edición: 2249 , Miércoles, 28 junio 2017
09/10/2008

Chávez se impacienta por hacerle las maletas a Botín

Ya no sólo importa el precio, también el momento. Y hay prisas. El dossier Botín, que no es del gusto de todos en el Ejecutivo, envenena ya desde hace dos meses la mesa del ministro Ali Rodríguez. Nadie quiere llegar con él pendiente a la resaca de las elecciones de noviembre, menos ahora que otro ojo reposa en FG y que la autoridad bancaria, Sudebán, le advierte a Chávez la que se le viene encima cuando tenga casi el 50% del tejido financiero en manos estatales. Caracas acelera y, después de la visita de Luzón, está más dispuesto a  transigir con el precio con tal de sacarse de encima la etiqueta de la nacionalización. Aunque sea, como descuentan los medios locales, con 1.500 millones de dólares -1.200 en cash y 300 en deuda- sobre la mesa. Si fuera por Chávez,  lo serviría a la mesa de sus fieles el 12 de octubre como regalo de la Hispanidad. La rentabilidad del Banco de Venezuela es altísima, pero el día que Botín haga las maletas habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá -con cualquier precio superior a 1.000 millones de dólares- casi 200 de prima. Más aún si mantiene su presencia en suelo caraqueño gracias a su banca de inversión y a Bancrecer.

Moncloa y el Palacio de Santa Cruz ya han demostrado lo lejos que van a llegar en la defensa de los intereses de las empresas españolas en los predios bolivarianos. Y por esta vez, no es mucho. Santander ha invertido un total de 669 millones de dólares en Venezuela: en 1996 compró, por 351 millones de dólares, el 93,38% de Banco de Venezuela, en la subasta de su privatización, después de que el Estado solventara la crisis en la entidad. En 2000 se hizo con Banco de Caracas, por 318 millones, fusionando ambas entidades en 2002. Hoy el Banco de Venezuela es el tercero del país, el segundo en ganancias del sistema banca comercial y universal,  ocupa el tercer lugar en captaciones del público (11,1%) y el cuarto en cartera de créditos (11,8%); dispone de la red de agencias más extensa,  285 oficinas y 3,0 millones de clientes (+351.000 en doce meses); está muy saneado y aporta jugosos beneficios a la matriz, pero Emilio Botín prefiere ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para salir de un entorno que se ha vuelto irrespirable y del que ya contaba en salir desde hace meses.

FG puede acabar envidiándole la suerte a su tocata y fuga. Para el Santander y el BBVA, de los que depende más del 30% del tejido bancario nacional, la veda chavista nunca se ha cerrado. A lo peor, a Chávez le escuece Humberto Calderón Berti, el socio venezolano de Manuel Jove. Al Banco Provincial -que en los primeros seis meses del año aportó a la matriz del BBVA un 3,1% de sus ganancias- sólo la dificultad del Estado venezolano para digerir hasta ahora más de un gigante bancario a la vez le ha amueblado su trinchera antinacionalizadora y ha blindado sus fortalezas frente a sorpresas. Con una ‘caja tonta’ a mano, Chávez no necesitaba más hasta ahora. Y si consigue aquietar esas aguas no las sacudirá antes de las elecciones regionales de noviembre. Después, Bolívar dirá.

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