edición: 3073 , Viernes, 23 octubre 2020
17/06/2020
Eliminar las propuestas de los socios de gobierno

Calviño en el Eurogrupo, última esperanza para que Sánchez recupere la sensatez económica

Salga o no elegida para el cargo, su autoridad en el seno del Gobierno será de mayor rango, nuevos y mejores galones para imponer prudencia y cordura en las decisiones de la errante política económica del Ejecutivo
Juan José González
Es de sobra conocida en Europa la azarosa vida de las iniciativas políticas que corren en el seno del equipo de Gobierno de Pedro Sánchez, una tormenta permanente de propuestas sociales y reformas complejas que se pretenden aprobar en medio de la tormenta, de la pandemia que acaba de traer una crisis económica todavía de efectos desconocidos. En medio de la borrasca, desarrolla su vida un embrión presupuestario que puede llegar a alcanzar, si alguien no lo remedia, proporciones de criatura monstruosa. El Gobierno español transita la crisis en medio de un mar de demanda de recursos cuantiosos que, en su mayor parte, para paliar los primeros embates de la crisis, deben llegar procedentes de la Unión Europea, mediante planes que hoy están en elaboración, enumerados pero no aprobados. En esta última parte se encuentran, precisamente, los Presupuestos del Estado, hoy en manos repartidas entre Calviño en Economía y Montero en Hacienda. Y en este escenario se presenta la ministra de Economía como una garantía, como una suerte de muro de contención que estaría soportando las embestidas de los socios del Gobierno. Estos mantienen un frente abierto de hostilidad hacia la ortodoxia que viene manteniendo con esfuerzo Nadia Calviño. A su departamento llegan las propuestas económicas populistas en el momento más `óptimo´ para los pretendientes.
Se le asigna a Calviño en una hipotética presidencia del Eurogrupo la categoría de guarda de las esencias económicas más ortodoxas que rigen la política económica de la mayoría de los socios de la Unión Europea, representadas en su máxima expresión y valor en el Eurogrupo, centro neurálgico y de vigilancia de las políticas económicas acordadas por todos los socios en el Consejo de Europa. Aunque el hecho de que sean acordadas en la institución no siempre se traduce en un seguimiento ni obediencia de las decisiones del citado órgano.

Por si no fuera suficiente la presencia de Calviño al frente del Eurogrupo como guardián de la ortodoxia, supondría también un seguro valioso para que España pueda recuperarse de la crisis sanitaria y económica siguiendo los criterios que marque la Unión Europea para los futuros planes de reconstrucción, con respecto a algunos de los cuales ya se conocen discrepancias en el seno del Ejecutivo español.

Desde esa posición, se entiende que superior en autoridad en el seno del Consejo de Ministros, es de esperar que sus compañeros de gabinete le otorguen el valor de los que podrán ser sus nuevos galones (si es que resulta elegida para el puesto) y los socios del mismo grupo sentados en torno a la misma mesa entren en razón de que ni los tiempos que corren ni las circunstancias singulares y muy extremas que ha ocasionado la pandemia están como para aventuras divergentes o transversales. 

De la misma forma que la llegada de la razón -de Gobierno y Estado, y de sentido común- puede estar más alcance de los socios de Sánchez, éste mismo tiene la oportunidad de regresar a la cordura, a la mesura y sensatez de las políticas económicas. A nada que siga los consejos de su vicepresidenta de Economía Calviño estará el presidente y con él la ciudadanía en el camino que vienen marcando las instituciones europeas, donde, entre otros, España cuenta con dos altos cargos como corresponde al Comisario de Exteriores José Borrell y al vicepresidente del Banco Central Europeo Luis de Guindos.

Sánchez tendrá en cuenta que con Calviño imponiendo criterio y prudencia en el Eurogrupo algunos miembros de Gabinete más díscolos, estos se verán, previsiblemente, constreñidos para aparcar algunas propuestas idealistas, probadas en otros tiempos y con resultados, seguramente, conocidos por casi todos. En cualquier caso, llegue o no llegue Calviño a presidir el Eurogrupo (el próximo mes de julio se conocerá el resultado) el Gobierno deberá contar con los deberes hechos, los que le reclama la Comisión Europea y que tiene en los Presupuestos Generales del Estado su asignatura de mayor compromiso.

Para entonces la batalla subterránea que mantienen los socios `ricos´ del norte con los `pobres´ del sur ya tiene que haber dado algún resultado, no sólo esperado por cuanto puede representar que la división europea coge mayor profundidad, sino porque se podrá comprobar la fuerza que conserva Alemania como `socio coordinador´ de los países contrarios a que una española ocupe un puesto clave en la distribución de recursos: se producirá el mayor reparto de dinero nunca jamás visto en Europa. Y nadie (ni Nadia) quiere perder la oportunidad de resultar beneficiado.

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