edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
12/12/2011
EL DEDO DE MADOZ

Cameron, Sarkozy y Merkel luchan por el negocio financiero al margen del euro y la deuda

La reacción airada de Sarkozy a la solicitud británica por otra parte habla a las claras de que estamos frente a una batalla por el control de los mercados financieros europeos
Carlos Schwartz

La pieza central de negociación de última hora que el primer ministro David Cameron puso sobre la mesa de Nicolás Sarkozy y Angela Merkel, como condición para apoyar el pacto fiscal cuya firma ambicionaba el tándem franco alemán a escala de la Unión Europea, fue la eliminación de una resolución del Banco Central Europeo (BCE) de finales de julio y cuya difusión en septiembre llevó al Tesoro del Reino Unido a denunciar la resolución ante la Corte Europea de Justicia tal como señalara en septiembre ICNreport. La resolución establece que las Entidades Centrales de Contrapartida (ECC) que hagan más del 5% del mercado de un producto financiero denominado en euros deben tener su sede en un país de la zona del euro. La resolución ha sido inspirada por las autoridades francesas, secundadas oportunamente por las alemanas.

A finales de julio, el director de la Autoridad de los Mercados Financieros (AMF) de Francia, Jean-Pierre Jouyet, dijo ante el Parlamento Europeo que: “Una ECC debe estar localizada en el área monetaria de la divisa de referencia en la que se denominan las transacciones que compensa. De tal forma que tenga liquidez del banco central bajo cuya jurisdicción se encuentra y que es el prestamista de última instancia”. La resolución de hecho liquidaría a Londres como gran centro financiero para instrumentos denominados en euros. Pero la amenaza es específica para London Clearing House Ltd., que forma parte de LCH.Clearstream, que es una sociedad franco inglesa con una pata en Londres y otra en París. Mientras el mercado de deuda pública italiana, repos, se hace en París, el de deuda española se hace en Londres. En algunos instrumentos denominados en euros LCH hace más del 40% del mercado.

El problema de la sede de una ECC involucra el concepto de prestamista de último recurso en caso de una grave crisis, y las autoridades francesas financieras y de la UE son de la idea de que este prestamista es el BCE, que es quien puede dar liquidez sin límites en euros. El progreso de esta resolución y su transformación en directiva europea amenaza desde luego a una parte considerable del negocio financiero en la city de Londres. Pese a ello sorprende la forma oportunista en la que Cameron pretendió eliminar ese escollo poniéndolo como precio de su apoyo.

Existían muchos mecanismos de oposición a esta normativa por agotar antes de convertirlo en un casus belli de semejante envergadura. Esta apuesta al todo o nada por parte de Cameron es o bien un error de cálculo en cuanto a la oportunidad de dar la batalla, o un paso premeditado para no asumir el pacto fiscal que estaba sobre la mesa. La reacción airada de Sarkozy a la solicitud británica por otra parte habla a las claras de que estamos frente a una batalla por el control de los mercados financieros europeos de la que nadie se quiere apear aun cuando lo que está en juego es el futuro del euro.

Por otra parte, está claro a estas alturas que tanto París como Berlín aspiran a que sean capitales continentales las que se lleven el negocio y no los señores de la ínsula. Ni un paso atrás en este asunto. Ni siquiera cuando está el euro en el alero. Esto lleva a hilar un poco más fino y a pensar en que oportunamente Merkel y Sarkozy valoraron la eventual espantada británica y diseñaron un modelo de acuerdos bilaterales, fuera del acuerdo unánime requerido para procesar el pacto dentro de la UE. No sólo lo consideraron sino que lo verbalizaron oportunamente.

No han faltado los funcionarios franceses que han dicho respecto de la deserción británica que mejor, que de esta forma se acelera el trámite del pacto que en caso de haberse gestionado por la vía de la UE hubiera llevado demasiado tiempo. Es interesante ver hasta que punto en medio de una crisis sin precedentes, o quizá por ello mismo, la batalla por asegurar negocio para cada uno de los contendientes queda de tanto en tanto por encima de los intereses formalmente considerados generales o de interés común para los 27 miembros de la UE. El entredicho con el Reino Unido deja en el aire esta cuestión. Esto es desde luego un llamado de atención serio porque detrás del presunto idealismo de las acciones gubernamentales hay una cerrada defensa de intereses nacionales por parte de las naciones más poderosas y con capitales más concentrados. Una lectura de este tipo no se puede dejar de lado tampoco a la hora de ver cómo la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) hace sus números. Otro de los elementos que llama poderosamente la atención es el otro escollo entre el Reino Unido y Francia y Alemania.

Cameron pretendía que la regulación bancaria británica exigiera a los bancos de su país un capital Tier1 superior al 9% de los activos ponderados por el riesgo. Bien mirado, el único motivo por el cual Francia y Alemania pueden rechazar esa aspiración, que en un principio parecería estar orientada en el buen sentido, es el riesgo de la competencia. En medio de las incertidumbres financieras en Europa la posibilidad de que haya mayores exigencias de capital en un país que en otro podría determinar que el flujo de depósitos se dirigiera hacia los países cuya banca está más capitalizada. En un mercado en el que existe total libertad en el movimiento de capitales los desequilibrios pueden suponer flujos de capital de un punto a otro, o lo que es peor de la banca de Francia y Alemania hacia la banca del Reino Unido.

Por si faltaran elementos para valorar la falta de neutralidad en Europa, recientemente se ventiló el contenido de la carta que el BCE envió al presidente José Luis Rodríguez Zapatero en medio de la tormentosa crisis de la deuda este verano en la que condicionaba la compra de deuda soberana española a una profundización de las reformas en materia de legislación laboral y límites legislativos al endeudamiento público. El BCE ha puesto de relieve hasta qué punto es un instrumento de primer orden de los capitales más concentrados de Europa, y una palanca para forzar cambios políticos en el sentido de sus intereses. En la medida que la crisis se agudice en 2012 registraremos sin dudas una ofensiva creciente contra los intereses de sectores vitales en los países periféricos, como puede ser el caso de la banca en España. El reordenamiento de los intereses a escala europea carece por completo de neutralidad.

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