edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
08/04/2009
Observatorio Latinoamericano

Chávez prepara el terreno para el ‘corralito’ en Venezuela

Ana Zarzuela

Entretiene en sus viajes orientales los puñales que no acaba de hincar en el Santander y se dispone a apretar sus puños sobre todo el sector, antes de que el Supervisor Bancario Sudebán tenga razón en sus avisos apocalípticos y llegue el 'corralito' que auguran los analistas para 2009. Quiere el 30% del tejido bancario en manos públicas, pero al venezolano se le acaba la liquidez en casa. No quiere -a lo peor no puede- endeudarse fuera. A la vista de que la banca pública habita en rojos, vampiriza las arcas de las entidades privadas. Su ‘revolución bolivariana’ se ha convertido en el reino de los mil ‘corralitos’: el del mercado paralelo de divisas, el de la liquidez bancaria, el del uso de tarjetas internacionales de los bancos y el de la disponibilidad de dólares. Chávez calienta un impuesto a las ganancias pensado para regir a partir de año que viene y en la mesa del ministro Ali Rodríguez ya está la propuesta para tocar las reservas internacionales, meter la mano a los “excedentes” del BCV, aumentar las obligaciones crediticias con programas públicos -de más de un 45%- y duplicar hasta el 30% el ‘encaje legal’, por igual para todos los bancos. Ya les avisa: si ponen trabas a su paseíllo bancario, los montos de sus carteras obligatorias serán “transferidas a un fondo estatal”.

Tiembla la banca, Chávez se aferra a sus bolsillos. Pagarán, si se descuidan, las nacionalizaciones de los demás, los agujeros negros de Pdvsa y la cuadratura de las cuentas imposibles con el crudo por debajo de los 40 dólares. FG le acabará envidiando la suerte a Botín. El baile de los bancos ha comenzado al son de las estrecheces de Miraflores: ya hay cinco fusiones sobre la mesa de Sudeban. Pero el laberinto bancario, financiero y monetario es sólo una de las cámaras de tortura en las que Chávez puede terminar como el cazador cazado, atrapado en el juego de espejos de sus ‘corralitos’.

Ni las advertencias de Sudeban ni la falta de liquidez han neutralizado sus ansias sobre el Santander; menos aún su voluntad de hacer tiempo -por si el crudo vuelve a los sesenta dólares, el suelo de sus presupuestos oficiales- con una mano en el grifo del sistema financiero. El público no da ya más: se lo recuerdan las zozobras de Banfoandes, el Banco del Tesoro y el Banco Agrícola. El Banco Industrial de Venezuela –convertido como confiesa su propia junta directiva en 'taquilla grandota' de las operaciones de organismos del Estado- presenta los mayores índices de morosidad, registra pérdidas de 400 millones de dólares al año y está descapitalizado. Bancoex no ha otorgado ni un solo crédito en lo que va de año.

Por eso el Gobierno venezolano azota a los bancos privados -hijos del riesgo-país, del miedo de los inversores y depositarios- con el látigo de las restricciones operativas, las cargas fiscales, las rebajas de tasas, la zozobra monetaria y las amenazas de nacionalización; los liga a los efectos negativos de su socialismo e igual que les obligó en 2008 a la venta de 5.600 millones de dólares en bonos para tratar de secar el mercado de dólares, ahora los indigesta con emisiones de deuda pública que los particulares no quieren y amenaza con aumentar sus aportes obligatorios a los créditos públicos y con duplicar -y amasar de primera mano para saciar su avidez- los depósitos del encaje bancario al que les obliga el Banco Central. No sólo es el Financial Times el  que descuenta que cinco o seis instituciones financieras en Venezuela pueden entrar en crisis antes de un año. Chávez añade nuevos muros a su laberinto financiero, unos predios en los que busca limitar las expectativas de los grandes bancos privados, aún a costa de deshilachar el sistema bancario -que ya registró en el primer semestre una caída de 6,5%, frente a la subida del 24,5% en 2007- y dejar al Estado abocado a ser el cancerbero del miedo de los consumidores.

No son sólo las advertencias de los analistas y de las agencias de calificación y el antecedente de Rosemont Corporation -que mantuvo una semana desde el 26 de marzo congelado el mercado negro de divisas- los que han comenzado a ponerle la alfombra roja a un corralito venezolano, al menos a la estenosis de la liquidez. De hecho, para el billete verde ya ha comenzado: Cadivi le debe a la banca privada venezolana más de 300 millones de dólares de los dos últimos meses. La falta de divisas ya ha obligado a limitar el uso de las tarjetas de crédito de sus clientes en el exterior. Para empezar, una decena de entidades sólo permiten ya el uso para pagos de alojamiento, comida y emergencias médicas y prometen estrechar el círculo aún más si el Estado no abre el grifo. Miraflores le bebe los vientos a la liquidez, en bolívares y en dólares. Con el brazo de Cadivi, la Comisión de Administración de Divisas, Hugo Chávez le estrecha el cerco al billete verde, aún a costa de sacudir las zozobras de un bolívar sobrevaluado: ya ha comenzado con la eliminación de algunos productos de importación y demoras de más de 200 días- el doble que hae un año- que mantienen a la industria automotriz paralizada y a los proveedores de servicios al sector petrolero a la sombra de los impagos.

Hay sed de dólares en Miraflores. Los de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ya no entran como antes, los fondos de la industria petrolera cayeron un 68% en el primer trimestre, las reservas se redujeron en 1.200 millones de dólares -hasta los 28.000 millones- sólo en el último mes y tras el traspaso de recursos del Banco de Venezuela al Fondo de Desarrollo Nacional, las arcas de Chávez respiran sequía. La ‘revolución bolivariana’ tiene la antesala llena: cinco nacionalizaciones por más de 5.000 millones de dólares y su catedral económica insostenible, con el crudo venezolano a menos de 40 dólares. Ni la subida de tres puntos del IVA, ni menos aún la decisión de casi duplicar el endeudamiento público en el último mes -hasta los 34.000 millones de bolívares fuertes- ayudan.

A Chávez se llena la boca diciendo que tiene miles de millones de dólares en reservas para enfrentar la crisis, pero ya en 2008 se endeudó con casi 8.000 millones de euros de más. Venezuela gasta 40.000 millones de dólares en importaciones, que equivalen a los ingresos petroleros del país. De mantenerse el precio actual del petróleo, en 2009 el país no dispondría de fondos para ganar los intereses de la deuda externa pública. Pero a la vista de los planes de inversión por más de 100.000 millones de dólares para engrasar la máquina de la sumisión bolivariana, no es ex gerente de Investigaciones Económicas del Banco Central de Venezuela, José Guerra, el único que descuenta que sólo hay que mirar a la emisión de deuda para adivinar que liquidez, lo que se dice liquidez, no le sobra al Fonden.

El Palacio de Miraflores ajusta sus cuentas en las espaldas del sistema bancario. Tratan de cargar en las espaldas del sistema bancario sus malabares imposibles con la inflación, los desajustes monetarios, el descenso del los ingresos del crudo y la falta de liquidez. Chávez no se resiste a tropezar dos veces en las mismas tasas. A la fuerza ahorcan. Lo hizo ya con el Impuesto de Transferencias Financieras, que acabó por retirar en julio a la vista de la asfixia de las entidades bancarias. Ahora busca hacer de su nacionalización bancaria un respiro para los que se van de un laberinto acotado por una tasa ´overnigth´ disparada, la morosidad vinculada a una inflación sin techo, las obligaciones crediticias de las entidades con los programas estatales, el impacto de los bonos tóxicos, la amenaza gubernamental de nacionalización o cierre y la negativa a cualquier forma de rescate.

En menos de un año la deuda del Banco Central ha crecido en más del 150% siendo sus principales acreedores Mercantil, Provincial, Banesco, Venezuela y el Venezolano de Crédito. Por eso le ha estrenado el cargo a Víctor Vargas en la Asociación Bancaria de Venezuela (Asobanca) con el ‘paquetazo’ y de espaldas a la recomendación de los analistas que aconsejan reducir la cuota del encaje legal (las reservas obligatorias en el Banco Central que un banco debe mantener). Chávez lo tiene claro: las “reservas monetarias internas” son todo lo que está depositado en la banca nacional pública o privada, cualquier cosa al alcance de Banco Central de Venezuela y su mano -Chávez dixit- los quiere tocar más de cerca. Para empezar, con el aumento del ‘encaje bancario’ y la disponibilidad pública sobre él.  Después, con el aumento de los poscréditos que la banca privada está obligada a prestar a programas públicos.

En el caso de los servicios sin fines de lucro y organizaciones como Mercal, Pdval y similares, la banca ya está obligada a hacer sus operaciones de forma gratuita. Ha tenido que operar en un entorno cada vez más regulado: 47 de cada 100 bolívares que se dirigen al crédito deben ir a tasas de interés preferenciales, a sectores considerados estratégicos: agro, turismo, microempresas, vivienda y empresas manufactureras. Ya desde el segundo semestre de 2008, las entidades bancarias actúan con cautela en la emisión de plástico y en el otorgamiento de créditos y se espera una mayor reserva para las líneas crediticias en todo 2009, no sólo porque la economía que se desacelera con fuerza, también porque se está incrementando la fiscalización de entes como Sudeban y Cadivi sobre un laberinto demarcado por el elevado perfil de riesgo de las tarjetas de crédito, la incapacidad de los bancos para crecer debido al limitado capital que poseen y el alto nivel de intereses de las tasas activas.

Miraflores aprovecha que el Pisuerga podría pasar por Wall Street, pone la mano del Estado sobre el lomo bancario,  ha sentado interventores y supervisores  en las juntas directivas de algunas entidades, ordenó crear un fondo equivalente al 50%  del dinero comprometido en operaciones con Lehman Brothers y Merrill Lynch y mete el dedo en una llaga que es suya: el índice de capitalización de diez bancos se ubica por debajo de la exigencia mínima de 8%, gracias, entre otras cosas, a que el gasto del Gobierno introduce una enorme cantidad de bolívares que ingresa a la banca y se transforma en créditos o inversiones en bonos, con lo que el activo crece y se torna difícil que el capital se ajuste continuamente para mantener la proporción de 8%. Y es que en el petrorreino de los sueños bolivarianos, cada ladrillo para tratar de contener al dólar paralelo castiga al tejido financiero, devalúa la deuda y anima a los mercados negros. Las instituciones financieras urgidas de liquidez también han acudido a la taquilla del Banco Central, donde pueden entregar bonos a cambio de efectivo, pero comienzan a quedarse sin papeles. El desajuste está servido: mientras por un lado un sector del sistema financiero se muestra ilíquido, para el Gobierno y el directorio del Banco Central el problema principal es cómo evitar que el incremento de bolívares en la economía presione al tipo de cambio paralelo e impulse la inflación.

La mano que mece el Palacio de Miraflores no hace más que nutrir las debilidades del tejido financiero: 25 bancos están mostrando una morosidad por encima del 2,2% en febrero. 33 bancos reflejan una disminución de beneficios acumuladas. Los gastos de transformación de la banca, específicamente los gastos generales y administrativos, continuarán subiendo dado el impacto de la inflación en los mismos. La cartera de créditos sigue cayendo (-0,1% en febrero) y en buena parte será sustituida por el incremento de la Deuda Pública Interna (DPI), una vía paras el Gobierno de empapelar a la banca y compensar la disminución de los ingresos petroleros. Con la disminución de las tasas de interés dictadas por el BCV esta semanase permitirá que el Estado disminuya sus costos financieros por su endeudamiento, pero a su vez incidirá en una menor obtención de ingresos financieros para la banca. A la vista de este panorama, en un sistema en el que los 10 principales bancos del sistema controlan casi el 80% de los depósitos y en una medida similar la cartera de créditos, la banca tendrá que recapitalizarse en un breve plazo, especialmente los bancos pequeños.
 
Chávez mete la mano a las gavetas de los bancos con cada golpe de sus urgencias. El país necesita 12.000 millones de dólares para desarrollar unos recursos energéticos de los que bebe el 80% de sus arcas públicas. Pero las prisas son más cercanas: sus créditos soberanos son los terceros con más riesgo del mundo según el ranking de CMA Datavision. Ni siquiera la Asamblea Nacional esperó el visto bueno del Banco Central para disparar la obligación a los bancos a adquirir los bonos públicos con los recursos – también obligatorios- previstos para créditos agrícolas. Con cada golpe de emisión de deuda –el más reciente por 1.240 millones de dólares hace una semana y otros 15.000 en el disparadero- carga las obligaciones bancarias, les obliga a adquirir la emisión de papeles –muchos de vencimiento a 7, 0 o hasta 15 años- aún sabiendo que eso congelará sus fondos por años, o los echará en brazos de ventas precipitadas a pérdida.

Santander apura sus cronómetros y -por si acaso, como los de FG- llena las maletas y las huchas. Han ganado 49 millones de dólares en los dos primeros meses del 2009, con lo que en los últimos siete años se han llevado 1.753 millones de dólares, pagándole nada más que el 8% al Impuesto Sobre La Renta. Pero Emilio Botín prefiere ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para abandonar un entorno que se ha vuelto irrespirable y del que ya contaba en salir desde hace meses. La rentabilidad es altísima, pero el día que haga las maletas habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá -con cualquier precio superior a 900 millones de dólares- casi 200 de prima. Más aún si mantiene su presencia en suelo caraqueño gracias a su banca de inversión y a Bancrecer. Entretanto, Chávez ‘ordeña’ al Santander con nuevas tasas bancarias, lo somete a la sombra del nuevo 'corralito' que descuentan los analistas y se consuela con su recién nacido banco ruso-venezolano.

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