edición: 3074 , Lunes, 26 octubre 2020
27/11/2019
banca 
Movimientos preliminares

Ceremonia del BCE para cambiar el rumbo monetario y evitar una nueva crisis bancaria

El supervisor bancario europeo espera una nueva oleada de fusiones, las que están pendientes de concluir para rebajar la presión de los tipos de interés negativos y dar más oxígeno al sector
Juan José González
Los mercados continúan examinando con extremado cuidado el alcance y la profundidad de las palabras de Christine Lagarde pronunciadas el pasado viernes en el transcurso de una comparecencia en el Banco Central Europeo. Habló de "revisión estratégica" de la actual política monetaria que viene aplicando la entidad desde hace unos años y que, según su antecesor se prolongaría (o se prolongará, depende) durante el próximo año. Es este el peor mensaje que pueden haber recibido los bancos en los últimos tiempos si se exceptúa alguna norma de cierto rigor relacionada con la solvencia. En principio, la declaración, el mensaje directo y muy claro de Lagarde, en tanto que opinión o pensamiento al que según asegura la presidenta "dio forma de voz", debería ser interpretado en clave de cambio, de revisión y de ruptura de la continuidad de la política monetaria, al menos, y en lo más interesante e importante, lo relativo a los tipos de interés. El ambiente en el que se desarrolla la actuación de la presidenta supervisora y el escenario complejo, amenazante para la economía y peligroso para el sector financiero, invita a pensar que Lagarde y su equipo preparan el terreno para `vender´ el cambio de la política monetaria.
Al respecto, su mano derecha, el vicepresidente Luis de Guindos, ha sido más elocuente al señalar directamente al sector financiero como el objetivo en el que el banco central está orientando el foco. En ese escenario en el que trabaja el supervisor central europeo, figura como prioridad básica transmitir al sector bancario la clave de la nueva política monetaria la cual se centrará en recuperar la senda de la subida de tipos de interés pero con la condición de que avance el proceso de consolidación.

La idea del supervisor europeo, compartida por el local español, es que la consolidación en España es una asignatura pendiente de concluir, un círculo que hay que cerrar. Para ello, las autoridades no dudan cada vez que se presenta la ocasión, de hacer balance del sector bancario español aportando datos de una década. Se podría asegurar, que el sector bancario español es otro muy distinto a aquel de 2009, que ha sufrido una crisis que le ha provocado un adelgazamiento radical, nada menos que del 40% en sucursales y del 35% en la plantilla. La primera reflexión, evidente, apunta hacia una banca más saneada, dimensionada y concentrada. Pero una segunda llevaría a considerar la consolidación del sector como insuficiente si se tiene en cuenta que la política monetaria ha hecho el resto, es decir, se ha encargado de minar las cuentas de resultados y los márgenes.

Las autoridades bancarias transmiten desde el BCE una sensación de emergencia, de necesidad y hasta de urgencia que pretende ser captada por los destinatarios bancarios e interpretada como lo que se pretende: presionar al secto para que no dé por concluido el proceso de consolidación. En el Banco de España traducen la misiva -por si acaso no se ha entendido correctamente- asegurando que la consolidación tiene unos flecos que deberán ser eliminados, que hay todavía fusiones pendientes y que sólo hay que echar un vistazo al escenario para comprobar que Liberbank, Unicaja, Bankia, Sabadell, BBVA y Abanca por citar los más señalados, viven en una lista permanente de probables candidatos para la próxima consolidación y que según los últimos movimientos no debería andar muy lejos. De esta forma, el proceso de consolidación que pretende calentar el BCE se convierte en una moneda de cambio, centrada en el intercambio de fusiones por un giro en la política de tipos de interés que ayudaría a los participantes en ese proceso de concentración bancaria con menores costes y mayor rendimiento del dinero.

Considerado el sector bancario, desde el punto de vista del supervisor europeo, como un sector con un grave problema que le impide salirse del círculo vicioso creado por los tipos de interés, el BCE ha iniciado un giro para cambiar el sentido de su política monetaria e introducir algunas correcciones con el doble objetivo de animar la actividad económica y facilitar a los bancos elementos de recuperación de márgenes. De nuevo aparece en este caso la idea del intercambio, consolidación a cambio de un primer giro, una leve señal, en los tipos de interés. 

El sector bancario ha contestado a través de varios mensajes en estos últimos días –Jaime Caruana y Jordi Gual- que el tiempo de la política monetaria ya se ha agotado y que a partir de ahora es más fácil registrar los perjuicios que los beneficios económicos de la actual política de tipos bajos y en negativo. Por si no fuera suficiente, la deuda de los Estados y de las empresas lleva camino de dispararse ante la convencimiento de que la mejor forma de seguir adelante es aumentar el endeudamiento, política contraria a los deseos (y órdenes) de las autoridades de Bruselas. Por tanto, el escenario parece fijado, los actores en sus lugares de acción y el BCE volcado en la ceremonia del cambio de política monetaria, un cambio que se pretende suave y en silencio, como si de un aterrizaje se tratara.

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