edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
29/09/2008

Chávez le echa el ojo a BBVA y prepara la bala

Ana Zarzuela

Donde posa la mirada pone las balas bolivarianas, las de la hostilidad o las de la nacionalización. Aún no ha acabado el puente de plata con el Santander, pero el Palacio de Miraflores se empeña ya en predicar que pasea su vista sobre BBVA. La reforma de la Ley de Bancos, la venta obligatoria de notas estructuradas, la supervisión y restricción de créditos, la nueva regulación de las tarjetas y la avalancha de leyes habilitantes le delimitan al BBVA un jardín en el que sus paseos cada vez le salen más caros. Chávez cobra cara la tocata y fuga de los inversores por la puerta de las minusvalías. Y no se resiste a estrechar el horizonte de los que se quedan. En la mesa del ministro Ali Rodríguez aún no han repartido todas las cartas. Se lo piensa dos veces antes de digerir al Banco de Venezuela y el abismo en los precios hace el resto. Si no hay acuerdo, el BBVA estará condenado a acaparar todas las miradas de Miraflores. Si sí, FG puede terminar envidiándole la suerte a la escapada del Santander, por barata que sea. En Miraflores comienzan a vestir el humo de una posible negociación con el Banco Provincial, por si acaso. Sea farol o preludio de otra estampida, asustan el miedo de todos y las urgencias de FG.

Para el Santander y el BBVA, de los que depende más del 30% del tejido bancario nacional, la veda chavista nunca se ha cerrado. A lo peor, a Chávez le escuece Humberto Calderón Berti, el socio venezolano de Manuel Jove. Al Banco Provincial -que en los primeros seis meses del año aportó a la matriz del BBVA un 3,1% de sus ganancias- sólo la dificultad del Estado venezolano para digerir hasta ahora más de un gigante bancario a la vez le ha amueblado su trinchera antinacionalizadora y ha blindado sus fortalezas frente a sorpresas. Con una ‘caja tonta’ a mano, Chávez no necesitaba más hasta ahora. Y si consigue aquietar esas aguas ahora, no las sacudirá antes de las elecciones regionales de noviembre. Después, Bolívar dirá.

Chávez azota a los bancos -hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios- con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo y les obliga a la venta de 5.600 millones de dólares en bonos para tratar de secar el mercado de dólares, aún a riesgo de agitar más las aguas inflacionarias y dar el golpe de gracia bancario, que cobrará la zozobra de los papeles públicos a mitad de precio de adquisición y en bolívares. Un jardín en el que llueve sobre mojado para las grandes instituciones financieras. Y para los talones de Aquiles del BBVA Banco Provincial de Venezuela, que en el primer semestre registró un beneficio atribuido de 94 millones de euros, un 61,5% más que en 2007, pero sólo gracias a que al margen de intermediación (+55,6%), el aumento de las comisiones y los resultados por operaciones financieras permitieron compensar el elevado incremento de los gastos de administración, influidos por el alto nivel de inflación.

LABERINTO BANCARIO

No sólo es el Financial Times el  que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Chávez añade nuevos muros a su laberinto financiero, unos predios en los que busca limitar las expectativas de los grandes bancos privados, aún a costa de deshilachar el sistema bancario –que ya registró en el primer semestre una caída de 6,5%, frente a la subida del 24,5% en 2007- y dejar al Estado abocado a ser el cancerbero del miedo de los consumidores. La primera estación del vía crucis de la baca privada en Venezuela, la de la venta obligatoria de bonos, ya les ha pasado factura. La obligación –recién cumplida– de deshacerse de las notas estructuradas –el 67% en manos de cinco bancos-  ha dejado pérdidas no sólo por la devaluación del bolívar, sino por la caída –gracias a la mano de Miraflores y al toque de zafarrancho de combate del ministro Ali Rodríguez - en el precio de los bonos que componen las notas estructuradas en su poder.

La segunda estación, la de la Ley bancaria, aún está en plena digestión. El Plan B de Hugo Chávez a la Ley Habilitante, el atajo legislativo para realizar sus deseos ante el ‘no’ del referéndum de reforma constitucional de diciembre, que les dejado 26 decretos con rango de ley, entre ellos 19  económicos. Una ‘herencia’ que –sumada a la nueva Ley de Crédito para el sector agrario-  promete ser el aperitivo para nuevos topes mínimos de las carteras obligatorias de la banca, por encima del 47% de sus préstamos que destinan ya a sectores específicos como la agricultura, la microempresa, la vivienda, la industria manufacturera y el turismo. Un horizonte que afectará, más que a nadie, a los intereses de FG, cuyo Banco Provincial es el que mayor nivel de intermediación crediticia tiene: un 79,55%.

Miraflores aprovecha que el Pisuerga pasa por Wall Street, pone la mano del Estado sobre el lomo bancario,  ha sentado interventores y supervisores  en las juntas directivas de algunas entidades, ordenó crear un fondo equivalente al 50%  del dinero comprometido en operaciones con Lehman Brothers y Merrill Lynch y mete el dedo en una llaga que es suya: al cierre de agosto el índice de capitalización de diez bancos se ubica por debajo de la exigencia mínima de 8%, gracias, entre otras cosas, a que el gasto del Gobierno introduce una enorme cantidad de bolívares que ingresa a la banca y se transforma en créditos o inversiones en bonos, con lo que el activo crece y se torna difícil que el capital se ajuste continuamente para mantener la proporción de 8%. Y es que en el petroreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros.

El laberinto bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que Chávez puede terminar como el cazador cazado. En manos del Palacio de Miraflores, la ‘maldición de Botín’, la condena a reproducir en las carnes del tercer banco del país por activos y reservas y uno de los más rentables del continente los naufragios que ya Chávez capitanea en el Banco Industrial, Banco del Tesoro, Banco Agrícola y Banfoandes, que pasaron antes por el aro de la nacionalización. Y es que, cuando llegue a materializarse la negociación con el Banco de Venezuela, el Estado se convertiría en el principal agente bancario de la nación: poseerá el 16,44% del total de créditos de la banca y el 24,38% de los depósitos, el 17% de las oficinas y el 21% de los empleados del sector, a lo que hay que sumar la discrecionalidad sobre el manejo de los fondos públicos y de Pdvsa. Ello significa que quedaría por encima del actual líder bancario nacional, Banesco, que controla el 15,26% y 14,14% en ambos segmentos.

Moncloa y el Palacio de Santa Cruz ya han demostrado lo lejos que van a llegar en la defensa de los intereses de las empresas españolas en los predios bolivarianos. Y por esta vez, no es mucho. Y aunque Emilio Botín prefiera ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para salir de un entorno que se ha vuelto irrespirable -y del que ya contaba en salir desde hace meses- las grandes empresas españolas, que han invertido más de 1.700 millones de euros desde 1999,  saben que su guerra a las multinacionales es un suma y sigue para el presidente venezolano, dispuesto a demostrar que, para espanto de las inversiones y zozobra de sus propios bonos y calificaciones internacionales, lo del banco Santander puede ser sólo el aperitivo de la voracidad nacionalizadota que no se sació con CANTV, Sidor o las cementeras. Con esos mimbres, no llama la atención que según Fedecámaras, de las 11.600 industrias que había en 1999 queden hoy 4.600. Amenazar es gratis- recordaba el día antes del referéndum Chávez a las empresas españolas-, nacionalizar puede que también y si no, (con CANTV compró las acciones a saldo, con un descuento cercano al 20% para Verizon), para eso seguirán estando ahí los bolidólares de Pdvsa.

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