edición: 2306 , Martes, 19 septiembre 2017
06/03/2009

Chávez, ni come ni deja comer al Santander

Silencio. Y más cortesía de la prevista después de casi un año de olas y negociación. Hugo Chávez se entrega al ‘arroz’, a la intervención estatal de la estadounidense Cargill, y mira sólo de reojo los más de 5.000 millones de nacionalizaciones pendientes de digerir. Juraban en el Palacio de Miraflores desde hace meses que todo estaba listo para la ‘tocata y fuga’ del Banco de Venezuela. Pero no llegará. No, al menos por ahora. Tampoco la rendición pública de los sables o las explicaciones del ministro Ali Rodríguez. Nadie las espera, ni en Caracas ni en Boadilla. Reina la inercia, de parte y parte. En Caracas, el Santander trabaja, con las maletas hechas pero quietas y la rentabilidad máxima por bandera. Emilio Botín ya hace mucho que está abierto a salir del enredo bolivariano. Si hay puente de plata, perfecto; si no, seguirá llenando la hucha’, como FG con el Banco Provincial, el más rentable del país. Siempre, claro, que Chávez y su nuevo laberinto bancario se lo permitan. Pero ya se encargarán en Miraflores de que no pueda desprenderse del Banco de Venezuela  si no es con ellos como anfitriones. Chávez no nacionaliza ni dejará que otros compren tan fácilmente. Víctor Vargas y los demás tienen cerradas las puertas, al menos las oficiales. Así empezó el baile.

Las relaciones con los Botín y Michel J. Goguikian no eran malas y Hugo Chávez sabe que el ruido no le beneficia: con la que está cayendo y el antecedente de Stanford, en Miraflores no quieren dar espacio a más salidas ni de clientes ni de inversores. De hecho, más de ocho meses de negociaciones y amenazas no han erosionado las cuentas del Santander ni su cartera de clientes. Todo lo contrario. Pero para Santander y BBVA, de los que depende más del 30% del tejido bancario nacional, la veda chavista nunca se ha cerrado. Chávez exprime entretanto a la banca. Si no gana en precios, ganará en apreturas. Y es que a Hugo Chávez no le salen las cuentas. Hasta tal punto que en el Palacio de Miraflores estudian ya una propuesta para la subida del IVA en 15 sectores, ahora que las elecciones son agua pasada, y nuevos tributos al sector financiero, como el impuesto al débito bancario. Chávez ejerce con las presiones lo que no puede con el regateo. Las nuevas tasas bancarias, la sombra del nuevo 'corralito' que descuentan los analistas, la venta obligatoria en su momento de las notas estructuradas, la supervisión y restricción de los créditos, la presión de las denuncias del Indecu, la nueva regulación de las tarjetas y la avalancha de leyes habilitantes, le marcan a BBVA -y sus compañeros del sector- los límites de un jardín en el que sus paseos cada vez le salen más caros.

El Palacio de Miraflores estaba dispuesto, antes de fin de año, a desembolsar 1.500 millones de dólares -1.200 en cash y 300 en deuda- sobre la mesa en octubre. No se pudo. Las cuentas y el calendario de Chávez se han encargado de aguar la fiesta. La nacionalización del Banco de Venezuela no llegó a ser el regalo de la fiesta de la Hispanidad para Chávez, ni la ofrenda para sus huestes en las elecciones regionales de noviembre, ni el presente para celebrarse el referéndum del 15 de febrero. Al presidente venezolano no lo disuaden ni el horizonte de un sistema financiero descabezado e ineficiente -advierte Sudeban-, ni el antecedente de la quiebra del propio banco bajo la mano estatal en los años noventa y las zozobras de las entidades estatales Banco Industrial de Venezuela, Banfoandes, el Banco del Tesoro y el Banco Agrícola.

La experiencia del Gobierno al frente de entidades financieras no es alentadora. El Banco Industrial de Venezuela presenta los mayores índices de morosidad, registra pérdidas y está descapitalizado. Chávez tiene la antesala llena: cinco nacionalizaciones por más de 5.000 millones de dólares y su catedral económica insostenible, con el crudo venezolano a menos de 40 dólares. Aunque el Palacio de Miraflores rebajara como quiere el precio desde los 1.200 hasta los 800 millones de dólares -nada mal para Botín de todas formas- el Fondes no tiene liquidez a la mano. Las reservas internacionales de Venezuela cayeron un 29,85% en febrero, hasta los 29.422 millones de dólares, días después de que el presidente Hugo Chávez pidió al Banco Central el traspaso de más de 12.000 millones de dólares para invertirlos en proyectos públicos.

Santander ha invertido un total de 669 millones de dólares en Venezuela: en 1996 compró, por 351 millones de dólares, el 93,38% de Banco de Venezuela, en la subasta de su privatización, después de que el Estado solventara la crisis en la entidad. En 2000 se hizo con Banco de Caracas, por 318 millones, fusionando ambas entidades en 2002. En los últimos siete ejercicios, le sacaron al banco ganancias por 1.617 millones de dólares, 61 veces el capital social, además de las ingresos por todo lo que le vendieron al banco, incluso el sistema Altair, por casi lo que les costó el banco. Pero Emilio Botín prefiere ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para salir de un entorno que se ha vuelto irrespirable y del que ya contaba en salir desde hace meses. La rentabilidad es altísima, pero el día que haga las maletas habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá -con cualquier precio superior a 900 millones de dólares- casi 200 de prima. Más aún si mantiene su presencia en suelo caraqueño gracias a su banca de inversión y a Bancrecer.

Lo de FG es peor, seguirá atrapado en un laberinto sobre el que todos los analistas encienden ya las luces rojas, uno acotado por una tasa ´overnigth´ disparada, la morosidad vinculada a una inflación sin techo, las obligaciones crediticias de las entidades con los programas estatales, el impacto de los bonos tóxicos, la amenaza gubernamental de nacionalización o cierre y la negativa a cualquier forma de rescate. BBVA -segundo en Cartera de créditos y tercero en Captaciones del Público- no es ajeno al tono de la banca venezolana. Los mayores ingresos del sector al cierre de 2008 provinieron de la cartera de créditos -el 61,36% de los Ingresos Totales del sistema-. La menor rentabilidad en la cartera de inversiones y la mayor actividad económica del país ha permitido dirigir menos recursos a inversiones y en su lugar se han canalizado mayoritariamente a la cartera de créditos.

Por eso Francisco González acelera, por si acaso, al mismo ritmo que Hugo Chávez amasa los últimos cartuchos de tiempo con el Santander y se dispone a apretar sus puños sobre todo el sector. Sea nacionalización o asfixia para el BBVA, tratará de hacerlo con las arcas llenas. Como el Santander, desde hace meses. Ni su dirección ni su centro de estudios esconden que Venezuela coquetea ya con la recesión, como tarde en 2010. Las restricciones al crédito, las líneas rojas de Cadivi, las obligaciones con el Estado, la inflación, la caída del consumo y las nuevas normativas financieras le estrechan el horizonte. Y, antes de que le amarguen la fiesta caraqueña el mercado o el Palacio de Miraflores, FG adorna el sudoku de los beneficios y hace acopio de resultados para que la travesía ya haya merecido la pena, aún en el peor de los escenarios. Si entre 2003 y 2007 el Banco Provincial ganó más de 1.555 millones de dólares y recuperó hasta 13 veces el capital social, en los dos últimos años le ha dado cuerda a los beneficios: 601 millones sólo en 2008, un 33% más que en 2007, lo justo para superar el techo de la inflación venezolana que el propio banco descontaba.

ORDEÑA EL LABERINTO BANCARIO

La Ley bancaria sumada a la nueva Ley de Crédito para el sector agrario prometen ser el aperitivo para nuevos topes mínimos de las carteras obligatorias de la banca, por encima del 47% de sus préstamos que destinan ya a sectores específicos como la agricultura, la microempresa, la vivienda, la industria manufacturera y el turismo. Un horizonte que afectará, más que a nadie, a los intereses de FG, cuyo Banco Provincial es el que mayor nivel de intermediación crediticia, un 69% en 2008.

En el caso de los servicios sin fines de lucro y organizaciones como Mercal, Pdval y similares, la banca ya está obligada a hacer sus operaciones de forma gratuita. Ha tenido que operar en un entorno cada vez más regulado: 47 de cada 100 bolívares que se dirigen al crédito deben ir a tasas de interés preferenciales, a sectores considerados estratégicos: agro, turismo, microempresas, vivienda y empresas manufactureras. Ya desde el segundo semestre de 2008, las entidades bancarias actúan con cautela en la emisión de plástico y en el otorgamiento de créditos y se espera una mayor reserva para las líneas crediticias en todo 2009, no sólo porque la economía que se desacelera con fuerza, también porque se está incrementando la fiscalización de entes como Sudeban y Cadivi sobre un laberinto demarcado por el el elevado perfil de riesgo de las tarjetas de crédito, la incapacidad de los bancos para crecer debido al limitado capital que poseen y el alto nivel de intereses de las tasas activas.

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