ingresos. En este punto, el Ejecutivo debe graduar la presión fiscal, sin cargar en exceso los impuestos sobre la ciudadanía con un aumento de los ingresos extraordinarios, vía privatizaciones.

En la hoja de ruta política del Ejecutivo siempre se ha barajado la idea de una venta del paquete accionarial de Bankia, propósito que ha contado con la oposición de varios ministros partidarios de mantener el control de la entidad e, incluso, por qué no, de ampliarlo de cara a la formación de un grupo bancario público. Sin embargo, la prioridad y la realidad parecen haberse impuesto sobre algunos principios ideológicos en desuso, como el de contar con un grupo bancario público.

Si hace cinco meses no se descartaba la venta por paquetes del 10% hasta desprenderse del 51% de la entidad, lo que implicaría la pérdida de la mayoría, ahora los planes parecen acercarse a la variante que estimaría conveniente la venta de un paquete de control. Esta alternativa tiene el inconveniente de la muy escasa recuperación del dinero procedente de las ayudas y, por tanto, se aleja del principio de maximización de las mismas dado que los precios del mercado son, en la actualidad, inferiores a los de la venta del último paquete.

La venta parcial, de paquetes aislados, tiene el inconveniente de la depreciación del valor de las acciones, puesto que la fase de inestabilidad de los mercados no contempla en el medio plazo una recuperación de las cotizaciones bursátiles, sino más bien, todo lo contrario. Por otro lado, el vendedor, en este caso el Estado, tendría más poder de negociación en la medida del porcentaje de venta frente a un inversor interesado que una venta `al por menor´ de pequeños paquetes. Como bien razona la ministra, "no es igual vender un 7% que una participación de control", seguramente pensando en que la diferencia no sólo es la venta del control de Bankia, sino también en la capacidad del vendedor de negociar un precio más favorable para los intereses del accionista mayoritario, en este caso, el Estado.

Si la venta de la participación de control de Bankia está sobre la mesa, se debe a la imperiosa necesidad del Gobierno de sacar adelante su programa político, la aprobación de los Presupuestos y cumplir el compromiso con Bruselas de ingresos. En este escenario se encuentra la posibilidad de venta del paquete de control en Bankia, si bien su valor actual -unos 5.300 millones de euros- no colmaría las necesidades del Ejecutivo, serviría al menos para dejar la responsabilidad total de la gestión en manos privadas. Los actuales gestores privados de Bankia pueden mirar con recelo los planes de su accionista principal al abrir al público -bancos de inversión y fondos internacionales- un proceso que tiene visos de ser un concurso público, una subasta internacional de su paquete de control.

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