edición: 2490 , Lunes, 18 junio 2018
03/02/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO
Sede de Banco Provincial en Caracas

Chávez 'esclaviza' al BBVA y ordeña su rentabilidad

Chávez le hace llegar al banco que no intervendrá el BBVA pero tampoco permitirá que se venda
FG le pone precio a su perpetuidad caraqueña: más de 1.100 millones en dividendos y beneficios retenidos, 7 millones de dólares en multas en 3 meses y un 25% más en tasas
Ana Zarzuela

Querían claridad. Hasta ahora, los de FG consolaban la salida del Santander con el banco más rentable al sur del Río Grande para el BBVA. Pero después de dos años en los que Rodríguez alimentaba la sintonía con Caracas, de acto en acto y de gesto en gesto, por primera vez se han atrevido a pedir explicaciones -por la devaluación, la retención de divisas y la sucesión de multas- y alguna garantía. Y, para desgracia de Ángel Cano, ya las tienen. Directa y de primera mano del ministro Giordani, el titular de Planificación y Finanzas, el mismo que el presidente ha utilizado como ariete para las causas más escabrosas de su mapa económico, el adalid de la compra estatal del Santander y el cerebro de las restricciones de Cadivi y el pulso con las multinacionales. No se van. Nada que no les hubiera hecho llegar ya Alí Rodríguez a través de Víctor Vargas, el presidente de la Asociación Bancaria -el mismo al que Chávez le quitó de las manos el acuerdo con Botín para comprar el Banco de Venezuela-, en un mensaje colectivo para toda la banca privada del país. “Seguirán en Caracas por mucho tiempo”, lo reconocía el propio Cano tan sólo una semana después, en Madrid, en la presentación de resultados. O al menos, hasta que Miraflores quiera. Por si las dudas de FG, ninguna persona jurídica o natural puede comprar ni una acción bancaria sin el visto bueno de Sudeban y del Ministerio de Finanzas. Miraflores no tiene ni liquidez ni interés inmediato en el BBVA, pero FG sólo se irá cuando y como el presidente venezolano quiera.

Otra cosa serán los peajes de la calma, ahora que en la mesa de Ali Rodríguez y sobre todo en la de Hugo Chávez tienen cada vez más presente que el Provincial es el banco más rentable del país. Como advierten los analistas locales, “lo que les interesa más que ser el cuarto banco en captaciones e intermediación financiera, tercero en créditos y activos, segundo en inversiones en títulos valores, capital y patrimonio, es ser los primeros en beneficios. Lo mismo que a Hugo Chávez de ellos. Para el presidente es cuestión de Estado. En la mesa del ministro Ali Rodríguez ya está la propuesta para tocar las reservas internacionales, meter la mano a los “excedentes” del BCV, aumentar las obligaciones crediticias con programas públicos -de más de un 47% ya hoy-, mover de nuevo el techo y el suelo de las tasas de interés, elevar del 3 al 10% la obligatoriedad de concesión de microcréditos y duplicar hasta el 30% el ‘encaje legal’, por igual para todos los bancos. Pero con FG en los despachos de Alí Rodríguez, Giordani y Vásquez buscan ya recetas adicionales, alguna fórmula extra para que salpique al Estado el 23,7% de las ganancias de la banca comercial, ahora en manos del Provincial. Desde este mes Miraflores, además, hará de la sintonía con el banco español una cuestión de Estado. Lo saben ya en sus brazos diplomáticos. El Gobierno tiene su propia teoría sobre la “oleada de desestabilización sobre el sistema bancario venezolano lanzada desde latitudes internacionales”. Y busca escudos globales para neutralizarla. Quién mejor que FG. El Gobierno ya ha dejado caer en el Provincial que quiere que sea un ‘banco de confianza’, la de la rentabilidad para Miraflores, la de los inversores extranjeros que miran a Caracas y la de la banca internacional. Algo que ni el Banesco, ni el Mercantil -los otros dos grandes de la banca nacional- le pueden dar. Si el ejecutivo ya consumó el pacto de silencio con Botín y Goguikian para su salida, buscarán reeditarlo con Rodríguez para su permanencia.

Miraflores quiere mucho más de los bancos privados. Más, aún, del rey de la rentabilidad venezolana. A las entidades comerciales, todavía con el 70% del tejido financiero a mano, les aplica el tentetieso de la prudencia: han tenido ya que ayudar al rescate de los bancos intervenidos, cumplir más rigor con las obligaciones crediticias (que a BBVA ya le han costado casi 10 millones de dólares en multas en dos meses) y les prepara una nueva tasa y una reforma de la Ley del Banco Central y Sudeban. Los necesita, tienen a mano también el 70% de los papeles del Estado y quiere beber en su rentabilidad. Pero con sus reglas y con la mayoría de los depósitos de los ahorradores en oficinas de apellidos estatales.

A FG se le complica su consigna de máxima rentabilidad, la que le ha permitido casi duplicar beneficios en un año en Venezuela y hacer de ella su plaza más rentable al sur del Río Grande. Chávez promete ir “a por la banca privada” y ordeñar a la entidad más rentable con su ‘diezmo’ a las ganancias, la cartera obligatoria de créditos ‘productivos’ y nuevos niveles de intermediación. Desde este mes Miraflores, además, hará de la sintonía una cuestión de Estado. Lo saben ya en sus brazos diplomáticos. El gobierno tiene su propia teoría sobre la “oleada de desestabilización sobre el sistema bancario venezolano” lanzada desde latitudes internacionales. Y busca escudos globales para neutralizarla. Quién mejor que FG. Ya ha dejado caer en el Provincial que quiere que sea un ‘banco de confianza’, la de la rentabilidad de Miraflores, la de los inversores extranjeros que miran a Caracas y la de la banca internacional. Algo que ni el Banesco, ni el Mercantil -los otros dos grandes de la banca nacional- le pueden dar.

Si ya consumaron el paco de silencio con Botín y Goguikian para su salida, buscarán reeditarlo con Rodríguez para su permanencia. En Miraflores ya saltó chispas la advertencia en diciembre de 2008 de que Argentina y Venezuela representaban un nivel altísimo de riesgo de recesión e incluso default en la región, no cayó nada bien el último informe de su servicio de estudios, que hace mucho ha encendido las luces rojas del banco y las de todo el barco económico venezolano y que avanzaba un horizonte aún menos optimista que el del FMI: una contracción económica de este año de 0,8%, un déficit fiscal del 6,3%, una inflación del 32,8% y un desempleo del 10,3%. Y han pedido al banco discreción. Ésa misma con la que los de Rodríguez han encajado la devaluación del bolívar fuerte, el cambio en el fondo de garantías, las nuevas restricciones de Cadivi -a las tarjetas de sus clientes en el exterior y a las divisas retenidas en dividendos y beneficios-, los cortes de energía que le obligan a cerrar oficinas intermitentemente, o el anuncio de que Miraflores busca ecuaciones para que la banca comercial reviera la proporción de créditos al consumo (hoy del 70%) frente a los préstamos a la actividad productiva (30%).

FG consuela sus cuentas y sus calendarios: a pesar de los pronósticos de los analistas, la aportación de su filial sólo supone el 4% del beneficio del grupo -lo justo para que la devaluación del bolívar fuerte quede diluida en el conjunto-  y, con beneficios casi duplicados en un año aún es la latitud más rentable al sur del Río Grande, pero ni sus ecuaciones de prudencia -la reducción de activos, el cobro de los resultados acumulados, menos las captaciones del público, la disminución de su patrimonio y los activos y el crecimiento de sus ingresos financieros- permiten perpetuar el oasis de su rentabilidad. Menos aún poder repatriarla. Se enrocan de nuevo en el silencio con la vista puesta en las huellas aún calientes del adiós de Emilio Botín.

Que Chávez está dispuesto a estatalizar cualquier banco, no es nada nuevo. El “radar”- lo advierten en Miraflores- aún no se ha detenido y mira ya al sector asegurador, con La Previsora (con un 39% del mercado) en el objetivo. La intervención de tres nuevos en la última semana de enero (Banco del Sol, Interunión y Mi Casa) cuando aún la banca pública no ha digerido las diez entidades intervenidas en diciembre le dejaba claro al Banco Provincial que la mano de Miraflores puede posarse sobre cualquier entidad, aunque supongan más del 10% del tejido financiero del país y se sostuvieran en un 70% de papeles del Estado. Y hacerlo más allá de la letra pequeña del regulador, sin que fuera ni la liquidación en 30 días, ni la recuperación.

Además, tras la caída del ministro Chacón y el vicepresidente Carrizalez (con más de uno de sus discípulos en la cúpula de la banca pública), en Miraflores sólo saben que se ha abierto la veda y no hay intocables, ni dentro ni fuera de Palacio. El mapa financiero de Alí y Chávez no tiene ya más restricciones que las de sus propias medidas. Suficiente para el BBVA. Con más de un 30% del tejido financiero en manos públicas, y un nuevo 14% aún por ‘digerir’, ni a Ali Rodríguez ni al nuevo ministro de Banca Pública les salen las cuentas, ahora que la fusión de los nacionalizados Confederal, Central, Baninvest y Bolívar dará a luz a su nueva criatura “el Banco Bicentenario”. Aún mantienen intervenido el Industrial -ocho veces reflotado ya-, el Bandes está quebrado y el Banco de Venezuela respira por las heridas: bajo la mano del Estado ya está perdiendo mercado, y rentabilidad -un 25% en el último trimestre- y aumentando la morosidad y se ha convertido ya en la entidad más ‘empapelada’ del país’, un 21% más que cuando Botín la entregó el 6 de julio, con una cartera de crédito vencida que durante el trimestre se elevó al 13,3%. 

Alí no quiere más sorpresas, ni nuevos invitados a la mesa de la banca pública; saben que antes tendrán que  resolver el sudoku de un mapa bancario público huérfano de una plataforma tecnológica eficiente, que tiene niveles de morosidad cinco veces mayores que la banca pública, tasas de crédito tres veces inferiores y que incumple más aún las obligaciones con el Estado de las carteras crediticias que en los privados debe superar el 37%. Además, ni los dólares ni la oportunidad acompañan a las ansias bancarias de Chávez, si es que aún le quedan. Los primeros, ni están ni se los espera. Cadivi, (la Comisión de Administración de Divisas) y el Gobierno tienen sobre la mesa una factura de más de 15.000 millones de dólares pendientes -más de la mitad de sus reservas internacionales- sólo para los próximos tres meses, está por digerir la nacionalización de al menos 74 empresas contratistas de PDVSA, y del sector siderúrgico y de alimentos.

Hoy por hoy, el dogma de Sudeban es no intervenir entidades grandes. El Banco Provincial no está en la lista de los elegidos por la avidez de Rodríguez y Eugenio Vásquez, ya está repleta. Se lo recordaba de nuevo la semana pasada a su directiva local, por si las dudas. O las tentaciones, ahora que el segundo gran round de compras de banca venezolana privada ha acabado. Esta vez los de Ángel Cano ni siquiera tiene que negar los rumores de negociación. La avidez por negociar bajo la mesa ya no cabe en la foto de Jorge Giordani. El “no más bancos privados nacionalizados por ahora” del presidente ‘bolivariano’ resuena en el Nervión. Ya las cartas están echadas, con el 40% del negocio entre cinco grandes bancos y un 20% en manos del Estado.

No es que FG no piense en el adiós. La sintonía con el Gobierno bolivariano nunca ha existido. Ni su presidente ejecutivo desde 2007, Pedro Rodríguez Serrano, ni menos aún la cúpula de FG en Madrid han tenido nunca ni siquiera la comunicación directa de la que Goguikian, el ex presidente del Santander- Banco de Venezuela aún puede presumir. Francisco González ya buscó una puerta de salida mucho antes de que lo hiciera Botín en 2007. Hubo momentos  en los que en el otoño de 2008, las dos cartas -Santander o Banco Provincial- se barajaban en la mesa de las nacionalizaciones del titular de Economía. Pero -Hugo Chávez se lo ha vuelto a recordar como lo hizo con Víctor Vargas y Botín- sólo se irá del segundo banco privado, el más rentable del país, cuando y como él decida, sea o no de su mano. Chávez no quiere outsiders venidos de fuera de Venezuela en la banca nacional, ha purgado a sus banqueros  y el resto de los que se midieron las intenciones con los enviados del Provincial ya saben que es mejor no meneallo, al menos por ahora.

FG BUSCA TRINCHERAS PARA SU OASIS VENEZOLANO

Envidian la marcha de Botín -con 1.050 millones de dólares en el bolsillo y ganancias por 61 veces el capital social en siete años- cruzan los dedos, con el mantra del ‘yo me quedo aquí’ en los labios. Sea nacionalización, supervisión de la venta en manos ajenas o simplemente asfixia para el BBVA, Ángel Cano llena, por si acaso, la hucha del Provincial antes de que el nuevo impuesto del 10% a los beneficios que estudia el Gobierno se haga realidad. En 2009 recuperaron 1,31 veces su capital pagado, aunque la economía del país cayó un 2,9% y el conjunto de la banca redujo beneficios en el último trimestre un 7,53%. El Provincial se había convertido para Francisco González en el último de los ‘oasis’ americanos del banco -a la vista del descenso del 16,1% de sus beneficios totales- durante el último trimestre en una región que supone la cuarta parte de sus ingresos, pero que ha visto disminuir sus ganancias desde el primer semestre de 2009, sobre todo con el lastre del mercado mexicano.

Con 935 millones de beneficios -un 27,9% más que en 2008- fue el país que más contribuyó a un beneficio total en la región de 1.225 millones de dólares del grupo. Venezuela es con mucha ventaja, su plaza más rentable, más ahora que ha incrementado sus beneficios en un 81,71% respecto a los nueve primeros meses de 2008: si en agosto logró un resultado neto acumulado de 913 millones de bolívares fuertes (un 31% más que en los ocho primeros meses de 2009), desde septiembre ha marcado aún más las distancias: generado utilidades acumuladas por 1.025 millones de bolívares, casi lo mismo que el segundo y el tercero del ranking -Occidental y Venezuela- y la mitad del total de beneficios del ‘top ten’, a contrapié del descenso del 54,2% del beneficio de la banca mediana y pequeña y del 1,6% en el rendimiento sobre patrimonio de los diez primeros bancos por rentabilidad.

Si entre 2003 y 2007 el Banco Provincial ganó más de 1.555 millones de dólares y recuperó hasta 13 veces el capital social, en los dos últimos años le ha dado cuerda a los beneficios: 601 millones sólo en 2008, un 33% más que en 2007, (lo justo para superar el techo de la inflación venezolana que el propio banco descontaba) y 935 millones en 2009. Nada que haya impedido que mantenga en buena forma su edificio financiero: con 34.606 millones de bolívares en activos controla el 26% de los depósitos del sector. Tiene el mayor incremento mensual de captaciones del público (más del 11%), una morosidad del 0,92%, de las más bajas del sistema, un nivel de intermediación financiera al cierre de año del 67,31% y una rentabilidad sobre patrimonio (ROE) del 45,6% muy superior a la media del 22% de acuerdo al informe de Aristimuño Herrera & Asociados.

Pero los analistas locales descuentan que no será por mucho tiempo. El Palacio de Miraflores deja pasar otra vez el ‘bocado’ del BBVA. Otra cosa será el arbitraje. El Estado no será el dueño de los confines del Provincial, pero sí de su suerte: Chávez y Ali  Rodríguez esperan que ‘los españoles’ sean el ejemplo de todos los escarmientos, ahora que promete “apretar más a la banca privada” y que estrecha el lazo de la nueva Ley  sobre sus créditos obligatorios, o el apoyo debido a las actividades productivas del Estado. La entidad más rentable del país le resulta más eficaz para sus intereses si sigue en pleno rendimiento. Miraflores acota un laberinto sin llave, con cada ladrillo de su regulación financiera. Y le pone cifras a cada estación del vía crucis para FG: la reforma de la Ley de Bancos consagra un nuevo monto de depósitos garantizados por Fogade por hasta 30.000 bolívares fuertes, pero sobre todo, escribe a sangre y fuego en la piel de la banca privada la obligación de subir la garantía de sus depósitos un 1,5% (frente al 0,25% anterior).

Para las cuentas de Pedro Rodríguez, como mínimo 250 millones de dólares menos. Y sólo las subidas en el parqué de Caracas desde el ‘viernes negro’ le han podido hacer olvidar a Pedro González que la devaluación del bolívar en un 50% hará evaporar la mitad de sus beneficios de bandera venezolana, el 5% del total del BBVA. El Provincial ya ha tenido que pagar facturas fiscales un 25% más altas que en 2008, ha visto cómo se evaporaban de sus balances 139 millones de dólares de depósitos oficiales. Y desde noviembre se ha convertido en el líder de las multas de la Superintendencia Bancaria por faltas en las carteras de crédito obligatorias (agrícola, manufacturera, hipotecaria, microempresa y turística) que marca el Estado. De nada ha servido que el BBVA alegue la falta de objetivos de crédito solventes en los sectores que marca Miraflores. No es nada que no hayan sufrido otra veintena de entidades este año, pero nada que no le haga sentir a Pedro Rodríguez las huellas de Alí en sus talones. Sabe el precio que tienen sus pisadas sobre la banca: la rentabilidad del Banco Agrícola no llega ni al 1% y Bancoex vio cómo sus ganancias se reducían un 90% en el segundo semestre del año.

Los de Pedro Rodríguez apurarán desde ahora sus ecuaciones con la reducción de activos, el cobro de los resultados acumulados, las captaciones del público (ya hasta 880 millones de bolívares, de ellos 267 de depósitos oficiales), la disminución de su patrimonio en un 9,9% y los activos en 464 millones de bolívares y el crecimiento de sus ingresos financieros. Otra cosa será repatriar los beneficios y los dividendos. Lo sabe por experiencia propia y por avisos ajenos: Botín tuvo que rendirle a Miraflores mucho más que sus silencios, con la ‘donación’ voluntaria al Banco del Pueblo de los 469 millones de bolívares (millones de dólares) que el Banco de Venezuela ganó en el primer semestre del año 2009, cuando aún estaba en manos del Santander.

El BBVA encaja ya en silencio el doble puñal de sus divisas: las de sus más de 200 millones de dólares pendientes de repatriación que permanecían ya en el congelador de Cadivi desde hace dos trimestres, sin sumar sus últimos resultados, con beneficios de 935 millones de dólares. La escasez de ‘billete verde’ planea también por partida doble sobre el BBVA Provincial, una de las entidades más afectadas por las restricciones a las tarjetas de créditos de quienes viajan fuera del país. A pesar de que el presidente de la Asociación Bancaria -Víctor Vargas, el mismo al que Chávez le impidió la compra del Santander- asegura que la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) está casi al día con la entrega de divisas a los bancos, sus nuevas normas serán aún más asfixiantes para el sector financiero: además de otorgar un 40% menos de divisas a los importadores en 2010, sólo permitirá ‘tocar los dólares’ a quienes tengan tarjetas con banda magnética, nada del proceso de chips electrónicos al que entre otros el Provincial se ha lanzado y que prometía tener terminado en junio de 2010.

LOS PRIVADOS, ATRAPADOS EN EL LABERINTO BANCARIO

El sistema financiero venezolano sigue siendo más rentable que la media de la región (un 30% frente al 15%), pero en cinco años ha reducido a la mitad sus beneficios y se ha convertido ya, a su pesar, en el ‘mejor amigo’ de la revolución bolivariana: a ella tienen que destinar el 37% de sus préstamos. Chávez se dispone a apretar sus puños sobre todo el sector, antes de que el Supervisor Bancario Sudebán tenga razón en sus avisos apocalípticos y llegue el 'corralito'.

En la mesa del ministro Ali Rodríguez ya está la propuesta para tocar las reservas internacionales, meter la mano a los “excedentes” del BCV, aumentar las obligaciones crediticias con programas públicos -de más de un 47% hoy-, mover de nuevo el techo y el suelo de las tasas de interés, elevar del 3 al 10% la obligatoriedad de concesión de microcréditos y duplicar hasta el 30% el ‘encaje legal’, por igual para todos los bancos. Chávez quiere mucho más de los bancos, se lo ha dejado claro: “la única manera de que el Gobierno siga aceptando su existencia es que cumpla con los niveles de intermediación y con se una al gobierno para el desarrollo económico del país”. Lo que, negro sobre blanco, quiere decir que impondrá exigencias de bancarización (aunque ya aumentó un 12% este año), con la obligación incluso de abrir puntos de venta en mercados o farmacias); a golpe de decreto les acaba de mover de nuevo la brújula de la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras (Sudeban) y del Banco Central; acaba de redefinir la reestructuración de créditos hipotecarios para que no admita el cobro del IPC y obligará a las instituciones financieras a destinar el 5% de sus ganancias a su “responsabilidad social” y a transferir el 10% de su capital social a un fideicomiso de propiedad colectiva de los trabajadores. Tendrán que competir con la banca pública con las reglas de Miraflores y hacerlo en un tablero de juego en el que los efectos del desempleo, la recesión, la hiperinflación y ha hecho repuntar la morosidad al nivel más alto de la historia -2,61%-. 

El Gobierno no tiene oídos para las peticiones de las principales entidades del país, que no alcanzan a cumplir los cupos mínimos de créditos al turismo, el sector agrícola, los microcréditos y todo lo que el Estado considere actividades “productivas” de interés nacional. A pesar de la prudencia que le ha cantado más de una vez el ministro Ali Rodríguez, al presidente venezolano y su equipo económico le sabe a poco uno de los índices de intermediación más altos de la región-56,36% en el último trimestre-. Miraflores obligará de ahora en adelante a llegar a los bancos al 70%. Lo hará espaldas a la morosidad, la inflación, las previsiones de todos los bancos de análisis y las propias zozobras que infunde en el tejido financiero, en el que por ejemplo se exige cobrar por una parte de la cartera hipotecaria 4,67% de interés como máximo al cliente, y a la par, ordena a los bancos que les paguen a los ahorristas 16% como mínimo.

Chávez marcará las líneas rojas del interbancario, a pesar de que el tipo de interés interbancario (overnight) se ha disparado a máximos del 32% y aunque -paradojas del tablero económico bolivariano- sean justamente, las urgencias de su deuda las que ‘empapelan’ la banca venezolana. La cartera de créditos del sistema financiero cayó en términos reales un 8% en los nueve primeros meses del año pasado, mientras que las inversiones en títulos valores aumentaron un 35%, pero no sólo porque  los bancos apuestan por los bonos -ganan dinero con ellos y no pagan impuestos- sino porque el gobierno emite cada vez más papeles.  Las instituciones públicas que en enero destinaban 46% de sus activos a la compra de papeles, al cierre de agosto dedicaron 76% de sus inversiones a ese negocio financiero y el resto quedó para los créditos.

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