edición: 2347 , Lunes, 20 noviembre 2017
28/09/2010
Observatorio Latinoamericano

Chávez, Morales y Correa comienzan su declive en el epicentro de su modelo bolivariano

En una década, Venezuela ingresó 850.000 millones de dólares, pero la producción de Pdvsa cayó un 50% e incrementó un 40% su deuda
Tras más de 3.000 expropiaciones, con una dependencia exterior del 80%, el desabastecimiento es del 14%
Bolivia es el último país en inversión del continente; entierra un 40% del litio mundial y el mayor yacimiento de hierro
Morales, Correa y Chávez
Ana Zarzuela

Iba a ser el germen de una ‘revolución’ bañada en ‘oro negro’, que por primera vez en América Latina -decían los ideólogos cercanos a Chávez- dispondría de suficiente petróleo como para sacudir su autarquía por toda la región. Hoy, una década después, Chávez ha conseguido el más difícil todavía: se ha ‘bebido’ más de 850.000 millones de dólares en hidrocarburos, pero, acabada la resaca del boom del crudo desde 2009, es el ‘general’ en su laberinto de la precariedad. Uno en el que los peajes de la permanencia son cada vez más caros. Se acabaron las ‘vacas gordas’ -no sólo las parlamentarias- ahora que tras las legislativas por primera vez la oposición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), con un 52% del voto popular (según sus cálculos) y al menos 65 escaños (hay varios aún en liza), le ha arrugado la victoria al oficialista PSUV y le arrebata la mayoría cualificada que él necesita. Al líder bolivariano le hacen aguas todas las paradojas de un modelo productivo que convierte a Venezuela en el único país de la región en el que el PIB decrece y la inflación sobrepasa el 20%. La ‘soberanía’ energética ha desembocado en una Pdvsa que rebajó un 50% su producción en una década y en una crisis eléctrica que, tras seis meses de emergencia, aún no le deja ver la luz a Chávez. Tras el tropiezo legislativo le dará otra vuelta de tuerca a su ‘caja petrolera’, aunque ya Pdvsa incrementó en dos años un 40% su deuda y los analistas advierten que -sin aumentar el gasto- sólo podría estabilizar sus cuentas a 89 dólares por barril.

Los presidentes boliviano y ecuatoriano se abrazan a sus recursos energéticos con la misma bitácora bolivariana inaugurada por su ‘padrino’ político desde Caracas: años de nacionalizaciones y expropiaciones, un corsé de restricciones a los inversores y el olvido de los planes estratégicos de las empresas públicas hasta ‘gripar’ el motor económico de sus recursos naturales. Morales, tras los pasos de Chávez, está acabando con las nacionalizaciones de Bolivia en la ruina. El Gobierno es ya la mayor empresa, administra 14.000 millones de dólares en servicios, energía e infraestructuras, pero entierra un 40% del litio mundial sin haber conseguido en ocho años cuajar un plan de explotación y el mayor yacimiento de hierro del mundo, aún no sabe cómo ultimar una Ley de Minas y sólo 17.000 millones de inversión y al menos otro lustro salvarán algún plan de industrialización que hasta ahora no han podido ver la luz. Al Ejecutivo de Rafael Correa, con unos gastos corrientes que duplican a los de 2006, no le salen las ‘cuentas de la lechera’ de sus hidrocarburos, ni aún con los ingresos tributarios más altos de su historia. En los tres últimos años, consumió todos los ingresos petroleros -más de 27.000 millones de dólares- y unos 6 000 millones por préstamos, uso de reservas e inyecciones del FMI. Sólo si consigue aplicarle otra ‘vuelta de tuerca’ a las inversiones de las multinacionales que tienen que cerrar sus nuevos contratos podrá despejar el horizonte de los más de 3.000 millones que necesita Petroecuador para los próximos tres años.

CHÁVEZ, REHÉN DE SU PROPIO MODELO

Se echó a la calle, con ‘cocinas chinas’ a mitad de precio, créditos blandos y tarjetas de crédito para consumo a mano. Vendedor en campaña electoral antes que ‘vencido’. Pero en el silencio de Chávez -sólo dos mensajes en twitter en las primeras 24 horas-, en su ausencia en el 'balcón presidencial de Miraflores  y en su “victora suficiente” palpitan ya todas las heridas del modelo bolivariano. El Presidente tiene -calculan los politólogos locales- dos años, hasta las presidenciales de 2012, para pasar al contraataque, pero tendrá que hacerlo ya con las líneas rojas a la vista de sus 98 diputados, lejos de los 110 que le permitirían gobernar con autonomía. Chávez se arriesga a hacer cierta la sentencia del opositor Ramón Guillermo Aveledo: “el Presidente se derrotó a sí mismo”. Y es que en Miraflores y, sobre todo, en la bitácora del ministro Alí Rodríguez comienzan a pesar los indicadores macroeconómicos. Por más que el ministro Giordani prometa que son sólo los últimos coletazos y que la recesión acabará en el primer semestre de 2011, ni todos los esfuerzos del Presidente Chávez y sus promesas de facilidades al consumo de neveras, o ‘cocinas rojas rojitas’ pueden opacar que a Venezuela se le ha subido la ‘fiebre’ de la estanflación. A pesar de los precios estables del crudo en torno a 70 dólares el barril, el es el único país de toda Latinoamérica con un crecimiento negativo. Son las propias cifras del Ejecutivo las que reconocen que, después de haber caído ya un 3,3% en 2009, el PIB se contrajo un 5,8% durante los seis primeros meses de 2010, a contrapié de todos sus vecinos al sur del Río Grande y el FMI proyecta un declive al cierre del año del 2,5%. Nada que impida que el desempleo la inflación se haya disparado hasta un 19,9% durante el primer semestre del año y que vaya a cerrar 2010 en torno al 35%.

En el que se prometía el ‘reino’ anticapitalista de Occidente, los ‘daños colaterales’ de su guerra al dólar (con un tercer tipo cambiario y el portazo a las casas de títulos valores) le recuerdan a Chávez que es el primer rehén de un laberinto acotado por la estatalización de los medios de producción y la reducción del mercado de capitales. Los dilemas de Pdvsa -seguir nutriendo al Fonden y aumentar su endeudamiento o reponer sus planes de inversión y de operación- le ponen líneas rojas al motor de todas sus revoluciones. Y dejan en riesgo de colapso a la ‘gallina de sus huevos de oro’, Pdvsa, empujada ya a hacer malabares con su terna de obligaciones ‘bolivarianas: asumir pasivos acumulados y futuros para reponer producción, aportar a la caja fiscal del Gobierno y sus planes comunitarios y contribuir a la oferta de bonos de deuda del Ejecutivo para aliviar la crisis cambiaria. El presidente venezolano ha terminado por lastrar lo que interviene: ha engendrado en el Banco Bicentenario a un gigante con tasas de morosidad en el entorno del 20%; Pdvsa redujo su producción en un millón de barriles; perdió  un 35% de beneficios en la ‘era Chávez’, sus ingresos cayeron  un 42% (hasta 4.600 millones, menos de la deuda pendiente con proveedores), y aporta un 76% menos que hace dos años a fondos sociales. Tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior y otros 10.000 con proveedores y contratistas a los que ha empezado a fagocitar por la vía de la nacionalización.

La crisis del sistema eléctrico, después de seis meses de emergencia nacional, es sólo otro espejo para sus contradicciones. Ni las lluvias que llenaron ya el Embalse de Gurí -del que depende un 70% de la generación hidroeléctrica y al que se achacó el colapso inicialmente- ni la inversión prometida por la Administración han servido para alcanzar los 4.000 megawatios adicionales que necesitaba sumar  en un año. Todo lo contrario: el Plan de racionamiento ha desembocado en un ahorro del 6% del consumo eléctrico nacional y, al calor de los problemas de mantenimiento, las limitaciones de la red de distribución y los efectos colaterales de l a sobreexplotación de las turbinas ya conectadas, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) ha incrementado en un 106% las interrupciones mayores a 100 Mw respecto al periodo enero-septiembre de 2009. Y La hidroelectricidad aportó 6.359 Gwh en julio, un 12,5% menos que en 2009, mientras la generación termoeléctrica apenas subió un 4,6% según Opsis (Oficina de Operación de Sistemas Interconectados), apenas la quinta parte de lo preestablecido por las autoridades energéticas, que buscaron en las carreras termoeléctricas las alternativas para superar el colapso.

Ni la movilización de más de 600.000 toneladas de comida en 2009 para subvencionar la cesta de la compra de los venezolanos a través por cierto del ‘brazo alimentario’ de Pdvsa, Pdval, ni el control de los silos de cereales por parte del Estado, ni la intervención en más de 3.900 empresas de alimentación y distribución con la Ley Orgánica de Seguridad y soberanía Alimentaria, o la nacionalización de los gigantes del sector como la cadena de hipermercados Éxito, las amenazas a Polar y el decomiso de 114.000 toneladas de alimentos y nacionalización de la empresa Monaca (de accionariado español) han contenido el doble tentáculo del desabastecimiento y la inflación, que según los analistas locales cerrará el año en torno al 35% en su cota interanual. El escándalo de las 70.000 toneladas del sistema público de alimentos pudriéndose como parte de una cadena de especulación que buscaba amparo en Pdval (compras a precio oficial y ventas en mercado paralelo), evidenció que ni el control del precio básico de los alimentos fijado por el Estado en un país en el que el 80% es de importación le ha podido poner ‘puertas al campo’. Todo lo contrario: los controles represan la inflación y desincentivan la inversión y la producción. De acuerdo con el instituto CENDAS, el precio de la canasta básica se ha incrementado un 46% en los últimos doce meses y duplica ya el salario básico; la inflación cerrará cerca del 30% interanual. “Ningún Estado puede manejar la economía como si fuera un cuartel”, advertía Guerra, el ex director del BCV al Ministro de Alimentación, Félix Osorio. “Venezuela está entrando en zona de alto peligro”. En un 14,5% de los establecimientos del país hay desabastecimiento.

Una crisis que no es coyuntural, ni responde sólo a las fluctuaciones del precio del crudo. Se lo recordaba a la administración la semana pasada, justo antes de las elecciones, un informe suscrito por 26 economistas y ex ministros venezolanos: “el peso de la deuda pública externa se eleva en forma acelerada: los bonos, las diversas modalidades de ventas de petróleo a futuro contra dinero en efectivo para gasto inmediato, los mega-prestamos sin discusión ni aprobación en la Asamblea Nacional, los pasivos del BCV y contingentes por estatizaciones pendientes, permiten estimar en aproximadamente 112.000 millones de dólares la deuda pública externa para finales de 2010”. Venezuela se ha convertido en una “economía de puerto” que ahora no encuentra cómo contener.

Cosas del “capitalismo salvaje” dicen en el Palacio de Miraflores, para explicar la “rebeldía” de las divisas, el mercado paralelo de dólares, su demanda y sus precios; la geografía de la escasez de bienes básicos, la persistencia de la inflación, o los recelos de los inversores internacionales y las compañías multinacionales. Nada prometen los planes del ministro Jorge Giordani que no pueda contener su nueva “guerra a los especuladores”. El Gobierno se ha lanzado a ella en todos los frentes. En el cambiario, con un tercer modelo en manos del Banco Central y la intervención de 24 firmas de “corretaje” y casas de bolsa. En el productivo, con una oleada de expropiaciones, denuncias e intervenciones, más de 3.000 sólo en el sector alimentario. En el político, con la promesa de hacer realidad su modelo de “economía socialista”, de “propiedad con beneficio social” que no pudo conseguir respaldo electoral en su propuesta de reforma constitucional y que ahora impone con el gota a gota de la Asamblea Nacional. Pero después de más de una década de esfuerzos, Chávez ha terminado por levantar uno de los únicos once modelos del mundo de control cambiario (que lo hermanan con China, Myanmar, Libia, Cuba, Túnez, Zimbabwe o Paquistán), pero con un dólar de techo en techo y que lo deja con escasez de billete verde para la revolución. El modelo del Sitme necesita -según los cálculos iniciales de las patronales y de Ecoanalítica- entre 15.000 y 17.000 millones de dólares, sólo para suplir el efecto que hacía hasta ahora el mercado permuta.

Y ni los 2.400 millones que Fogade ha tenido que desembolsar sólo en los dos últimos años por bancos intervenidos, han impedido que la banca pública enseñe sus zozobras. Todo lo contrario. Hoy que tiene casi un 40% del tejido financiero en manos públicas, a la vista de la morosidad de la banca pública -por encima ya del 8% de media, el 17% en el Bicentenario o el 49% en el Industrial- y de sus niveles de intermediación, a Miraflores le urgen las entidades privadas. En la mesa del PSUV y la Asamblea Nacional espera para ver la luz la propuesta para tocar las reservas internacionales, meter la mano a los “excedentes” del BCV, aumentar las obligaciones crediticias con programas públicos -de más de un 47% ya hoy-, mover de nuevo el techo y el suelo de las tasas de interés, elevar del 3 al 10% la obligatoriedad de concesión de microcréditos y duplicar hasta el 30% el ‘encaje legal’, por igual para todos los bancos.

‘LAS JOYAS’ DE SU REVOLUCIÓN SE LE QUEDAN SIN BRILLO

Petróleos de Venezuela ha reducido su producción en un millón de barriles, arrastra el lastre de 92.000 empleados -casi el triple que hace ocho años- y tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior; otros 19.000 con proveedores y contratistas a los que ha empezado a fagocitar por la vía de la nacionalización y 40.000 millones de dólares en juego en juicios arbitrales. Y es que Pdvsa es la primera rehén de su laberinto: en la Memoria 2009 reconoce que ante la caída de sus ingresos retrasó pagos y exigió a todas las empresas de servicios, incluyendo taladros, una rebaja de tarifas; las que no se acoplaron -casi una veintena- acabaron en la sala de espera de las nacionalizaciones. No es nada, en realidad, que no haya sucedido ya, en la senda de las estatalizaciones, con el desaparecido Intevep, con la crisis de las empresas de Guayana, el Metro de Caracas, o  la Electricidad de Caracas. Pero, en la piel de Pdvsa, esta vez la ‘habilidad’ anti-Midas del presidente bolivariano empieza a pasarle facturas más que energéticas y económicas. Sigue sus pasos Sidor: apenas 25 meses de estatalización han conseguido que el gigante de la siderurgia americana haya dejado de ser rentable, ha perdido un 76% de capacidad operativa, su producción se ha rebajado a 90.000 toneladas de acero líquido por mes, frente a las 358.000 que producía en los últimos momentos de su gestión privada, hay retrasos en los pagos a contratistas y ni siquiera su exención -extraoficial e involuntaria- de aportar recursos al Estado o al gasto social alivian sus ‘rojos’, a pesar de que repartía hasta su intervención más de 2.800 millones de dólares de beneficios a sus accionistas y más de 1.000 millones de dólares a fondos sociales públicos.

Por eso, ni su juego de ‘cajas’ -con Pdvsa al frente y las empresas nacionalizadas como la telefónica CANTV y el Banco Bicentenario heredero de el Santander como nuevos ‘aportantes’- ni el zigurat de su cadena de Fondos Públicos a medida serán suficientes. No lo han sido ya. En ocho meses gasto público registró una caída de 6,5%, pese a ser un año electoral y a que el 21% del presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional fue a través de créditos adicionales. El Fondo Nacional de Desarrollo (Fonden) creado en 2005 ha recibido 67.000 millones de dólares en sus cuatro años y medio y, según el ministerio de Finanzas, ha financiado más de 600 proyectos, pero no publica informes financieros oficiales. Con unas reservas que ha caído en 6.680 millones de dólares en lo que va de año, (casi un 20%), a Chávez, otra vez, le faltan ‘billetes verdes’. Sólo en 2009 la deuda en dólares creció un 32%, hasta los 61.626 millones. Los fondos acumulados entre 2005 y 2009 y el acceso a ocho ‘cajas’ a medida ((Fondo Miranda, Fondo Chino, Fondespa, Bicentenario, Ganancias Súbitas, Miranda, Mao etc.) han estado reduciéndose y en buena parte ya fueron utilizados en 2009. Para financiar gran parte de los créditos adicionales, el Gobierno cuenta con el Fondo Miranda (que suele recibir los excedentes de ejercicios pasados y los ingresos adicionales), pero en el primer semestre del año se han autorizado operaciones extraordinarias por 13. 000 millones de bolívares y ante ese monto de créditos, la disponibilidad del Fondo Miranda se encuentra en 2.500 millones de bolívares.

Lejos queda 2006, cuando Chávez paseaba los galones de la entonces mayor petrolera de Latinoamérica, el tercer proveedor de crudo en los mapas de George W. Bush y aseguraba que estaba listo para ser el “proveedor de todo Occidente”. Hoy ha perdido un millón de barriles de capacidad productiva, aporta un 76% menos a fondos sociales y, con más de 24.000 millones de dólares de deuda, depende de la voluntad de las multinacionales y de créditos foráneos por más de 50.000 millones de dólares. Nada puede seguir igual para Petróleos de Venezuela. Aunque el Estado Venezolano tiene los más bajos niveles de rentabilidad de sus bonos, del 15,55%, los bancos de inversión y los analistas descuentan que Pdvsa aún tenía capacidad de endeudamiento, pero no más allá de un año. Y es que, paradojas chavistas, el quinto exportador mundial de crudo derrapa sobre las segundas reservas mundiales (211.173 millones de barriles) y Pvdsa es ya la ‘oveja negra’ de las grandes petroleras paraestatales mundiales.

Ni el precio del crudo, por encima de los 70 dólares, ni  la actividad de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), de la que depende directamente el 50% del Presupuesto Gubernamental han ayudado. Todo lo contrario. El músculo petrolero flaquea, producción  ha pasado de 2,9 millones de barriles en 2005 a 3,1 millones en 2009 y de nuevo 2,7 en julio, con casi el triple de personal- y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso del buque insignia de la estrategia energética venezolana no mejora. A Petróleos de Venezuela no le llegan las divisas al cuello de sus urgencias y las de Miraflores. Las divisas no han alcanzado para los nuevos ‘mejoradores’ de  la faja del Orinoco, se ha tenido que conformar con arrendar buques para la explotación offshore con más de tres décadas de vida; ya ni cumple el contrato colectivo porque carece de recursos.

Hasta el papel de Pdvsa como ‘caja de caudales’ de la revolución ha empezado a erosionarse. En los últimos doce meses, sus aportes al Fonden cayeron un 95%, hasta los 569 millones de dólares. Ya durante 2009 destinó 1.555 millones de dólares a la compra de alimentos, un 29,3% menos que el ejercicio anterior y ni el escándalo de ‘Pudreval’ (como la conocen ya los venezolanos), opaca que la red de Pdvalitos, los establecimientos  dedicados a distribuir toda esa comida, se redujo en un 39% durante los últimos doce meses. Durante 2009 sólo pudo entregarle al BCV 6.677 millones de dólares, apenas un 42,7% de los ingresos del país por crudo y arrastra cuentas por cobrar de 16.000 millones desde el año pasado. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año. Esto elevó la relación entre su deuda y patrimonio desde 9 a casi 30%. Nada que pueda volver a repetir, no al menos con la cooperación de los mercados: el último préstamo de 20.000 dólares de China a cambio de hipotecar al futuro el petróleo venezolano, con el suministro de 120.000 barriles por día sin detalles, ha encendido las luces rojas del crédito de Pdvsa, por más que Ramírez insista en que la ‘hipoteca china’ no tiene a la petrolera, sino al conjunto del Estado como deudora.

Además, las zozobras petroleras no están solas en el mapa de las energías estatales de Chávez. En los últimos meses, Venezuela se ha visto obligada a importar más combustibles por la parada de las refinerías. Como se atrevieron a advertir ya los técnicos y ex directivos de Pdvsa y Corpoelec: suma y sigue la escasez de gasolina, no hay suficiente energía en las plantas para generar las mejoras en las petroquímicas. La ‘ecuación’ se ha complicado aún más con el déficit de suministro de gas a las plantas de generación térmica para intentar driblar la emergencia eléctrica. Del plan para incorporar casi 6.000 megavatios en nuevas plantas termoeléctricas, al cierre de julio se había cumplido alrededor de 20%, según cifras del Ministerio de Energía Eléctrica, por lo que se espera que el consumo interno de combustibles seguirá creciendo este año.

PDVSA ‘PINCHA’ ANTE LA CASA BLANCA Y ANTE SUS ALIADOS

Atado cada vez más a Pdvsa, el Palacio de Miraflores teje una nueva capa en el manto de sus dependencias comunes. La petrolera estatal se ha convertido no sólo en la caja del 90% de sus divisas y el 60% de sus planes sociales oficiales, sino en el principal grifo que sigue abierto a la liquidez de los mercados internacionales. Pero condiciona sus planes estratégicos y sus mapas exteriores al son de las urgencias de Palacio. No sólo es que Venezuela vende este semestre un 34% menos al conjunto de sus vecinos en toda la región, además de una caída general de las exportaciones del 39% durante todo 2009 y un bajón de las exportaciones de crudo (desde 2,43 mbpd en el segundo trimestre de 2009 a 2,29 en los tres primeros meses de 2010). Es que, a la vista de las urgencias crediticias y el nuevo préstamo con fines energéticos de 20.000 millones de dólares (que suma y sigue al que lograron hace tres años), China se ha convertido ya en el cliente preferencial de Pdvsa, en detrimento del vecino del Norte: los envíos de productos petroleros norteamericanos han caído un 60% interanual a cifras de junio, el mínimo desde que las autoridades norteamericanas llevan registro. Y ni la oposición venezolana ni Pekín olvidan además que al menos unos 10.000 millones de dólares (la mitad e ellos en renminbi) esperan ser destinados a proyectos de cooperación conjunta.

Si hasta ahora, las ‘zozobras’ de la petrolera de cabecera de Miraflores se ventilaban en casa, han empezado a salpicar más allá de sus fronteras. La propia Memoria y Cuenta 2009 de la petrolera publicada por El Universal entona los detalles: con Petrocaribe, “hubo problemas para impulsar los proyectos de construcción de infraestructuras energéticas por la poca o ninguna capacidad financiera de los socios”, además “se registraron retrasos en los pagos y transferencias para la operación de las empresas mixtas y cancelar obligaciones a los contratistas”. No se pudo avanzar en el complejo refinador con Ecuador, cumplir con el plan de estaciones de servicio de Argentina, ni su proyecto de regasificación. Los analistas descuentan que esa generosidad bolivariana que le ha llevado a donar 53.000 millones de dólares a 33 países -casi un tercio a Cuba- en su década de gobierno, a reflejar en sus informes 11.500 barriles diarios de diésel a Bolivia, o dos torres de perforación con personal (como las que escasean en Venezuela) será pronto un viento de otra historia.

BOLIVIA Y ECUADOR, LOS ECOS DEL MODELO

Chávez, Correa y Morales tienen a mano la sextas reservas de petróleo y las octavas de gas del mundo en Venezuela; disponen de las segundas reservas de gas del continente americano y los primeros depósitos mundiales de litio -el 50% del total- en Bolivia y Ecuador asumió la presidencia de la OPEP haciendo valer sus galones de quinto exportador de crudo. Pero ni el embeleso bolivariano puede ya perder de vista que las que quisieron ser los tres vértices del poderío hemisférico están ya más cerca de consagrarse como el ‘Triángulo de las Bermudas’ del continente americano. A contrapié de sus vecinos -Perú por ejemplo espera inversión privada por 38.000 millones de dólares hasta 2012- la Bolivia de Morales toca a la fuga de los inversores internacionales: según datos de la Fundación Milenio y del BCV, en el primer trimestre del año, la IED neta disminuyó un 23,3% respecto a 2009, apenas llegaron al país 45 millones de dólares. Sólo su ‘traición’ a la ortodoxia bolivariana, su política fiscal y la flexibilidad en administrar una banda cambiaria móvil le han permitido a la economía boliviana crecer un 3,4% en 2009 -en un país donde más de 60% de la población está en la pobreza y la mitad de ellos en la extrema pobreza-, acumular unas reservas de 8.400 millones de dólares bordeando el 47% del producto nacional y pasar el aprobado del FMI. Entre 2004 y 2008 el Estado obtuvo ingresos de 3.500 millones de dólares, pasando de una recaudación per cápita de 58 a 401 millones de dólares.

Pero otra cosa es su capacidad para la gestión de los recursos naturales y el cambio de modelo productivo. Y es que, Morales entierra un 40% del litio mundial y el mayor yacimiento de hierro del mundo; aún no sabe cómo ultimar una Ley de Minas para el Potosí. El Gobierno es ya la mayor empresa, administra 14.000 millones de dólares en servicios, energía e infraestructuras. Pero en el cuarto aniversario de la estatalización de la petrolera YPFB, no ha conseguido explotar un gramo de litio de Uyuni, ni acero de la mina de El Mutun; En el sector minero, a pesar de los precios record del oro y de haber aumentado un 53% durante el primer semestre del año los ingresos por regalías, la esperanza de la industrialización sigue pasando por la explotación de hierro y producción de acero con una inversión de 2.100 millones de dólares por parte de Jindal. No hay infraestructuras ni vías de transporte mineras y a pesar de que sus regalías se han incrementado un 120% en 2009, no hay planes de industrialización. La sugerencia de García Lineras y los asesores de Presidencia es retrasar la estatalización de las distribuidoras eléctricas (de REE e Iberdrola). Hasta el vicepresidente advierte que sólo 17.000 millones de inversión y al menos otro lustro de espera salvarán algún plan de industrialización que hasta ahora no han podido ver la luz.

A cuatro años de la nacionalización de los hidrocarburos un 1 de mayo de 2006 y del relanzamiento de su gigante estatal YPFB, a pesar de que sus regalías mineras se han incrementado un 120% en 2009, no hay ni rastro de planes de industrialización. Tanto que sólo la carencia de infraestructuras mínimas explica que aún Bolivia tenga acumuladas ya en el Mutún 80.000 toneladas de concentrados de acero extraído desde los años 80, con un valor de mercado -según sus cálculos- de más de 500 millones de dólares, de las que no ha podido desembarazarse. Un horizonte que no impide que Morales acelere la huida hacia delante de su Ley de Minas, aún en plena redacción.

Morales respira también aún por las grietas de su ‘gigante’ energético estatal: un informe gubernamental reconoce los problemas que lastran la cadena productiva de los hidrocarburos: desde la falta de conocimiento sobre las reservas probadas (no se certifican desde 2004) a la falta de competitividad e incentivos para las empresas, o la “corrupción” de YPFB. Hoy, aunque Bolivia dispone de las primeras reservas de gas del continente americano, la falta de inversión para incrementar la producción de líquidos y la ausencia de una política para el abastecimiento del mercado interno sólo han ayudado en estos cinco años a que ya no le llegue la camisa del GLP al cuello de un consumo que iguala la producción (1.000 toneladas métricas diarias). La Cámara Boliviana de Hidrocarburos (CHB) le recuerda que YPFB tiene que importar más de la mitad de los carburantes del país y que del centenar de planes de industrialización que YPFB prometía, hoy sólo dos entran en ese saco (el proyecto de amoniaco-urea, la conversión de gas a líquidos. Y sabe que sus planes para casi duplicar la producción local pasan por inversiones foráneas de más de 1.200 millones de dólares para las dos plantas de separación de líquidos que pretende construir en dos años y la refinería del Altiplano.

A fines de 2005, la venta de hidrocarburos, interna y de exportación, eran 1.500 millones de dólares anuales, y sólo 300 quedaban al Estado. Hoy, con la nacionalización, supera los  2.000 millones de dólares para el Estado. Pero no hubo modernización del sector eléctrico ni del gas,  ni YPFB cuenta con la logística necesaria para la distribución del GLP. Por primera vez en más de cuatro décadas, Bolivia ha tenido que importar durante el año pasado gasolina y GLP de consumo interno de Chile y Argentina. Y a la vista de las rebajas de sus contratos de explotación, será sólo el principio de su dependencia en derivados. La ampliación del Gasoducto Al Altiplano (GAA) aún está en construcción y su aprovechamiento, además, está condicionado a la conclusión del Gasoducto Carrasco-Cochabamba (GCC), que estaba prevista para 2010. YPFB sólo ha conseguido ponerle ‘apellidos’ a la mitad de los 7.561 millones de dólares que necesita para su Plan Estratégico a cinco años. Y junto a 1.000 del Banco Central y 1.860 de recursos propios, los demás procederán -ésas son sus intenciones- de las petroleras extranjeras, 763 millones de dólares sólo en 2010, un 80% del total, a pesar de que es YPFB la que dispone del 80% de las reservas y su explotación. 

NI SOBERANÍA NI INVERSIÓN

Nada que no haya reproducido, olvido a olvido, Rafael Correa en Ecuador. Tras tres años de amenazas y dos de control militar de la estatal Petroecuador, sólo consiguió la huida de cuatro grandes empresas multinacionales y una rebaja de la producción privada del 14,4%. Si buscaba su modelo de “soberanismo” en los espejos del miedo, ya sabe que la ‘fuga’ no será gratis: los 4.000 millones de dólares de las compensaciones lo frenan. Más aún ahora, que -al calor de las deudas de Petroecuador- no ha tenido más remedio que firmar, hace menos de un mes, un segundo crédito con Beijing, que no sólo suma hasta 2.682 millones la deuda del socio menor de la OPEP con el gigante asiático, sino que lo obliga a la venta anticipada de petróleo, a un 7,2% de interés y a dos años de plazo (uno de los más caros del sector) durante los que debe entregar a China 96.000 barriles diarios, casi un quinto de su producción global y ver cómo el gigante asiático recibe el petróleo y permite que el Trader Castor Petroleum lo revenda con un diferencial menor.

Al Ejecutivo de Correa, con unos gastos corrientes que duplican a los de 2006,  no le salen las ‘cuentas de la lechera’ de sus hidrocarburos, ni aún con los precios del mercado internacional a su favor y los ingresos tributarios más altos de su historia. Como le advierten los analistas del sector, su política lo está encerrando en un círculo vicioso de endeudamiento para profundizar en su estrategia de extractivismo y viceversa. Cada vez necesita pagar más para acabar exportando petróleo. Entre 2007 y 2009 el ingreso por exportaciones de petróleo y derivados fue de 27 000 millones de dólares. En costos y gastos de Petroecuador se emplearon unos 9 000 millones, un valor similar ingresó al presupuesto estatal, pero otro tanto se consumió en subsidios. Todos los caminos de los recursos de Ecuador pasan, para Correa, por la inversión y por la ‘pesca’ impositiva. Y ambos tienen el apellido de las multinacionales. Nada nuevo: en los últimos diez años Petroecuador ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas. Sólo si consigue aplicarle otra ‘vuelta de tuerca’ a las inversiones de las multinacionales que tienen que cerrar sus nuevos contratos podrá despejar el horizonte de los más de 3.000 millones que necesita Petroecuador para los próximos tres años. Tras las huellas de Repsol, Andes, Petrobras o Perenco miran a las carreras de la exploración en Brasil, en Golfo de México y en Colombia.

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