edición: 2599 , Martes, 20 noviembre 2018
07/01/2009
BELVEDERE

Caramelos Paco

Alfonso Pajuelo.- Si la dirección de BBVA se va a repartir 133 millones en primas es que la cosa no debe estar tan mal. Ni siquiera el agujero de 500 millones de euros por Madoff impide que se premie la gestión del banco. Como no ha acudido a las ayudas públicas, el Gobierno no puede poner coto y sólo los accionistas tendrán algo que decir, aunque en este caso tendrán que conformarse con protestar porque las primas las autorizaron en su momento, en el plan 2005-2008 que ahora cobran los directivos. Tampoco podrán evitar los accionistas las sustanciosas aportaciones a los planes de pensiones de la alta dirección. Paco nunca pierde y reparte caramelos. Entre otros, cuenta con la asesoría de ese consejero que fue presidente de la SEC, esa que no se enteró del timo Madoff. El caso es que así empieza el año, con una obscenidad, y el resto del país, incluidos los empleados de BBVA, a sufrir el lado oscuro de la fuerza inmobiliaria.

Comenzamos el año con temor. Pese a que existen algunos tenues signos, apenas esbozados todavía, que indican que las medidas adoptadas empezarán en breve a dar sus frutos a escala internacional, lo que no implica que se evite la recesión pero si su magnitud, las peculiaridades españolas se vuelven más singulares y nos alejan del resto de los países principales. Aquí, lo peor está por llegar pero no tendremos que esperar mucho para ello. La dependencia de un artificioso mercado inmobiliario sigue siendo mayúscula y no hay ni una mínima indicación de que este vaya a mejorar, antes al contrario. El ajuste de precios continuará y con ello el valor de los inmuebles lo que provocará no pocas distorsiones. El ‘efecto riqueza’ da paso al ‘efecto pobreza’ y estamos por descubrir sus consecuencias.

Empezamos el año sin colchones, en recesión. No hay un par de trimestres aceptables como ocurrió en 2008. Desde el día 1 estamos a la espera de lo peor de la crisis que el Gobierno no supo ver a tiempo, reaccionando tarde y mal. Que más de las mitad de las medidas anticrisis presentadas en agosto pasado estén todavía sin implementar da una idea muy precisa sobre las limitaciones gubernamentales. Ya no le quedan árboles para tapar el bosque y tendrá que entrar en el fondo de la cuestión aunque sin descartar los parches puntuales.

Parece que ya se ha enterado que son necesarias medidas estructurales en una economía que está pagando carísimo el dislate inmobiliario, una lacra tremendamente dañina que ha tenido ensimismado al país durante una década con la complicidad, cuando no el apoyo descarado, de los sucesivos gobiernos. Ahora la factura es doble y ello en medio de una crisis internacional sin precedentes.

España necesita mucho más que un plan de choque. Suplir el artificio inmobiliario no va a ser fácil ni inocuo porque va a requerir una redistribución de recursos que sólo se puede logar con el esfuerzo y el sacrificio de todos. Los Presupuestos no son de chicle el hasta el déficit público tiene un límite. Si no podemos contar con eso, habrá que utilizar la fuerza ciudadana, las estructuras económicas, la iniciativa privada, la empresas… la sociedad en suma. Pero para ello hace falta un Gobierno que dé confianza y este que tenemos está sumido en el descrédito. Quizá sea el primer handicap a superar.

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