edición: 2725 , Lunes, 27 mayo 2019
17/10/2012
No se fían del Gobierno

Certamen inmobiliario augura la "vuelta a la época de bonanza"

Fondos de inversión internacional recelan del banco malo, de la corrección insuficiente del sector y del Ejecutivo
Juan José González

Se anuncia a bombo y platillo que vuelven los fondos de inversión extranjeros a España porque en número de dieciseis y procedentes de EE UU, China y Reino Unido, se darán cita en una reunión anual inmobiliaria a celebrar en Barcelona. Con toda la carga emocional que supone la venta de un evento como este, justificada como parte de cualquier estrategia de marketing racional, sorprende casi como una bofetada el colosal esfuerzo de optimismo que derrochan los organizadores de la posiblemente la reunión más profesional y prestigiosa del sector en Europa. Lo que más llama la atención es que en esta ocasión el leit motiv elegido por la organización del Meeting Point inmobiliario se haya centrado en las oportunidades que brinda a esos fondos de inversión internacionales -y se supone que también a inversores institucionales españoles y particulares del lugar- la participación en el banco malo, un nasciturus al que se espera ver la cabeza en breve aunque lo que asoma no agrade, pero que además se aliñe la venta del certamen con el lanzamiento de las campanas al vuelo con un arriesgado -y quizás falso- mensaje como que "en España los precios de la vivienda han tocado fondo tras cinco años de crisis. En un futuro volverá la época de bonanza".

El fin del mundo, la caída del muro de Berlín, el cambio en Cuba... todo esta anunciado y previsto, pero cuándo. A nadie -o casi- se le escapa que el pastel inmobiliario español, ese que hoy esta en la medio ruina, acabará siendo un negocio rentable. Lo sabe la organización convocante del citado evento que abre hoy sus puertas a esos dieciseis fondos internacionales en Barcelona. Se trata de fondos de inversión que ya se sabe vienen a "venderse" a un país que conocen porque, entre otros asuntos, son el núcleo de la colosal fuga o salida de capitales del sistema. Buscan diversificación de riesgos, por eso han tomado las de Villadiego -287.000 millones de euros en los últimos doce meses-.

Han decidido cambiar de escenario porque sus socios y/o cuotapartícipes exigen rentabilidad, y esta se encuentra ahora, como ya es conocido, en otros caladeros -emergentes y EE UU-. Sus analistas llegan a conclusiones que son la base de las decisiones posteriores. Claro que saben que el inmobiliario español tarde o temprano acabará dando retorno, pero les exigen mayor precisión, es decir: cuándo e incluso una idea del cuánto, porque ya se sabe que el mundo se acabará algún día, pero cuándo. Es sorprendente lo que puede llegar a provocar tan sólo dos sencillas dudas.

Para empezar, los bancos locales (Santander, BBVA, La Caixa y alguno más) no tienen muy claras ninguna de las dos respuestas a las cuestiones planteadas. Y no sólo porque la transparencia en el asunto del banco malo no esta resultando ser un punto fuerte. Por tanto, se muestran reticentes a la idea de participar en el mismo. No es buen ejemplo para los extranjeros pues si los locales no se animan... será por algo. Será que puede ser porque el mercado inmobiliario del país tiene todavía un equis margen de caída, puede corregir algo más, seguro que sí. Pero también se desconoce el cuánto: se dice que los activos estarán en el banco en cuestión quince años, período suficiente como para apuntarse no a una corrección, si no a una ruina en caso de que el mercado le dé por corregir a lo bestia, algo factible en el sector.

A esta incertidumbre de la banca local sobre el banco malo y el margen de caída pendiente del inmobiliario, los fondos internacionales suman las previsiones oficiales que ilustran las 7.895 páginas de los presupuestos generales del Estado en su primera y reciente edición. Y no es porque el escenario animoso y exagerado pintado en esas páginas por Montoro y De Guindos resulte negativo en exceso, sino porque no se lo cree nadie (y ellos los primeros). Asunto éste de la confianza delicado, y peligroso, sobre todo cuando el Ejecutivo no goza de la confianza ni de sus empresarios ni de sus ciudadanos.

Difícil será que esas 265 empresas, dieciseis fondos internacionales, con stand y todo, y los ochenta inversores rusos acreditados, y todos en 20.000 metros cuadrados, consigan hacer efectivo su poder anunciado de compra en un mercado donde las autoridades no saben ni el cuándo ni el cuánto. 

A los analistas se les puede "torear" en algunas cosas (y no a todos) pero en magnitudes como el déficit y el crecimiento de la economía va a ser que no. Y más en este caso al tratarse de un Gobierno acostumbrado a la contradicción, al donde dije digo... cambiante y muchas veces indeciso. Esos inversores han decidido excluir al Ejecutivo, incluso, del beneficio de la duda, de la presunción de inocencia, porque en realidad, todos los inversores son potenciales, mientras no se demuestre lo contrario.

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