edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
09/02/2009

Chávez y Botín tendrán que esperar, Venezuela no tiene dinero para comprar al Santander

Ana Zarzuela

Estaba llamada a ser la instantánea de la tocata y fuga; para el presidente venezolano, la cabellera de un nuevo banco servida a la mesa de su referéndum del 15 de febrero; para el Santander, al calor de su presentación de resultados, el alivio por la salida de un laberinto cada vez más incómodo, con las maletas llenas para ir con la música de los beneficios a otro lado. Por ejemplo, Brasil. Pero las cuentas y el calendario de Chávez se han encargado de aguar la fiesta. Se lo siguen pensando, lo reconoce el ministro Rodríguez. No serán los avisos, sino la falta de liquidez y los problemas de digestión de ocho estatalizaciones pendientes por más de 5.000 millones de dólares lo único capaz de parar -no para siempre- los caballos de la nacionalización a Chávez. Entretanto, ordeña al Santander con nuevas tasas bancarias, lo somete a la sombra del nuevo 'corralito' que descuentan los analistas y se consuela con su recién nacido banco ruso-venezolano. Los de Botín y Michel J. Goguikianya han hecho las maletas y, por si acaso -aunque Ali Rodríguez ni quiere ni oír hablar de él- se piensan si volver a abrirle las puertas al banquero Víctor Vargas y su oferta.

Botín ya hace mucho que quiere salir del enredo bolivariano. Aunque congelada, Caracas reafirma la mordida sobre el Santander, de espaldas al Banco Central de Venezuela y al supervisor bancario, Sudeban. Si hay puente de plata, perfecto para Botín; si no, seguirá llenando las maletas y la hucha, como FG con el Banco Provincial, el más rentable del país caribeño. Siempre, claro, que Chávez y su nuevo laberinto bancario se lo permitan. Al presidente venezolano no lo disuaden ni los efectos en sus reservas -el BCE dixit- ni el horizonte de un sistema financiero descabezado e ineficiente -advierte Sudeban- con Santander como entidad municipalizada y ariete de su economía comunal, ni el antecedente de la quiebra del propio banco bajo la mano estatal en los años noventa y las zozobras de las entidades estatales Banco Industrial de Venezuela, Banfoandes, el Banco del Tesoro y el Banco Agrícola. La nacionalización del Banco de Venezuela no pudo ser el regalo de la fiesta de la Hispanidad para Chávez, ni la ofrenda para sus huestes en las elecciones regionales de noviembre.

Chávez tiene la antesala llena: cinco nacionalizaciones por más de 5.000 millones de dólares y su catedral económica insostenible, con el crudo venezolano a menos de 50 dólares. Aunque el Palacio de Miraflores rebaje como quiere el precio desde los 1.200 hasta los 800 millones de dólares -nada mal para Botín de todas formas- el Fondes no tiene liquidez a la mano, por más que Chávez crea que lo ha venido a ver la virgen de las rebajas: primero la crisis, luego Lehmman y ahora Madoff. Las reservas internacionales de Venezuela cayeron un 29,85% en febrero, hasta los 29.422 millones de dólares, días después de que el presidente Hugo Chávez pidió al Banco Central el traspaso de más de 12.000 millones de dólares para invertirlos en proyectos públicos.

Pero los de Botín ya hace tiempo que tienen a punto las maletas y la caja fuerte. Miraflores les ha limitado a los empleados el traslado a otras entidades, pero si se van, será con los mayores bonus de los últimos años bajo el brazo y con un beneficio que crece mes a mes, desde que se anunció la nacionalización el 31 de julio y se ha duplicado en noviembre. El banco español ha invertido un total de 669 millones de dólares en Venezuela: en 1996 compró, por 351 millones de dólares, el 93,38% de Banco de Venezuela, en la subasta de su privatización, después de que el Estado solventara la crisis en la entidad. En 2000 se hizo con Banco de Caracas, por 318 millones, fusionando ambas entidades en 2002. En los últimos siete ejercicios, le sacaron al banco ganancias por 1.617 millones de dólares, 61 veces el capital social, además de las ingresos por todo lo que le vendieron al banco, incluso el sistema Altair, por casi lo que les costó el banco. Pero Emilio Botín prefiere ‘mejor no meneallo’ y extender el puente de plata para salir de un entorno que se ha vuelto irrespirable y del que ya contaba en salir desde hace meses. La rentabilidad es altísima, pero el día que haga las maletas habrá amortizado la inversión que hizo hace una década y conseguirá -con cualquier precio superior a 900 millones de dólares- casi 200 de prima. Más aún si mantiene su presencia en suelo caraqueño gracias a su banca de inversión y a Bancrecer.

FG acelera, por si acaso, al mismo ritmo que Hugo Chávez amasa los últimos cartuchos de tiempo con el Santander y se dispone a apretar sus puños sobre todo el sector. Sea nacionalización o asfixia para el BBVA, tratará de hacerlo con las arcas llenas. Como el Santander, desde hace meses. Ni su dirección ni su centro de estudios esconden que Venezuela coquetea ya con la recesión, como tarde en 2010. Las restricciones al crédito, las líneas rojas de Cadivi, las obligaciones con el Estado, la inflación, la caída del consumo y las nuevas normativas financieras le estrechan el horizonte. Y, antes de que le amarguen la fiesta caraqueña el mercado o el Palacio de Miraflores, FG adorna el sudoku de los beneficios y hace acopio de resultados para que la travesía ya haya merecido la pena, aún en el peor de los escenarios. Si entre 2003 y 2007 el Banco Provincial ganó más de 1.555 millones de dólares y recuperó hasta 13 veces el capital social, en los dos últimos años le ha dado cuerda a los beneficios: 601 millones sólo en 2008, un 33% más que en 2007, lo justo para superar el techo de la inflación venezolana que el propio banco descontaba.

Caracas tiene prisa. Su ‘cuadra bancaria’ cogea. Y le urge incorporar a una estrella, un banco que, por más que Sudeban le advierta, está llamado a vestir las zozobras de sus finanzas con el 11,76% del total de créditos y un 10,96% de los depósitos del público y a convertirse en el epicentro del gruido financiero más relevante del sistema. Una vez concretara la nacionalización, el Estado amasaría el 16,8% del total de créditos de la banca y el 23,58% de los depósitos, mientras que Banesco, la institución que le seguiría en tamaño, tendría 15,10% y 14,8% en estos dos ítems. La experiencia del Gobierno al frente de entidades financieras no es alentadora. El Banco Industrial de Venezuela presenta los mayores índices de morosidad, registra pérdidas y está descapitalizado.

ORDEÑA EL LABERINTO BANCARIO

Chávez exprime entretanto a la banca. Si no gana en precios, ganará en apreturas. Y es que a Hugo Chávez no le salen las cuentas. Hasta tal punto que en el Palacio de Miraflores estudian ya una propuesta para la subida del IVA en 15 sectores, ahora que las elecciones son agua pasada, y nuevos tributos al sector financiero, como el impuesto al débito bancario.  Chávez ejerce con las presiones lo que no puede con el regateo. Cobra cara la tocata y fuga de los inversores por la puerta de las minusvalías. Y no se resiste a estrechar el horizonte de los que se quedan: pagarán, si se descuidan, las nacionalizaciones de los demás, los agujeros negros de Pdvsa y la cuadratura de las cuentas imposibles con el crudo por debajo de los 50 dólares. La reforma a la Ley de Bancos con la que vuelve a la carga, la venta obligatoria de las notas estructuradas, la supervisión y restricción de los créditos, la presión de las denuncias del Indecu, la nueva regulación de las tarjetas y la avalancha de leyes habilitantes, le marcan a BBVA -y sus compañeros del sector- los límites de un jardín en el que sus paseos cada vez le salen más caros.

En el caso de los servicios sin fines de lucro y organizaciones como Mercal, Pdval y similares, la banca ya está obligada a hacer sus operaciones de forma gratuita. Ha tenido que operar en un entorno cada vez más regulado: 47 de cada 100 bolívares que se dirigen al crédito deben ir a tasas de interés preferenciales, a sectores considerados estratégicos: agro, turismo, microempresas, vivienda y empresas manufactureras. Ya desde el segundo semestre de 2008, las entidades bancarias actúan con cautela en la emisión de plástico y en el otorgamiento de créditos y se espera una mayor reserva para las líneas crediticias en todo 2009, no sólo porque la economía que se desacelera con fuerza, también porque se está incrementando la fiscalización de entes como Sudeban y Cadivi sobre un laberinto demarcado por el el elevado perfil de riesgo de las tarjetas de crédito, la incapacidad de los bancos para crecer debido al limitado capital que poseen y el alto nivel de intereses de las tasas activas. La Ley bancaria sumada a la nueva Ley de Crédito para el sector agrario prometen ser el aperitivo para nuevos topes mínimos de las carteras obligatorias de la banca, por encima del 47% de sus préstamos que destinan ya a sectores específicos como la agricultura, la microempresa, la vivienda, la industria manufacturera y el turismo. Un horizonte que afectará, más que a nadie, a los intereses de FG, cuyo Banco Provincial es el que mayor nivel de intermediación crediticia, un 69% en 2008.

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