edición: 2511 , Martes, 17 julio 2018
28/10/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Chávez, tras un trabajo concienzudo, consigue dejar a Venezuela a dos velas y tiene que llamar a la caballería española

Los cortes eléctricos serán inevitables hasta que la demanda baje un 30% o entren en servicio los 1.000 MW que prometió hace dos años
El cortocircuito de la estatal Corporelec lo obliga a saltarse sus líneas rojas: llama a las multinacionales españolas, pide prestado al BID y se piensa el retorno a sistemas mixtos
Iberdrola y Elecnor tendrán en su mano 1.000 Mw -la cuarta parte de la nueva capacidad de generación- , Felguera el contrato de la Gran Caracas y Gamesa el primer parque eólico
Caracas a oscuras
Ana Zarzuela

Le ha costado: dos años de nacionalización y el olvido de todos los planes y las recomendaciones de las 14 empresas eléctricas que el Estado asumió desde 2007. Ha tenido que darle la espalda a sus propias promesas de aumentar la generación en 3.000 MW en este año. Pero al final ha conseguido el más difícil todavía: hoy el quinto productor mundial de petróleo no tiene energía para casa, ni siquiera sobre el papel, le llega para hacer frente a su consumo. Respira por las zozobras de todas sus luces, el sector eléctrico no es menos. Ni las promesas de inversión ejecutadas en menos de un 10%, ni  los cortes del 25% del suministro de agua y el recién estrenado plan de Ahorro obligatorio, ni sus planes para “bombardear las nuevas y forzar la lluvia” pueden ocultar que a Corpoelec se le han fundido los plomos. Con un déficit crónico oficial del 3%, ni la máxima generación eléctrica posible sobre el papel está a la altura de una demanda de 17.300 megavatios que crece a un ritmo del 7% anual. Los cortes -lo advierten sus técnicos- serán inevitables hasta que la demanda baje un 30%, o comiencen a entrar en servicio los 1.000 nuevos MW prometidos para hace dos años. Chávez asesora a Bolivia, azuza a Evo Morales para que consume la nacionalización de las generadoras eléctricas y se atreva con la de las distribuidoras (Iberdrola y REE en cabeza). Ofreció ayuda -que no dólares- públicos a Nicaragua para tratar de estatalizar a Unión FENOSA y ha extendido los tentáculos de Albanisa en el país, pero le empieza a doler la nacionalización de su Corporación Eléctrica y tiende todas las alfombras rojas a las multinacionales de la energía, a contrapié de sus muros estatalizadores, las españolas para empezar.

‘A la cubana’, el ministro de Planificación, Giordani, admite signos de “ineficiencia en el Estado”. Su ‘revolución bolivariana’ tendrá que cerrar la mano a la diplomacia que le ha llevado a inyectar más de 1.000 millones de dólares en proyectos eléctricos en Nicaragua, Bolivia y Cuba. El ‘cortocircuito’ de Corpoelec está convirtiendo a Chávez el ‘oficiante’ de su anti-credo. Cuando esta semana el hasta ahora diputado Ángel Rodríguez estrene el nuevo ministerio de Electricidad -a medida de sus urgencias- comprobará lo que los analistas y algunos directivos profetizaron: la estatal Corporación Eléctrica Venezolana  suda ya la misma ‘fiebre de Pdvsa’: como su ‘madrina, se enreda en sus propios tentáculos estatales, los que congelan la revisión tarifaria desde hace seis años, la obligan a destinar la mayor parte de sus inversiones en los últimos dos años a planes sociales y expansión de redes subsidiadas y la dejan con el lastre de una deuda de más de 3.000 millones de dólares -la mayoría con apellidos públicos- y con el agua del desabastecimiento al cuello.

Sin un marco regulador prometido hace años y con un mapa de generación muy concentrado -el 75% depende de tres centrales sobre el Río Caroní- Venezuela respira por las heridas de la falta de mantenimiento y las zozobras de la red. Las plantas de generación eléctrica que se encargaban de sustentar los niveles de carga en las horas de mayor consumo se han deteriorado por falta de mantenimiento. Le basta mirar a la planta Josefa Camejo, de 300 megavatios (MW) instalados, donde la capacidad efectiva es de 90 MW porque las líneas no dan para más, o al derrumbe físico de la Planta Centro -la más grande del país- la semana pasada, a pesar de su reforma en 2008. Sólo entre agosto y septiembre, la sobrecarga desembocó en apagones generalizados en siete estados.

Se empeñaba en 2007 en pasarle la mano del Estado a la mayor eléctrica privada. No iba a ser menos que las telecomunicaciones, la banca, o los servicios. Con la ‘digestión’ de Electricidad de Caracas (EDC) -para entonces ya recuperada de las zozobras de los años 90- por tan sólo 568 millones de euros, el gobierno de Hugo Chávez consumaba el bautismo oficial de la nueva Corpoelec, un consorcio de las 14 eléctricas del país a imagen y semejanza de Pdvsa, con sus mismas aspiraciones y bajo la mano de la petrolera estatal. Ahora, dos años después, el Palacio de Miraflores busca vacunas de urgencia y si hace falta una nueva ‘piel’, al menos mixta para su gigante eléctrico. Tiende la alfombra roja a las multinacionales. Las españolas para empezar. La visita de Hugo Chávez a Madrid en septiembre sirvió para consumar el acuerdo que en julio apadrinó Miguel Ángel Moratinos en Caracas: un contrato valorado en 2.000 dólares para fabricar  la planta de ciclo combinado de Cumaná -un módulo de gas natural y otro de gasóleo- antes de tres años, además de cuatro subestaciones cada una. Nada nuevo para Iberdrola, que tiene ya proyectos en Venezuela por 100 millones de euros (sólo en subestaciones y modernización de redes), pero el proyecto de Sucre traspasa las líneas rojas de la confianza de Miraflores y Pdvsa ydeja en manos de Iberdrola y Elecnor la cuarta parte de la nueva generación eléctrica que Venezuela necesita sumar. No hace ni seis meses que Duro Felguera sellaba su mayor contrato en tierras de Chávez: 1.500 millones de euros con Electricidad de Caracas (EDC) para la construcción de la central de ciclo combinado de Termocentro, que suministrará energía eléctrica a la Gran Caracas -el área urbana más importante del país- con más de 4,5 millones de habitantes desde diciembre de 2013. Y ahora que ni la ‘Misión Revolución Energética’ de Hugo Chávez ni las promesas de planes eólicos para la península de Perijá y otros tres para el conjunto del país han conseguido aún despegar, el Palacio de Miraflores deposita además en manos de Gamesa la puesta de largo de su primer parque eólico: 76 aerogeneradores y 100 Megawatios en Paraguaná -además de dos años de operación y mantenimiento- por 113 millones de euros, a los que ahora el Palacio de Miraflores les mete más prisa.

Es la mismísima Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (OPSI) la que ha encendido las luces rojas, a la vista de 900 MW de déficit: necesita más generación y hacerle sitio a la producción térmica; busca apellidos para al menos 10.000 millones de dólares de inversión y, bajo la mesa ya está dispuesto a rendir su credo nacionalizador, o al menos a relajar los muros de sus urgencias. Ahora que los sindicatos le exigen una ley de Protección a los Usuarios que abra la puerta a las indemnizaciones y que hasta sus antiguos aliados políticos levantan las lanzas de sus zozobras eléctricas, Chávez no quiere que la estatal Corpoelec lo asuma sola. Mira a Brasil, pero ni la hermandad eléctrica con su mercado vecino invita a las eléctricas cariocas a sumarse a los planes de generación venezolanos. No por ahora.

Lo recordaba el presidente de Iberdrola Construcción e Ingeniería durante la visita oficial de Moratinos a Caracas: Venezuela es un país con recursos, pero también con enormes necesidades de desarrollo. Tantas como falta de confianza y de garantías. Caracas ha tenido que empezar a enfundarse su retórica y desandar los pasos de sus desencuentros: para empezar, ha llamado al BID y no será otro que el Banco Interamericano -que Chávez y sus socios del ALBA invitaban a erradicar hace tan sólo seis meses- el que desembolsará 1.750 millones de dólares -el crédito más alto a cualquier país- para resucitar el proyecto de la nueva hidroeléctrica Manuel Piar, al sur de Caracas, paralizada desde su planificación en 2002. Por si las dudas, la ‘política’ de la Cumbre África-América de Margarita el mes pasado les recuerda a los protagonistas del ‘Plan Ahorro’ que el Gobierno sí conoce las grietas de su sistema de producción: los organizadores aterrizaron en la Isla con 25 plantas eléctricas para asegurar la luz a los presidentes de gobierno, que luego volvieron a llevarse.

BITÁCORA DE PROMESAS INCUMPLIDAS

Ni rastro aún de los 7.100 millones de dólares que prometió invertir hasta 2014 para agregar al parque un mínimo de 10.000 megavatios, ni siquiera los 3.000 que estaban previstos sumarse en 2009. Menos aún los 30.000 millones de dólares que en el Palacio de Miraflores empiezan a reconocer que habría que inyectarle a Corpoelec en los próximos quince años, las mismas cifras que ya al inicio de la nacionalización habían puesto sobre la mesa los informes del ex director del Banco Central Masa Zavala y las previsiones de los técnicos de EDC. De acuerdo con el último informe de la patronal de empresas eléctricas, las desatendidas plantas térmicas que posee Venezuela consumieron 62 millones de barriles de petróleo en 2007, con una eficiencia térmica calculada del 29%. En Europa, por ejemplo, la eficiencia ronda el 40 %. Ni siquiera Chávez tenía que seguir el plan de expansión del sistema eléctrico que el anterior ejecutivo dejó sobre la mesa en 1998. Es el propio plan de la directiva de la Corporación el que urgía a agregar al menos 5.000 MW de capacidad antes de 2008 para cubrir el crecimiento de la demanda y reducir la dependencia hidroeléctrica, que hoy por hoy cubre un 72% del consumo nacional. Pero por ahora, la mano eléctrica de Hugo Chávez ha tenido que conformarse con aumentar su capacidad un 3,8%, la mayoría en manos de inversiones ajenas. Para alcanzar 4.000 megawatios adicionales en un año no será suficiente ni siquiera con el más optimista de sus planes: la habilitación de la tercera unidad de la planta “Josefa Camejo” en Falcón; otros 150 megavatios en Termozulia II, estado Zulia para septiembre de 2010 y, 430 megavatios en diferentes plantas operadas por la filial Electricidad de Caracas como la “Josefa Joaquina Sánchez Bastidas”, en Vargas; y La Raisa, en Miranda. Ni el director de Corpoelec puede ocultar ya que la nueva bitácora pasa por paradas programadas del suministro eléctrico de las que sólo hospitales y servicios públicos estarán exentos por sistema.

DEBILIDADES ENERGÉTICAS

Las zozobras eléctricas no están solas en el mapa de las energías estatales de Hugo Chávez. En los últimos meses, Venezuela se ha visto obligada a importar más combustibles por la parada de las refinerías. El músculo petrolero flaquea, la capacidad de producción  está lesionada y, sin inyecciones de capital exterior, el impulso del buque insignia de la estrategia energética venezolana no mejora. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos -el proceso la adquisición de las empresas eléctricas- y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año. Esto elevó la relación entre su deuda y patrimonio de 9 a casi 30%. Hasta el ministro Ali Rodríguez reconoce que los ingresos petroleros han caído un 50%, Petróleos de Venezuela ha reducido su producción en un millón de barriles, arrastra el lastre de 100.000 empleados -casi el triple que hace ocho años- y tiene 18.000 millones de dólares de deuda exterior y otros 10.000 con proveedores y contratistas a los que ha empezado a fagocitar por la vía de la nacionalización. La industria petrolera tiene pendiente por cancelar en Impuesto Sobre la Renta (ISLR) 2.000 millones de dólares.

A Hugo Chávez se le ha chafado la diplomacia petrolera y ahora también la eléctrica. Los analistas descuentan que esa generosidad bolivariana que le ha llevado a donar 53.000 millones de dólares a 33 países -casi un tercio a Cuba- en su década de gobierno será ya muy pronto un viento de otra historia. Venezuela no dejará de venderles a sus 18 socios de Petrocaribe 200.000 barriles diarios, al menos por el momento, pero ya cambió las condiciones de pago aplazado y -aunque sea a crédito- se aferra a los precios de tiempos mejores, las cotizaciones flexibles en sintonía con el mercado y la promesa de una dependencia garantizada por décadas. Es sólo el preludio de sus pasos eléctricos. En la directiva de Corpoelec se cuestiona ya la ‘generosidad’ con Bolivia, Nicaragua y Cuba. Los usuarios venezolanos, que tendrán que digerir los cortes de luz y agua y el nuevo plan de Ahorro energético obligatorio miran ahora a la huella de los 80 millones de dólares que Pdvsa invirtió para una planta termoeléctrica en tierras de Morales, o los 2.000 millones de dólares que ofreció a Daniel Ortega para un proyecto hidroeléctrico. En abril Venezuela instaló en Nicaragua las plantas “Che Guevara I y II” de 200 megavatios y en 2006 se instaló la “Hugo Chávez”, lo que permite acumular una capacidad instalada de 480 megavatios y así reducir el déficit de generación eléctrica de la nación centroamericana.

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