edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
10/09/2009
El líder bolivariano visita España

Chávez hace humo a las puertas de Moncloa y se sube a la foto de ZP y el Rey

Acalla los dividendos pendientes, silencia las expropiaciones y saca de la chistera el tabú de EADS-CASA
Ana Zarzuela

Toreó a Moratinos a domicilio en Caracas y hace todo lo posible, de nuevo, para marear a Moncloa otra vez. Se ha empeñado, por sorpresa y sin previo acuerdo con el Ejecutivo español. Le echa al cuello de Moncloa y la Zarzuela una "escala técnica" en su gira por Libia, Siria, Irán, Bielorrusia y Rusia, de la que Rodríguez Zapatero no ha sabido o no ha podido zafarse. Anuncia un ‘nuevo día’ en las relaciones bilaterales, a mayor gloria de la galería de sus guerras nacionales y su confrontación con Colombia y EE UU. Pero, mientras llega el viaje a Venezuela del presidente español en 2010, el humo ‘bolivariano’ del ‘acuerdo estratégico’ entre Madrid y Caracas y los abrazos a  Zapatero y el rey Juan Carlos sólo reeditarán el 'deja vu' del último viaje de Hugo Chávez a España en 2008, ése con el que intentó superar el desencuentro del “¿por qué no te callas?”. No hay nada nuevo, ni un acuerdo comercial de calado bajo el brazo.

El Gobierno de Caracas se guarda una vez más los dividendos y los beneficios de repatriación. De las tierras expropiadas, mejor ni hablar. Silencio para los impagos de Pdvsa a sus proveedores. Los acuerdos energéticos no dejan ver la letra pequeña aún. Chávez necesita una foto europea, la oportunidad para destapar, en persona, la ‘caja de los truenos’ de la compra de armas y de poner a prueba el estreno europeo de Zapatero y la sintonía de Moncloa con Obama, la única capaz de neutralizar el veto a la venta de armas con componentes estadounidenses que Bush selló.

El Palacio de Miraflores se guardó otra vez durante la visita de Moratinos la letra pequeña de la venta de cinco buques científicos de Factorías Vulcano, por 700 millones de euros. El visto bueno a la participación de empresas españolas en la construcción del metro de Caracas así como de un tramo de línea ferroviaria a los que el Consejo de Ministros español trató de poner de largo a bombo y platillo una semana antes del viaje de Moratinos no han podido bautizarse aún en las aguas de Hugo Chávez. Y EADS Casa y Navantia -que depende en su Unidad de Producción de San Fernando-Puerto Real de los encargos de buques venezolanos, a punto de concluir sus encargos ya- siguen sin novedades, por más que el Palacio de Santa Cruz les había prometido comenzar a despejar los atajos, tres años después de que se frustrara - por el veto de la Administración Bush, que no concedió la licencia para transferir a Venezuela la tecnología estadounidense que llevaban incorporada- su venta al Gobierno de Chávez de doce aviones militares -diez C-295 de transporte y dos CN-235 de vigilancia marítima-, valorados en 500 millones de euros.

Ya en la visita de julio, el fantasma de las ventas censuradas paseó por la mesa de Miraflores. En Caracas esperan que la sintonía de Obama con Rodríguez Zapatero de la que presume la ministra Chacón pudiera ayudar a despejar de nuevo los caminos hacia EADS-CASA. Con las armas rusas y chinas a mano, el Gobierno de Chávez no necesita las europeas, pero poder comprarlas sería una victoria diplomática y geoestratégica en el seno de un continente que se rearma de desencuentro en desencuentro. Chávez no quiere ser menos que sus vecinos, ahora que EADS-CASA le ha vendido a Colombia cuatro aviones c-295 por 100 millones de euros –el último aún pendiente de entrega- , que Chile planea gastar sobre 1.000 millones de dólares en nuevas compras de material bélico (entre ellas tres aviones de transporte bimotor CN-235 manufacturados por EADS-CASA) y que Brasil se ha convertido en primera potencia militar de América Latina, por encima de Colombia y Venezuela, gracias a un contrato de compra a Francia de cuatro submarinos convencionales (Scorpene) y cincuenta helicópteros de transporte de tropas Cougar EC-725 y a un acuerdo para fabricar, con tecnología francesa, un submarino nuclear.

Moratinos ya vio en julio -de lejos- cómo prosperaba la concreción de los acuerdos empresariales para Repsol (203 millones de dólares por los derechos de explotación del 40% de Barúa-Motatán, un contrato para comprarle a Venezuela a precio de mercado 1.380.000 barriles de crudo y para venderle al Estado venezolano su participación en el campo de gas de Barrancas y en la central termoeléctrica de Termobarrancas) y para Iberdrola y Elecnor: los 1.433 millones de euros para construir una central eléctrica de ciclo combinado (de gas natural) de más de 1.000 megavatios de potencia en Cumaná bajo la modalidad de ‘llave en mano’. Lo otro, todo lo que depende del Palacio de Santa Cruz y su sintonía con Miraflores, sigue esperando desde entonces, por más que el titular de Exteriores sea visto como el más cercano de los socialistas españoles para la diplomacia venezolana. Y por más que Caracas acelere todos sus caballos diplomáticos con tal de consumar una nueva foto para sus aventuras internacionales: la de su ‘sintonía’ con España, sobre todo ahora que Rodríguez Zapatero se prepara para la presidencia de turno de la UE.

Pero en los detalles, Caracas le sigue aplicando el ‘vuelva usted mañana’ a los desencuentros bilaterales: para las expropiaciones de tierras de españoles le han vuelto a aplicar la receta que ya le dieron en su viaje de 2008, otra vez crear la comisión bilateral que ya tiene un año de vida. Al menos 110 ciudadanos de origen español están afectados por las ocupaciones de tierras en Venezuela con el argumento de que se trata de bienes de utilidad pública o interés social. El 90% de los casos las propiedades afectadas son explotaciones agrícolas y ganaderas, aunque también hay  urbanizaciones y locales comerciales. De las pensiones de venezolanos en España, ni hablar. El apellido de las compañías de servicios y suministros nacionalizadas por Pdvsa en mayo sigue siendo tabú en todos los foros de la sintonía diplomática, aunque hay más de una de capital español. Y de los dividendos y los beneficios que las multinacionales no consiguen repatriar desde hace meses, ni tocarlos.

SIN NOTICIAS DE LAS DIVISAS

Chávez se ahoga y ahoga a las empresas españolas con el ‘billete verde’, a pesar de las promesas a Moratinos de luz ámbar para las empresas españolas que aguardan desde hace más de un semestre más de 2.000 dólares de sus dividendos y sus beneficios. Venezuela digiere aún los pagos de julio, no cuenta con abonar las demás expropiaciones y hasta los acreedores de Pdvsa hacen cola. Ni el ‘alivio’ del pago del Banco Santander  -la primera cuota de 630 millones de dólares el 6 de julio- ni la rebaja en un 36% durante el primer semestre del desembolso de dólares al sector privado suavizan las costuras de Cadivi. Sobre su mesa siguen más de 14.000 millones de dólares pendientes antes del próximo año. Y la bitácora del ministro Ali Rodríguez no está por priorizar los dividendos y los beneficios para el retorno de las multinacionales.  No las españolas.

Los retiene a la espera del nuevo impuesto y la devaluación y juega con su paciencia para forzar las reinversiones locales. Chávez sueña con que, tras las huellas de Mapfre, más de una empresa reinvierta sus beneficios, ante la imposibilidad de repatriarlos a tiempo y sin mermas. La paciencia de Movistar – que se atrevió desde mayo a  reclamar parte de los 1.500 millones de dólares en beneficios, importaciones y dividendos pendientes- se agota, no está sola, nada que no sufran en silencio BBVA, Air Europa o Repsol. Pero Miraflores vuelve a recordar que el que se mueva no sale en la foto. Se lo ha dicho el ministro Ali Rodríguez al propio director de Cadivi -la Comisión de Administración de Divisas- que confesó que debe dólares por 300 millones al propio sistema bancario.

INVERSIONES, A RESGUARDO

Lo recordaba el presidente de Iberdrola Construcción e Ingeniería: Venezuela es un país con recursos pero, también, con enormes necesidades de desarrollo. Tantas como falta de confianza y de garantías. Lo sabe Moratinos: ha dejado a su suerte a las inversiones españolas, sólo llegó a tiempo de bendecir a posteriori, el ‘efecto Santander’. Enseña la senda de Emilio Botín, ha hecho de ella credo: el que se mueva no sale en la foto. Lo tangible se enseña. Lo demás, se salvaguarda y se cocinará de nuevo a fuego lento en los fogones de la prudencia española, los mismos en los que Repsol ha amasado la calma después de 2.000 millones de euros invertidos en tierras venezolanas.

Ya en 2008, sólo la desidia bolivariana ´salvó´ a España de pagar el crudo venezolano más caro que el precio de mercado en virtud del acuerdo que prometía suministrar a España petróleo para 100 años. Y que, gracias a la burocracia caraqueña, nunca llegó a concretar la letra pequeña que Miguel Ángel Moratinos no quiso ver en su firma. La coreografía de la ‘reconciliación’ con el Palacio de Santa Cruz era para el Gobierno de Hugo Chávez la ocasión perfecta para garantizarse consumidores incondicionales, inversiones multimillonarias y un precios de 100 dólares por crudos muy pesados -con fuerte descuento frente al Brent- para en el medio plazo tratar de asentar sus presupuestos y permitirse seguir gastando el dinero que Petróleos de Venezuela -la caja tonta de la revolución- no podía ya ingresar.
Ahora, la "alianza energética de magnitud" que Moncloa quiere desplegar en torno a los acuerdos empresariales bilaterales -ésos sí, concretos- tendrá aún que definir, justamente, una magnitud llamada sólo a suministrar, en el mejor de los casos, un millón de barriles al mes -la vigésima parte de los que acaba de acordar con Teherán- a un mercado que consume casi 50 millones. Moratinos cubre de silencio el desencuentro en los detalles: la intención del Consejo de Ministros español era sólo acudir a esa compra con el precio del barril por encima de ciertos precios; la de Venezuela, expandir su obligatoriedad a todas las circunstancias. Y no está claro si, como Moncloa prefería habrá un fondo común con los recursos financieros de la factura petrolera, o simplemente Caracas dispondrá de ellos a voluntad -la de Chávez- para fomentar bienes y servicios –sobre todo tecnología- española, pero sólo estará obligado a consumirlos si el barril sobrepasa los 100 dólares.

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