edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
07/11/2018
banca 

China intenta imponer normas estrictas al sector financiero no regulado cuya dimensión es amenazante

El banco central hace una tardía incursión en el segmento de las finanzas salvajes para limitar riesgos
Carlos Schwartz
El Banco de la China Popular, el regulador del país, ha lanzado una ofensiva contra cinco grandes grupos con fuerte presencia en el sector financiero pero que no son bancos. Precisamente por no ser entidades de crédito reguladas han operado a sus anchas con los recursos ajenos captados fuera de las normas a las que se ven sujetos los bancos. La ofensiva informal que se precipitó informativamente esta semana, tiene como antecedentes acciones policiales y expropiaciones de grupos cada vez que los reguladores consideraban que las entidades se habían excedido en su interpretación de la libertad financiera rozando la ilegalidad. El caso más sonado de esta acción combinada de los reguladores, las fuerzas de seguridad, y la justicia ha sido la de la aseguradora An Bang. La empresa fue intervenida y nacionalizada, y su presidente, el magnate Wu Xiaohui, condenado a 18 años de prisión tras un juicio exprés. La sentencia a 18 años de prisión de los cuales 15 son por fraude, es una advertencia severa porque el delito esencial ha sido el de obtener fondos de manera ilegal. Y esto va a la esencia de los riesgos que corren los empresarios que se han lanzado con soltura a recaudar depósitos del público. 
La nacionalización supuestamente transitoria de An Bag se produjo después que la empresa se lanzó a una carrera desmedida de adquisiciones en el extranjero, en una verdadera fuga de capital que le permitió acumular propiedad inmobiliaria y negocios vinculados a la propiedad, como el hotel Waldorf Astoria de Nueva York.  Mientras el Gobierno afirmó que su intención es devolver a la empresa a la propiedad privada, pero para ello deberá esperar a que los inversores apropiados la recapitalicen. 

En el interín la gestión del estado ha sonado a salvavidas de los bancos comprometidos y los ahorradores que podrían haberlo perdido todo. Sin embargo, la actuación por la vía de la seguridad del estado y la justicia no es una actuación cautelar y preventiva, sino una irrupción violenta en un asunto sumamente delicado porque los acreedores de las empresas que están en entredicho no sólo son particulares, sino también bancos con una fuerte exposición a las aventuras financieras de los magnates chinos. Lo que está en juego es la estabilidad del sistema financiero en su conjunto. Ahora el Banco de la China Popular (BCP) se ha metido en harina para formalizar una regulación del sector y ordenar sus operaciones y dimensión.

En el banco de pruebas para la nueva normativa está la tecnológica de crédito más grande del mundo, Ant Financial Services Group, propiedad de Jack Ma, el gigante de las ventas minoristas y la propiedad inmobiliaria Sunning Commerce Group, y tres empresas con respaldo del Gobierno: China Merchants Group; Shanghai International Group y Beijing Financial Holdings Group. El pelotón de cinco empresas deberá reforzar sus requisitos de capital y reservas, y adoptar normas para la gestión de riesgos bajo un programa piloto de acuerdo con las versiones difundidas por funcionarios chinos. 

Las nuevas normas deberán estar en funcionamiento en la primera mitad de 2019. El Gobierno ha tardado mucho en actuar de forma coordinada contra el sector financiero no regulado del país y lo ha hecho ahora aun a riesgo de que la contracción de las operaciones contribuyan a la desaceleración económica que vive el país.

Este hecho habla a las claras del nivel de riesgo acumulado y el temor a que otro desenlace distinto sea aun peor. En su informe anual sobre estabilidad financiera el BCP señala que tiene el objetivo de enfriar el crecimiento desmedido de las empresas que operan en al menos dos sectores financieros, prevenir los riesgos sistémicos, y limpiar las actividades dudosas que han ocasionado daño a los inversores y exacerbado la fuga de capitales. 

De acuerdo con el informe varias empresas no financieras entraron a ciegas en la industria financiera obteniendo varias licencias para banca, seguros, gestión de activos y pagos sin dotarse de ejecutivos con la necesaria formación en estas actividades. Lo que el BCP no aclara es el retraso en supervisar los hechos que denuncia puesto que las licencias las concedió. La denuncia sin embargo tiene entidad: “Obtuvieron de esta forma fondos considerables que fueron utilizados en parte para reforzar su capital registrado, mientras traspasaban otras cantidades a miembros del grupo para apoyar su expansión en el exterior a través de transacciones con sociedades vinculadas”.

El arsenal de medidas apuntadas por el banco central son tan obvias y manidas que sorprende que no se hubieran adoptado hace décadas. Por ejemplo la imposibilidad de utilizar el término finanzas o holding financiero en el nombre de una sociedad sin autorización del regulador.

Las empresas deberán reforzar su capital y mantener una ratio más solvente de deuda sobre activos. No podrán poner a disposición de varias unidades de negocio el mismo capital. La idea es que la normativa de los grandes conglomerados se ajuste a la regulación de las entidades financieras. Lo cierto es que a lo largo de la última década un grupo de empresas no financieras chinas se filtraron en diversos sectores de la actividad financiera apalancando su expansión de forma acelerada precisamente por sustraerse a la normativa que obliga a los bancos.

Algunas de ellas ya se han visto sometidas a la presión directa del Gobierno a través de los organismos habilitados para que sofrenaran sus ambiciones. Un ejemplo es la corporación, propietaria de una compañía de aviación y hostelería  HNA, que se ha visto obligada a vender diversos activos como participaciones bancarias y financieras en China y una significativa en el Deutsche Bank. 

También han sido objetivo de los reguladores las empresas en la frontera entre las finanzas e Internet que captan depósitos o sirven de plataforma para la contratación de criptomonedas. La gran fintech china, Ant Financial, ha debido adoptar medidas para reducir la afluencia de capital a su fondo de inversión en el mercado de dinero, pese a lo cual sigue siendo el más grande del mundo. Mientras, la empresa ha prestado cientos de miles de millones de dólares en microcréditos a particulares y empresas en China. La empresa sin embargo está constreñida a reducir sus dimensiones, pero nada indica que esa reducción vaya a ser tan radical como para destronar a la primera fintech del mundo por dimensión.

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