edición: 3094 , Martes, 24 noviembre 2020
01/06/2020
Primero ver los desequilibrios, después reformar

Calviño espera al verano para comprobar el ritmo de la economía y aplicar las reformas

Las reformas económicas deberán esperar hasta que el turismo, la industria y el sector inmobiliario aporten alguna pista sobre los ingresos fiscales y el estado de las cuentas
Juan José González
Prisas por cerrar una de las peores etapas de la historia contemporánea española. Urgencia del Gobierno por anunciar la vuelta a la `nueva´ normalidad, lo que podría convertir la recuperación en el nuevo milagro español. Pero no se sabe a qué recuperación ni a qué normalidad pretende el Gobierno que regrese la sociedad española. Estos días se están produciendo grandes -pero lentos- avances en algunas regiones y ciudades chinas como en su capital Pekín o Shanghái, y en otras que han sido fuertemente castigadas por la pandemia como la que parece haber sido su origen; Wuhan. Y los medios oficiales chinos locales no dan por cerrada la pandemia ni echan las campanas al vuelo. Ni siquiera la explosión del consumo local, retenido y fuertemente confinado en los últimos meses ha conseguido cambiar la dirección del mensaje oficial: la pandemia sigue vigente y activa en China.
Las autoridades españolas van mucho más allá de la prudencia de las chinas y dan por casi cerrada la peor fase de la crisis sanitaria. El Gobierno tiene prisa en acelerar la salida de esa parte -sanitaria- de la crisis para pasar a la siguiente -por obligación y necesidad- que es la fase de la crisis económica. Tiene preparadas reformas en un calendario que en el ministerio de Economía aseguran que está sin ajustar pero que ya cuenta con una meta de salida de la crisis en el horizonte de enero a marzo de 2022.

Los chinos echaron las campanas al aire cuando se flexibilizó el confinamiento y se disparó el consumo ya sin limitaciones de movimiento. La diferencia con el resto de los países de la pandemia es que China no contempla reformas de ningún tipo, excepto las relativas al reforzamiento de su sanidad. Situación muy diferente es la que viven las economías occidentales, en plena fase de recuperación del golpe más fuerte que ha afectado a la sanidad. Con todo, el país chino no da por recuperada la normalidad porque su economía ha quedado maltrecha y su industria parece tener dificultades para recuperar el nivel de actividad anterior a la pandemia.

La situación en Europa no ofrece grandes cambios que se puedan comparar con China, porque el golpe sanitario y económico ha sido superior -según indican las cifras- al país asiático. Llama la atención en este nuevo escenario mundial la decisión del Gobierno español de aprovechar la ocasión para aplicar reformas que esconden contrarreformas, siendo una de ellas, la más evidente y polémica, la reforma del mercado laboral, al parecer, el embrión, según señaló un responsable del ministerio de Trabajo, del "mercado laboral del futuro". Y sin embargo, no parece que esa gran reforma haya comenzado con buen pie habida cuenta de la gresca montada a propósito del pacto político para derogar "en su integridad" la reforma laboral vigente.

La situación es desconcertante para los observadores políticos y sociales y también para los trabajadores: los sindicatos parecen ser más razonables que el Ejecutivo al llamar a la negociación prudente sin dejarse llevar por la urgencia que reclaman algunas decisiones, no necesariamente en el ámbito laboral. La corriente de opinión originada en una parte del Gobierno -es evidente que el Ejecutivo está dividido en las cuestiones principales- apunta a que no se deberían acometer cambios en esta etapa de emergencia social y económica, a la espera de que se calmen las aguas y se puede analizar la situación con más calma.

En contra de esta corriente, la parte del Ejecutivo más agresiva prefiere no perder el tiempo y aprovecharlo. Negociaciones políticas intensas y urgentes en una dinámica que puede estar orientada a la salida del grupo más progresista del Gobierno para forzar elecciones antes de que finalice el año. Desde Economía, quizá el centro nuclear del poder en estos momentos -dado su papel negociador con la Unión Europea para conseguir ayudas económicas en las mejores condiciones- las reformas, sean laborales, fiscales, sociales, etc. no deberían ponerse sobre la mesa de ninguna negociación política en tanto el panorama económico no esté suficientemente claro y definido.

La tesis de Economía es razonable en la medida en que hay que esperar, al menos hasta finales de julio, coincidiendo con la principal fase de las vacaciones estivales, para ver cómo evoluciona el sector turístico, tanto nacional como internacional, comprobar el ritmo de recuperación del sector inmobiliario y de la actividad en el sector alimentario, dependiente de la campaña agrícola. Del arranque y velocidad de crucero que consiga la economía dependiente de esos sectores dependerá también, y no asunto menor en esta coyuntura, de la recaudación fiscal. Será entonces cuando, tras los trabajos de ajustes de ingresos y gastos se pueda comprobar el desequilibrio de las cuentas públicas. De este balance dependerá la velocidad e intensidad que deban aplicarse a las reformas, a las nuevas reformas, no a las contrarreformas, puesto que la Unión Europea se fijará más en las primeras que las últimas.

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