edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
12/06/2018

Caña a los delincuentes

BMW, Opel, Volkswagen y ahora Mercedes -y en espera de alguno más- se libra del ridículo, del engaño y la pérdida de prestigio ante la petición de los jueces de llamar a revisión a millones de sus automóviles. Algo debe suceder en la industria alemana del motor para que todos, o casi, hayan coincidido en los tribunales por el mismo motivo o similar razón: la utilización de sistemas informáticos manipulados o mecanismos para falsear la medición de los gases emitidos por la combustión en los motores diésel.

La historia continúa y se repite, pero resulta que coincide y reincide en el mismo delincuente: la industria automovilística alemana, puntera, líder del mercado y potencia exportadora mundial. En su posición de primer fabricante de Europa, la industria alemana ha dilapidado a lo largo de estos últimos cinco años el prestigio acumulado en décadas por unos fabricantes pioneros en la industria del motor. Las continuas burlas a los controles, tanto en los mercados europeos como en Estados Unidos, acreditan la mala fe de sus prácticas empresariales.

Voces muy acreditadas en el sector ya se han pronunciado sobre la necesidad de poner freno a las prácticas fraudulentas de las marcas germanas. Incluso no han dudado en recomendar la aplicación de medidas más contundentes que las hasta ahora impuestas por los tribunales, y sin descartar otra jurisdicción -la penal- a considerar, como medida radical, para los primeros responsables de las compañías infractoras. Radicalidad que se quiere enfrentar en posición de igualdad con la actitud reiterada de las burlas de los infractores.

Porque hasta ahora y visto lo visto, los fraudes de los fabricantes de automóviles se dan por zanjados con una `simple´ sanción, por ejemplo, 10.000 o 20.000 millones de dólares, qué más da; para los grandes grupos suponen un sencillo ajuste contable y poco más, pues la caída de las cotizaciones de sus acciones en Fráncfort o en Wall Street se sustancian con colosales campañas de marketing que, de paso que restauran su imagen aprovechan para vender sus últimos modelos. Es por todo por lo que no extraña que reincidan, habida cuenta del coste `asumible´ de la sanción impuesta. Seguramente, ni Volskwagen ni BMW o Mercedes reincidirían en sus fraudes si sus presidentes y alta dirección fueran sancionados e inhabilitados por varios años.

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