edición: 2063 , Miércoles, 28 septiembre 2016
15/09/2008
Nos prometía petróleo para 100 años
Hugo Chávez, presidente de Venezuela

Chávez juega al trile con los cubiletes de Repsol

La desidia bolivariana ´salva´ a España de pagar el crudo venezolano más caro que el precio de mercado
Ana Zarzuela

Hugo Chávez guarda la camiseta del Rey entre las manos. Poco más que eso queda de su reconciliación ‘perpetrada’ en La Moncloa, en la que quiso utilizar a Repsol como oficiante y a las promesas de 10.000 barriles diarios a 100 dólares como arras. Sebastián y Brufau pueden esperar sentados al ‘Godot’ de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para concretar los anuncios que prometían surtir a España petróleo para 100 años y abrirle a la petrolera las puertas a un segundo ‘jardín’ en el Orinoco. Lo crean o no, nos vamos a salvar de la ´ayuda´ por la desidia bolivariana. Ahora que el crudo venezolano pasea cuesta abajo por los 97 dólares, el ‘chollo’ de Caracas enseña más sus desconchones: España estaría condenada a pagar un precio de ‘saldo’ más caro que los 93 dólares de media en 2008. Repsol, apresada entre las necesidades de Zapatero y los intereses de Chávez, se libra -por ahora- de otra ración extra de inversiones y de la mejora forzosa para extracción de crudos pesados, pero sigue condenada al matrimonio con Pdvsa.

El fin de los acuerdos mixtos, las amenazas de nacionalización sobre las taladradoras y la ley de hidrocarburos -que arrebató las gasolineras a favor de Pdvsa- marcan los límites de un jardín en el que a Repsol los paseos cada vez le salen más caros. Fue el padrino involuntario del brindis al sol de Chávez en las copas de La Moncloa y ha terminado sin fiesta y obligado, con las peores concesiones del Orinoco, a pagar un banquete del que escapan otros anfitriones. Por si las fugas, Chávez cierra con doble llave. Amenaza con clausurar de nuevo la puerta de emergencia del CIADI. Si un día llega la tocata y fuga de Repsol será con las manos vacías.

Lo sabe Petrobras, que se ha cuidado de aumentar su peso en el Orinoco y Lukoil, que a pesar del empeño de Chávez y Putin por trasladar la guerra fría de la energía al Caribe y bautizar un banco ruso-enezolano que les sirva de caja tonta, no acaba de decidirse a poner los 3.000 millones de dólares que promete sobre la mesa de Pdvsa. Y es que por mucho que Chávez saque pecho con las sociedades en el Orinoco, el matrimonio forzoso no ha hecho de Pdvsa el mejor de los compañeros de viaje. Con Repsol en cabeza, las multinacionales están hermanadas en todos sus proyectos con la mayoría accionarial de Petróleos de Venezuela y obligadas a trabajar con una mano atada a las espaldas de la estatal. Las cuentas de Petróleos de Venezuela no salen, los conflictos sindicales, la devaluación tecnológica y los problemas operativos son contagiosos. Y con cada vuelta de tuerca a la deuda, crecen las tentaciones de Chávez de reeditar con las petroleras la trampa de Bolivia, donde el que no invierta se va.

El desembarco en La Moncloa de Zapatero sirvió en su momento de introductor de embajadores a Repsol ante los intereses chavistas y le abrió las puertas para que se convirtiera en el primer aliado extranjero de la petrolera estatal venezolana, después de años de presencia en el área. Eran otros tiempos, ésos en los que Chávez aún esperaba pescar en las aguas de la sintonía española lo que ahora ya sólo puede conseguir en los predios de Ahmadineyad, Putin, Hu Jintao o Castro. Repsol traga dos veces y cultiva su paciencia en tierras venezolanas, en las que esperaba que su sociedad mixta con Pdvsa -en la que la estatal posee un 60% del capital- pudiera catapultarla como uno de los mayores grupos productores de toda Latinoamérica e incrementar un 60% su producción de hidrocarburos, desde 100.000 a 160.000 barriles diarios, y duplicar sus reservas actuales en el país.

Pero en el pastel del Orinoco a los españoles les han adjudicado el peor bloque -el 7, en el borde suroccidental- de una Faja convertida en el epicentro de los petroensueños venezolanos, que espera hacer de ella la mayor reserva de petróleo del mundo, si sus reservas de 235.000 millones de barriles de petróleo pesado de difícil explotación se convierten en reservas probadas de aquí a 2009. Repsol le da cuerda a los anhelos chavistas lejos de los bloques buenos de Carabobo -donde producían antes de la expropiación Exxon y Connoco y de los del Oriente de Carabobo y Ayacucho que el Palacio de Miraflores no ha dudado en otorgar a sus amigos de las petroleras estatales vietnamita, rusa, bielorusa, china o iraní.

BRINDIS AL SOL

Con un Brent entonces a 123 dólares, el venezolano agitó el oro negro y embelesó a la afición, a cambio de un Acuerdo para ampliar la presencia de Repsol con una segunda concesión en el Orinoco. Tanto como para agradecerle unas ‘rebajas’ envenenadas, que habrían supuesto para España un sobreprecio de al menos un 8% sobre la media del primer semestre de 2008. A Chávez, kamicace de su propia retórica, la autohipnosis suicida le ha permitido alcanzar a ver que no puede quemar todas sus naves en el Viejo Continente, que a su oro negro sólo puede sacarle brillo si lo vende más allá de las fronteras de los amigos de su imperio bolivariano y las lindes de Petrocaribe. Y que necesita como el comer garantizarse clientes sólidos a medio plazo que le permitan estabilizar sus cuentas.

La coreografía de la ‘reconciliación’ con el Palacio de Santa Cruz era la ocasión perfecta para garantizarse consumidores incondicionales, inversiones multimillonarias y un precios de 100 dólares por crudos muy pesados -con fuerte descuento frente al Bren- para en el medio plazo tratar de asentar sus presupuestos y permitirse seguir gastando el dinero que Petróleos de Venezuela -la caja tonta de la revolución- no puede ya ingresar. Bastó hacer ondear el oro negro para desarmar los recelos de la Moncloa. Para el venezolano no ha sido necesario, como con el primer ministro portugués, deshacerse en contratos energéticos, ni abrir las puertas a los acuerdos de infraestructuras para las empresas ibéricas.  Un brindis al sol, para Venezuela, que -como le acaban de recordar los saudíes- debe respetar algunas de las líneas rojas de la OPEP. Y brindis al sol, sobre todo para la Moncloa y el Palacio de Santa Cruz, que pretendió solucionar la factura petrolera española con las exportaciones de un país que apenas cubren el 3,7% de la demanda nacional.

Tal vez si quiebra la tradición y cumple sus amenazas con EE UU saque del baúl de la retórica bolivariana de nuevo al supuesto acuerdo con España y a la comisión bipartita que debía concretarlo. Si la Guerra Fría del Caribe desemboca en un embargo o un corte de suministro, Venezuela perderá a su mejor cliente de crudo pesado. No será fácil. En sus batallas contra el “Imperio”  y sus “emisarios”, el venezolano no mide fuerzas. Pero la realidad de Exxon ha golpeado las puertas del reino de los ensueños y de las arremetidas bolivarianas. Y le han dado a Chávez y su economía con ínfulas de autarquía energética el primer golpe en la frente de su niña bonita, Pdvsa, lastrada ya por los problemas de producción, exportación y gestión y las deudas. Por eso ahora Hugo Chávez boquea. Poco más que eso. Corta los lazos diplomáticos y sacude las zozobras de su economía en las espaldas de la diplomacia estadounidense. Eso es todo.

Como tantas veces, sus pataletas a Mr. Danger no acabarán con el corte del suministro. No cercena el cordón umbilical que le permite vender cada día y nutrir con ello las facturas de su imperialismo bolivariano gracias al primer destino de su comercio exterior y regalar 300.000 barriles a sus ‘hermanos en Bolívar’ a cambio de los 1,5 millones de barriles al día. Ahora que el crudo ha perdido la barrera de los 100, sus capotazos se cuidan de poner en peligro un intercambio de 53.000 millones de dólares. Mancha los caminos, pero no tanto como para volver impracticables los atajos que llevan a su principal socio comercial, el mejor destino de sus exportaciones petroleras y el segundo cliente (20%) del resto de su producción.

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