edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
14/10/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Chávez no tiene quien le compre el petróleo de Pdvsa y quiere más de España

El repudio de EEUU, la competencia de PEMEX y Petrobras y la deuda de sus socios de Petrocaribe descomponen el mapa de Pdvsa
Acelera con España; a Caracas le urge concretar el Fondo que no pudo consumar en 2009 y busca colocar 200.000 barriles diarios
Ana Zarzuela

Ha mirado al Este y paseado por cuatro continentes, se lanza ahora por primera vez a las rebajas fiscales en la alianza con las multinacionales y baraja sus planes petroleros en la misma mesa que las inversiones militares y comerciales con Pekín, Moscú y Teherán, todo para forjar su independencia del mercado norteamericano y consumar una nuevo mapa exterior para su ‘oro negro’. Pero a Pdvsa le duele la herida exterior y sangra por las grietas del repudio de Washington, que ha reducido sus compras de petróleo a Caracas a la mitad: las exportaciones -de las que depende el 94% de los ingresos públicos y sobre todo el 65% de las divisas- no tienen quien las compre; no al precio y con la solvencia que necesita para comenzar a suplir a su principal cliente, ahora que Obama busca alternativas y que Venezuela ya no es su segundo suministrador. Busca apellidos para crudos muy pesados. Brasil no los necesita, los 17 países ‘hermanos’ en el ‘oro negro’ de Petrocaribe visten de deuda impagada los 200.000 barriles diarios que les vende, le deben más de 2.000 millones de dólares y la mayoría sólo puede pagárselos en bonos o en bienes y servicios.

Irán no consuma el acuerdo de compra de gasolina y la venta de crudo a Pekín y Moscú no nutrirá las arcas de Pdvsa, sólo pagará el crédito de 8.000 millones de dólares que acaban de otorgarle. Ni el descenso de la producción a niveles de hace más de 15 años, ni el aumento del consumo interior opacan que el excedente de exportación ha tocado este mes su mínimo en 25 años, 1,20 millones de barriles por día, la mitad que hace diez años y que el ingreso por exportaciones de petróleo será la mitad que el año pasado.

Hugo Chávez y el presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, miran a la Unión Europea, tratarán de buscar una ‘vacuna’ para la rebaja del 25% en sus exportaciones al Viejo Continente. Aún no han concretado la alianza energética prometida con Madrid en septiembre, pero en Miraflores quieren mucho más que un millón de barriles al año en un mercado que consume casi 50 millones de barriles; no han enterrado la idea de “dar petróleo” de por vida a España que Zapatero les prometió y sólo la desidia de la burocracia caraqueña salvó a España, y ahora, como poco, prometen conformarse sólo con 200.000 barriles por día cuando la Faja del Orinoco -y Repsol en ella- estén a pleno rendimiento. De Moncloa quieren mucho más que un mercado seguro, con pago en efectivo. Se lo servirán de nuevo en la bandeja de la diplomacia con el primer viaje de ZP a Caracas en 2010, si no pueden colarlo antes en la agenda de su presidencia europea. Ramírez ya le ha explicado también a Sarkozy que quiere que Total le compre parte de los 1,2 millones de barriles que espera producir en Carabobo, a cambio de la vía libre para acceder a la Faja.

A Pdvsa le tiembla ya la piel exterior. La americana, para comenzar, tanto que en el ministerio de Ramírez empieza a pensar que como aventuraba el venezolano Juan Pablo Pérez, uno de los fundadores de la OPEP, para el país el petróleo no es el oro negro, sino el “excremento del diablo”. Lejos quedan sus líneas rojas de hace apenas cinco años, cuando Petróleos de Venezuela era el quinto exportador de crudo del mundo y contaba con la seguridad de destinar más del 70% de su producción al mercado estadounidense, estable y con pagos en efectivo. Chávez mira a Obama con la promesa de no irse, siete refinerías, 10.000 gasolineras y las zozobras de Citgo -a la que tendrá que inyectarle ahora liquidez para aliviar sus 1.000 millones de deuda- pesan mucho en su principal socio comercial hasta 2008, el mejor destino hasta ahora de su producción petrolera. Cada vez los tentáculos de sus hidrocarburos dependen más de su mercado: ya destina a él el 74% de sus exportaciones petroleras. Pero es el mercado norteamericano el que ha empezado a salirse de la bitácora energética de Hugo Chávez.

Es mucho más que el desencuentro con la Casa Rosada lo que han cosechado diez años de su Gobierno. Como los analistas le recuerdan, Washington puede comprar el suministro venezolano en muchos sitios. Ya ha empezado a hacerlo: hoy sólo le compra le compra crudo a Caracas por 9,6% de sus importaciones -niveles de hace 20 años- cuando antes de que Hugo Chávez llegara al poder, importaba casi el 17%. Incluso México ha desbancado ya al Gobierno de Chávez como abastecedor a EE UU, después de Canadá -que aumenta su ventaja- y con Arabia Saudita pisándole los talones. Ya desde finales de 2008 comenzó la disminución de las exportaciones a Norteamérica (12,4%) y Europa (15%), que han tocado fondo en 2009.

Paradojas de su laberinto energético, Chávez se puede convertir, sin querer, en el mejor aliado de la política de autonomía energética de Barack Obama: por más que se empeñe el ex ministro Rodrigo Cabezas, Washington ya ha comenzado a encontrar sustitutos para el crudo venezolano, Petrobras tiene planes de ampliar sus inversiones en esa nación. Alrededor de 354.000 barriles de petróleo por día procedentes de Brasil han reemplazado parte de los 500.000 barriles diarios que Venezuela ha dejado de exportar a Estados Unidos en los últimos meses. Pero Venezuela no tiene donde colocar de la noche a la mañana 1, 2 millones de barriles diarios de petróleo, un volumen que precisa refinerías de conversión profunda. Además, más de un millón de barriles diarios de crudo en el mercado mundial hoy ubicarán los precios del crudo a menos de 30 dólares el barril.

Se lo recuerda el informe de Ramón Espinasa, ex economista jefe de Petróleos de Venezuela SA y hoy economista del Banco Mundial. A ese ritmo no llegará a los tres millones de barriles que prevé extraer en la Faja del Orinoco en diez años. O los 6 millones de bpd del horizonte que se dibujó para 2012. Y ni el colapso de su producción durante el primer semestre, que ha tocado los mínimos en 25 años, de 3,3 millones de barriles en 2002 a 2,21 millones hoy -lastrada por la reducción de la actividad de los taladros asociada a la expropiación de las actividades en los pozos de Occidente y Oriente- ni las 223 alianzas energéticas que jura haber sellado con 40 países opacan que a Pdvsa le desenfoca el mapa de sus exportaciones, no ha conseguido suplir sus mercados tradicionales, ahora que Washington le da la espalda al crudo venezolano y que Colombia acaba de ver cómo le cierra la puerta del desencuentro político.

Con la carrera del gas venezolano aún muy incipiente, Caracas necesita vender petróleo y derivados. Y cobrarlo en dólares. No sólo genera el 65% de los ingresos, sino el 95% de las divisas. Lo sabe Cadivi. Y Lo sabrán las multinacionales que lleguen a la Faja del Orinoco cuando el gobierno abra la licitación en 2010. Hasta ahora, ya se sabe que estarán obligadas a construir tres mejoradores, para poder darle salida en mercados exteriores a su crudo extra pesado. Le da cuerda a las alianzas con las multinacionales, será por primera vez desde que llegó al poder en 1999, a golpe de rebajas fiscales, más de un 16%. Lo hará a cambio de la construcción de mejoradores con los que refinar y subirse a la carrera exterior de los productos derivados. Poco le importa que la producción de las empresas mixtas haya caído en tres años de 346.000 barriles por día a 267.000, sobre todo en el Orinoco.

Petróleos de Venezuela busca en la baza de la exportación de gasolina la ‘vacuna’ a las costuras exteriores de su sector petrolero, promete duplicar las ventas al exterior cuando acabe la ampliación de sus dos unidades de refinación de El Palito y Cardón el próximo año. Pero la carrera de los derivados aún deja a Pdvsa fuera de juego: el informe Stratford le ha encendido las luces rojas de la gasolina. La demanda interna subió un 23% en cuatro años, pero la producción sólo un 10%. Es la propio OPEP la que recuerda que Pdvsa tiene escasez de combustible, en julio sólo produjo 309.000 barriles diarios y apenas pudo exportar 22.000, mucho menos que en toda la década pasada. Y si esperaba consumar la ‘vacuna’ de sus productos refinados en el mercado carioca, ya Lula da Silva y Petrobras le dejan claro que es imposible: aunque la estatal brasileña acceda a la construcción de la refinería Abreu a dos manos, Pdvsa no podrá distribuir sus productos a precio de coste.

Con cada paso de su ‘diplomacia petrolera’ le ha cerrado a Pdvsa las puertas de los mercados seguros, teje el mapa de las alianzas debidas, el suministro por trueque y los impagos, que llueven sobre mojado en las zozobras financieras de Petróleos de Venezuela y su deuda. Se empeñó en consumar un cordón umbilical con sus socios pero Hugo Chávez ha terminado por ahorcar a Pdvsa con él y por asfixiar a los países a los que nutre las arterias de sus hidrocarburos. Paraguay es su última parada: la estatal Petropar tendrá que pagarle parte de sus 250 millones de deuda petrolera mediante la compra de bonos de Pdvsa y República Dominicana en bienes y servicios.

Caracas juega al doble o nada con Petrocaribe y todas sus alianzas, hay urgencias por comenzar a consolidar los pagos pendientes. Sabe que es su última oportunidad, ahora que Pdvsa se estrangula con el lastre de 28.000 millones de deudas y que ni el gasoducto del sur, ni las alianzas energéticas con Buenos Aires y Brasilia cuajaron. El vínculo con Washington le permitía recibir 53.000 millones de dólares y nutrir con ellos la petrodiplomacia bolivariana y los 300.000 barriles a sus aliados de la región.

Chávez se ha gastado en 30.000 millones en diez años para exportar su ‘revolución’. Pero Salvador de un barco que hace aguas, Chávez ha ejecutado un auxilio entre ahogados, con cada arrebato de solidaridad ha estrechado el lazo de la asfixia sobre Pdvsa y la soga de la dependencia sobre los 17 países que se cobijan de la tormenta de los mercados bajo el paraguas energético venezolano. Ahora, Venezuela no dejará de venderles a sus 18 socios de Petrocaribe 200.000 barriles diarios, al menos por el momento, pero estudia imponer una tasa única de financiación, ya cambió las condiciones de pago aplazado y -aunque sea a crédito- se aferra a los precios de tiempos mejores; estudia obligar a Cuba a pagar en efectivo una parte de sus 115.000  barriles y deja en la estacada a los proveedores internacionales y algunos socios en proyectos comunes. Tanto que El Salvador y Panamá se lo piensan dos veces.

Los analistas descuentan que esa generosidad bolivariana que le ha llevado a donar 53.000 millones de dólares a 33 países -casi un tercio a Cuba- en su década de gobierno será ya muy pronto un viento de otra historia. Chávez congela las inversiones y las infraestructuras: Se lo recuerdan Cuba, Brasil, Argentina, Ecuador y Bolivia. Ni rastro de los 24.000 millones de dólares para los ocho proyectos petroleros sólo en el Caribe y Centroamérica que debían estar completados en dos años. Cuba pliega las velas de sus heridas y las propias, ni las refinerías de Cienfuegos y Matanzas ni el crudo son los prometidos.

SIN ALTERNATIVAS

A Chávez, kamicace de su propia retórica, la autohipnosis suicida le ha permitido alcanzar a ver que no puede quemar todas sus naves en el Viejo Continente, que a su oro negro sólo puede sacarle brillo si lo vende más allá de las fronteras de los amigos de su imperio bolivariano y las lindes de Petrocaribe. Y que necesita como el comer garantizarse clientes sólidos a medio plazo que le permitan estabilizar sus cuentas.

Pero las alternativas al repudio estadounidense, a la autosuficiencia brasileña y a la recuperación azteca ni están ni se las espera. No será por  intentos, ni por viajes. Pero el periplo por Europa del Este, Asia y Oriente Medio le ha dejado claro al ministro Ramírez que las alianzas son de ida y vuelta. Le ha puesto apellidos el ex presidente de Maraven, filial de Petróleos de Venezuela: “a excepción del descubrimiento de gas con Repsol, lo demás es basura”. Nada de la explotación conjunta o la exportación a Bielorrusia y Turmekistán.

Pdvsa se acaba de retirar del proyecto de refinería de Vietnam por 7.000 millones de dólares. Los ocho acuerdos con países africanos -con Argelia, Libia, Sudáfrica y Sudán en cabeza- harán de sus aliados socios en la explotación, pero a domicilio, nada de mercados con las condiciones que Pdvsa necesita. Y es el propio gobierno de Teherán el primero en advertirle que no empezará ni en octubre -como prometía Caracas- ni en 2009 el envío de 20.000 barriles diarios de gasolina. Miraflores viste de largo la renovada alianza con Ahmadinejad, aún a costa de poner aún más en peligro sus exportaciones a EE UU -que hará valer los embargos internacionales a Teherán- pero poco ha cambiado desde que en 2007 Pdvsa les vendía 16.000 barriles.

Sólo la competencia: hoy es China la que les vende 40.000 barriles al día. El acuerdo con Pekín por un millón de barriles no llegará hasta 2013 como pronto. Y será sólo si China no consigue consumar el desembarco -con CNOOC en cabeza y con apellidos propios- en el mercado nigeriano (del que espera 6.000 millones de barriles- en la explotación en Irak, Irán y el Cáucaso. Y en su alianza energética con Moscú, Singapur y los Emiratos, que ya igualan la cuota del mercado chino de hidrocarburos que cubre Venezuela. Y a cambio de la hipoteca de otros mercados: con la venta, Caracas no hará más que pagar el crédito de 8.000 millones de dólares que el gigante asiático acaba de concederle.

EN BUSCA DE LOS ‘ALIADOS ESPAÑOLES’

En el Palacio de Miraflores hacen números y miran de nuevo hacia Moncloa. Le saben a poco los muros aún difusos del acuerdo energético sellado en septiembre, con la visita a Madrid del presidente venezolano. Hugo Chávez quiere mucho más, tiene mejores planes para Pdvsa que el millón de barriles de crudo al año para refinar en España que quedaron sobre la mesa de Brufau durante su periplo por tierras españolas. Los deseos del Ministro Ramírez pasan desde hace mucho por más de cuatro millones, para empezar, con un contrato a más de 20 años. Los de Chávez apuntan aún más lejos: cuando Repsol esté produciendo a pleno rendimiento en el Orinoco, le gustaría que España le compara cada día 200.000 barriles de petróleo. Miraflores busca de Madrid mucho más que el acuerdo puntual por 70 millones de euros al mes. Hoy sus exportaciones sólo cubren el 3,7% de la demanda nacional, que prevé una caída del 7% anual.

Ya en 2008, sólo la desidia bolivariana ´salvó´ a España de pagar el crudo venezolano más caro que el precio de mercado en virtud del acuerdo que prometía suministrar a España petróleo para 100 años, a razón de 10.000 barriles al mes. Y que, gracias a la burocracia caraqueña, nunca llegó a concretar la letra pequeña que Miguel Ángel Moratinos no quiso ver en su firma. España estaba entonces condenada a pagar un precio de ‘saldo’ más caro que los 93 dólares de media en 2008. La coreografía de la ‘reconciliación’ con el Palacio de Santa Cruz era ya entonces para el Gobierno de Hugo Chávez la ocasión perfecta para garantizarse consumidores incondicionales, inversiones multimillonarias y un precios de 100 dólares por crudos muy pesados -con fuerte descuento frente al Brent- para en el medio plazo tratar de asentar sus presupuestos y permitirse seguir gastando el dinero que Petróleos de Venezuela -la caja tonta de la revolución- no podía ya ingresar. Un objetivo al que no renuncian, con la vista puesta en Madrid. Se lo servirán de nuevo en la bandeja de la diplomacia con el primer viaje de ZP a Caracas en 2010, si no pueden colarlo antes en la agenda de su presidencia europea.

Ahora, la "alianza energética de magnitud" que Moncloa quiere desplegar en torno a los acuerdos empresariales bilaterales -ésos sí, concretos- tendrá aún que definir, justamente, una magnitud llamada sólo a suministrar, en el mejor de los casos, un millón de barriles al mes -la vigésima parte de los que Caracas acaba de acordar con Teherán- a un mercado como el español que consume casi 50 millones de barriles. Miguel Ángel Moratinos cubrió hace un mes y medio de silencio el desencuentro en los detalles: la intención del Consejo de Ministros español era sólo acudir a esa compra con el precio del barril por encima de ciertos precios; la de Venezuela, expandir su obligatoriedad a todas las circunstancias. No hay mecanismos para asegurar el retorno de la inversión prometido. Y no está claro si, como Moncloa prefería habrá un fondo común con los recursos financieros de la factura petrolera, o simplemente Caracas dispondrá de ellos a voluntad -la de Chávez- para fomentar bienes y servicios -sobre todo tecnología- española, pero sólo estará obligado a consumirlos si el barril sobrepasa los 100 dólares. Ramírez y Sebastián tendrán que despejarlo.

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