edición: 2865 , Viernes, 13 diciembre 2019
13/11/2019
banca 

Cerberus pide el relevo del presidente de Deutsche Bank pero no cuenta con el respaldo suficiente

Otros fondos acuerdan con la medida pero no con la oportunidad del relevo y piden más tiempo
Carlos Schwartz
El fondo de inversión estadounidense Cerberus ha filtrado su malestar con el presidente de Deutsche Bank, Paul Achleitner, cuyo cese pretenden a corto plazo. De acuerdo con fuentes que dicen estar al tanto de las tensiones internas en el consejo del banco, Cerberus no cuenta con el apoyo de los otros accionistas disconformes con la gestión de Achleitner. De acuerdo con el Financial Times estos serían dos miembros de la familia real de Qatar, el gestor de fondos Blackrock, y los fondos gestionados por un ex ejecutivo de JPMorganChase, Doug Braunstein, y coinciden con la necesidad del relevo pero a más largo plazo, según fuentes conocedoras de la situación.
El  origen de la filtración de estas tensiones dicen algunas fuentes que son personas próximas a consejeros de la entidad. Cerberus se ha comportado en el proceso de crisis del Deutsche, del que tiene el 3% del capital, como un impulsor de la fusión con el Commerzbank del cual es el segundo mayor accionista tras el gobierno federal. Es decir que tiene la peculiaridad de tener una posición relevante en ambas entidades.

El ministro de Finanzas alemán, Olaf Scholz, fue un importante impulsor de un intento frustrado de fusión entre Deutsche y Commerzbank este año con el objetivo de tomar el control indirecto del primer banco del país y dotarlo de un cable a tierra con la presencia del estado, lo que daba garantías de recapitalización embozada en la reestructuración que imponía la fusión. En ese momento, este año, se calculaba que la necesidad de capital que entrañaba la fusión era del orden de los 10.000 millones de euros. 

La solución a los desvelos de accionistas y Gobierno se derrumbó cuando ambos bancos optaron por seguir separados. Se considera a Achleitner un impulsor del veto a la fusión, algo que Cerberus no logra perdonar. La actitud militante de este fondo está directamente relacionada con el hecho de que ha perdido 500 millones de euros en el valor de su paquete de acciones de Deutsche, algo ciertamente incómodo para cualquier inversor. Sin embargo ni las pérdidas que ha sufrido, ni su participación que no deja de ser minoritaria, le autorizan a hacer otra cosa que protestar. Necesitaría volcar a una mayoría de accionistas en su favor. En la junta de accionistas de mayo el 90% de los accionistas votó por mantener al actual presidente en su cargo.

Para algunos accionistas de la entidad la actitud del fondo es un despropósito porque está actuando como si se tratara de una inversión de capital privado con control accionarial lo que daría la capacidad de desembarcar con un equipo propio de gestión y controlar la estructura. Como se comprenderá no es el caso, y hay sectores del capital irritados por esta actitud. El fondo además fue contratado por el banco como asesor para recortar costes y reducir su balance. Algunos críticos dentro de la entidad, y fuera, han especulado con que el contrato -ciertamente poco habitual y de dudosa ética- estaba destinado a calmar al fondo por las pérdidas que sufría generándole ingresos compensatorios a expensas de los otros accionistas. El banco encara un plan de reestructuración que implica reducir la plantilla en 18.000 puestos de trabajo, disminuir el balance en un 20% y bajar costes por importe de 6.000 millones de euros. 

Los críticos del presidente señalan que bajo su gestión iniciada en 2012 la entidad tuvo pérdidas que suman 10.000 millones de euros, despidió a tres consejeros delegados, pago 83 millones de euros en indemnizaciones a 17 altos ejecutivos, se embarcó en cinco estrategias distintas para levantar el beneficio del banco y levantó capital fresco por 20.000 millones de euros mientras el precio de las acciones caía un 75%. Mientras tanto el consejero delegado Christian Sewing, un hombre de la casa, que quedó al frente de la gestión del banco, está bajo la presión de los reguladores por tener dos puestos que se concilian mal. De un lado el ser el máximo ejecutivo de un banco, del otro el de dirigir la división de banca de negocios que por definición supone tomar riesgos. 

Un extremo que a los reguladores, tanto alemanes como del Banco Central Europeo (BCE), les incomoda. En el pasado en Deutsche las actividades de banca universal y banca de negocios estaban separadas y la gestión estaba diferenciada, el recorte de balance y eliminación de riesgos en la división de 'merchant bank' de Deutsche ha llevado a Sewing a mantener el timón, pero eso es algo que lo reguladores esperan que se acabe en breve.

Sewing fue designado consejero delegado en abril de 2018, pero tomó el mando del banco de inversión en julio pasado. El objetivo es hacer recortes considerables en esa división, incluida la retirada del trading de acciones y venta de activos improductivos. El problema, de acuerdo con los reguladores, es que ninguna de las actividades del consejero delegado son a tiempo parcial. La labor de eliminar 75.000 millones de activos ponderados por el riesgo para reducir el balance en una quinta parte no parece compatible con la de asumir riesgos en la división de banca de negocios. Ésta tiene un consejero delegado propio en Estados Unidos, nombrado en julio tras el despido del anterior responsable, pero Sewing ha decidido mantenerse al frente de esta división porque en ella están concentrados buena parte de los problemas del banco.

En este contexto ni al Gobierno ni al grueso de los accionistas les parece que sea el momento de relevar al presidente de la entidad creando más complicaciones. Por otra parte su sustitución no será tarea fácil. Un cambio en la presidencia desde luego no va a resolver los problemas de solvencia en la entidad que de todas formas está bajo la lupa del regulador BaFin y el BCE y es una preocupación permanente para el ministerio de Finanzas. Deutsche Bank tiene una dimensión sistémica y el mercado no está para alegrías en materia de beneficios bancarios, ni en Alemania ni en España.

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