edición: 2388 , Viernes, 19 enero 2018
11/12/2008
Observatorio Latinoamericano

Chávez arrincona y exprime a los bancos en Venezuela

Ana Zarzuela

Amasa el tiempo con el Santander y se dispone a apretar sus puños sobre todo el sector, antes de que sea demasiado tarde y el Supervisor Bancario Sudebán tenga razón en sus avisos apocalípticos. Botín se irá, es cuestión de precio. Lo de FG es peor, seguirá atrapado en un laberinto sobre el que todos los analistas encienden ya las luces rojas. Las últimas, las de Standard & Poor's, que reduce a negativo el panorama de la calificación de la deuda de Venezuela. Y es que a Hugo Chávez no le salen las cuentas. Hasta tal punto que en el Palacio de Miraflores estudian ya una propuesta para la subida del IVA en 15 sectores, ahora que las elecciones son agua pasada, y nuevos tributos al sector financiero, como el impuesto al débito bancario.

Tratan de cargar en las espaldas del sistema bancario sus malabares imposibles con la inflación, los desajustes monetarios, el descenso del los ingresos del crudo y la falta de liquidez. Chávez no se resiste a tropezar dos veces en las mismas tasas. A la fuerza ahorcan. Lo hizo ya con el Impuesto de Transferencias Financieras, que acabó por retirar en julio a la vista de la asfixia de las entidades bancarias. Ahora busca hacer de su nacionalización bancaria un respiro para los que se van de un laberinto acotado por una tasa ´overnigth´ disparada, la morosidad vinculada a una inflación sin techo, las obligaciones crediticias de las entidades con los programas estatales, el impacto de los bonos tóxicos, la amenaza gubernamental de nacionalización o cierre y la negativa a cualquier forma de rescate.

Hugo Chávez ejerce con las presiones lo que no puede con el regateo. Presiona al Banco Santander y promete dejar como rehén de su nuevo planeta financiero a BBVA. Cobra cara la tocata y fuga de los inversores por la puerta de las minusvalías. Y no se resiste a estrechar el horizonte de los que se quedan: pagarán, si se descuidan, las nacionalizaciones de los demás, los agujeros negros de Pdvsa y la cuadratura de las cuentas imposibles con el crudo por debajo de los 50 dólares. Para Santander y BBVA, de los que depende más del 30% del tejido bancario nacional, la veda chavista nunca se ha cerrado. La reforma a la Ley de Bancos con la que vuelve a la carga, la venta obligatoria de las notas estructuradas, la supervisión y restricción de los créditos, la presión de las denuncias del Indecu, la nueva regulación de las tarjetas y la avalancha de leyes habilitantes, le marcan a BBVA -y sus compañeros del sector- los límites de un jardín en el que sus paseos cada vez le salen más caros. En el caso de los servicios sin fines de lucro y organizaciones como Mercal, Pdval y similares, la banca ya está obligada a hacer sus operaciones de forma gratuita.

El petróleo se le escapa al Gobierno venezolano entre los dedos. No son PFC y Deutsche Bank los únicos que advierten que el modelo, pensado para ser sostenible a 120 dólares por barril, es el más vulnerable de todos los petroestados del planeta: ha comenzado a hacer aguas y sólo por encima de los 90 dólares podrá darle cuerda al gigante estatal que Chávez ha engendrado. La cacería de clientes seguros se impone. Y la de fuentes de financiación. Algo cada vez más difícil. Por eso el presidente venezolano ‘arma’ su revolución. Y tendrá que empezar a blindar también sus arcas. El calendario marcaba en rojo el día después de las elecciones regionales para cumplir las promesas de nacionalización. Pero tiene la antesala llena: cinco expropiaciones por más de 5.000 millones de dólares y su catedral económica insostenible, con el crudo venezolano a menos de 50 dólares. Chávez se llena la boca diciendo que tiene miles de millones de dólares en reservas para enfrentar la crisis, pero ya en 2008 se endeudó con casi 8.000 millones de euros de más. Venezuela gasta 40.000 millones de dólares en importaciones, que equivalen a los ingresos petroleros del país. De mantenerse el precio actual del petróleo, en 2009 el país no dispondría de fondos para ganar los intereses de la deuda externa pública de 60.000 millones de dólares. Las reservas operativas cifradas en unos 30.000 millones de dólares apenas servirían para unos meses de importaciones.

AMENAZAS SIN RESCATE

Miraflores aprovecha que el Pisuerga podría pasar por Wall Street, pone la mano del Estado sobre el lomo bancario,  ha sentado interventores y supervisores  en las juntas directivas de algunas entidades, ordenó crear un fondo equivalente al 50%  del dinero comprometido en operaciones con Lehman Brothers y Merrill Lynch y mete el dedo en una llaga que es suya: el índice de capitalización de diez bancos se ubica por debajo de la exigencia mínima de 8%, gracias, entre otras cosas, a que el gasto del Gobierno introduce una enorme cantidad de bolívares que ingresa a la banca y se transforma en créditos o inversiones en bonos, con lo que el activo crece y se torna difícil que el capital se ajuste continuamente para mantener la proporción de 8%. Y es que en el petrorreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros.

Inmerso en la campaña electoral que decidió el destino de las gobernaciones y alcaldías, el Gobierno comenzó a incrementar el gasto: la cantidad de bolívares en la economía registra un alza de 23,4% hasta diciembre, pero a pesar del aumento de liquidez en el sistema financiero, el pago de utilidades y aguinaldos en las empresas ha creado problemas en un grupo de bancos, obligados a pedir préstamos a otras instituciones financieras y disparar la tasa overnight. Las instituciones financieras urgidas de liquidez también han acudido a la taquilla del Banco Central, donde pueden entregar bonos a cambio de efectivo, pero comienzan a quedarse sin papeles. El desajuste está servido: mientras por un lado un sector del sistema financiero se muestra ilíquido, para el Gobierno y el directorio del Banco Central el problema principal es cómo evitar que el incremento de bolívares en la economía presione al tipo de cambio paralelo e impulse la inflación.

FG puede acabar envidiándole la suerte a Santander. Al Banco Provincial -que en los primeros seis meses del año aportó a la matriz del BBVA un 3,1% de sus ganancias- sólo la dificultad del Estado venezolano para digerir hasta ahora más de un gigante bancario a la vez le ha amueblado su trinchera antinacionalizadora y ha blindado sus fortalezas frente a sorpresas. Con una ‘caja tonta’ a mano, Chávez no necesitaba más hasta ahora.

LABERINTO BANCARIO

No sólo es el Financial Times el  que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Chávez añade nuevos muros a su laberinto financiero, unos predios en los que busca limitar las expectativas de los grandes bancos privados, aún a costa de deshilachar el sistema bancario -que ya registró en el primer semestre una caída de 6,5%, frente a la subida del 24,5% en 2007- y dejar al Estado abocado a ser el cancerbero del miedo de los consumidores.

El Gobierno venezolano azota a los bancos -hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios- con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y les ha obligado a la venta de 5.600 millones de dólares en bonos para tratar de secar el mercado de dólares, aún a riesgo de agitar más las aguas inflacionarias y dar el golpe de gracia bancario, que cobrará la zozobra de los papeles públicos a mitad de precio de adquisición y en bolívares. Un jardín en el que llueve sobre mojado para las grandes instituciones financieras. Y para los talones de Aquiles del BBVA Banco Provincial de Venezuela, que en el primer semestre registró un beneficio atribuido de 94 millones de euros, un 61,5% más que en 2007, pero sólo gracias a que al margen de intermediación (+55,6%), el aumento de las comisiones y los resultados por operaciones financieras permitieron compensar el elevado incremento de los gastos de administración, influidos por el alto nivel de inflación.

La Ley bancaria, aún está en plena digestión. Una ‘herencia’ que -sumada a la nueva Ley de Crédito para el sector agrario- promete ser el aperitivo para nuevos topes mínimos de las carteras obligatorias de la banca, por encima del 47% de sus préstamos que destinan ya a sectores específicos como la agricultura, la microempresa, la vivienda, la industria manufacturera y el turismo. Un horizonte que afectará, más que a nadie, a los intereses de FG, cuyo Banco Provincial es el que mayor nivel de intermediación crediticia tiene: un 79,55%.

El laberinto bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que Chávez puede terminar como el cazador cazado. En manos del Palacio de Miraflores, la ‘maldición de Botín’, la condena a reproducir en las carnes del tercer banco del país por activos y reservas y uno de los más rentables del continente los naufragios que ya Chávez capitanea en el Banco Industrial, Banco del Tesoro, Banco Agrícola y Banfoandes, que pasaron antes por el aro de la nacionalización. Y es que, cuando llegue a materializarse la negociación con el Banco de Venezuela, el Estado se convertiría en el principal agente bancario de la nación: poseerá el 16,44% del total de créditos de la banca y el 24,38% de los depósitos, el 17% de las oficinas y el 21% de los empleados del sector, a lo que hay que sumar la discrecionalidad sobre el manejo de los fondos públicos y de Pdvsa. Ello significa que quedaría por encima del actual líder bancario nacional, Banesco, que controla el 15,26% y 14,14% en ambos segmentos.

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