edición: 2556 , Martes, 18 septiembre 2018
06/03/2018

China pretende una participación activa en la reorganización global de la industria del automóvil

La expansión de Geely y su entrada en el capital de Daimler indica el apoyo de Pekín a la operación
Carlos Schwartz
China es uno de los mayores mercados mundiales para la industria del automóvil y este sector industrial tiene grandes empresas como la estatal Dongfeng, que ha entrado en el capital de PSA y de Geely que es propietaria de Volvo en Suecia, Proton en Malasia, Lotus Sports Cars y la fábrica de taxis LEVC en Reino Unido, la nueva marca Lynk de coches eléctricos, que el mes pasado adquirió Volvo Trucks… y que a finales de febrero desveló una participación del 9,8% en Daimler la empresa que se atribuye haber inventado el automóvil. Las acciones fueron adquiridas a nombre del máximo ejecutivo de la automotriz china y dueño visible del grupo Zhejian Geely Holdings, Li Shufu. La operación despertó de inmediato una fuerte curiosidad en la industria del automóvil. Geely había intentado en 2017 algunas aproximaciones a Daimler de acuerdo con fuentes del sector del automóvil pero el equipo de Dieter Zetsche, el máximo ejecutivo de la empresa, no se mostró muy dispuesto a hablar. Con motivo de ese intento de aproximación Geely sugirió que podría tomar un 5% del capital de la empresa alemana, pero como el silencio se mantuvo Li Shufu decidió elevar la apuesta para tener un asiento en el consejo de la empresa y comprar el derecho a dialogar.
Esto está en línea con las ambiciones políticas del país que en materia de objetivos industriales y bajo el título de “Fabricado en China 2025” espera convertir al país en un líder de la producción de coches eléctricos junto con otros nueve sectores más de la alta tecnología. Pero para ellos su industria del automóvil que en el mercado interno está controlada por el estado debe contar con la tecnología adecuada.

Algunos analistas han señalado que la entrada del magnate chino en el capital de la empresa alemana puede ayudar al desarrollo de Daimler en China. Pero esto tiene poca caladura como reflexión. Daimler vendió el año pasado 600.000 coches en el país, tiene su propio socio local y goza de mucho  prestigio al igual que las otras tres grandes marcas germanas que no han cesado de crecer en ese mercado. 

Lo que realmente llama la atención es que el Gobierno de China se ha instalado en una firme represión a la salida de capitales por parte de empresas endeudadas en exceso y con serios problemas financieros como son los casos de Wanda, HNA o Anbang en meses recientes. En algunos casos los ejecutivos caídos en desgracia han sufrido prisión. En paralelo a estas acciones el gobernador del Banco de la China Popular ha señalado que la salida de capitales pone en riesgo la estabilidad de la moneda local. Por el contrario Geely ha desembolsado 10.000 millones de dólares, aunque se ha ocupado de explicar que lo ha hecho sin sacar dinero de China.

De acuerdo con fuentes de medios financieros la operación se ha hecho con la pignoración de los títulos y los analistas consultados creen firmemente que cuando menos ha existido un acuerdo expreso del Gobierno y muy probablemente cartas de garantía por parte de algún gran banco estatal chino. Es que Geely no sólo adquirió su participación en Daimler a finales de febrero. Ese mismo mes cerró la adquisición de la división de camiones de la empresa, Volvo Trucks, que era una unidad independiente como en casi toda la industria del camión. Lo cual pone de relieve que la empresa cuenta con un expreso apoyo gubernamental. 

El propio Li Shufu sugirió esto al afirmar recientemente a la televisión que “Para esta inversión en particular, nuestro objetivo es dar apoyo al crecimiento de la industria del automóvil en china a través del crecimiento de Geely como servicio a nuestras estrategias nacionales”. Hasta ahora el afán de Pekín por desarrollar una tecnología punta capaz de resolver la motorización eléctrica de los automóviles ha fracasado.

De acuerdo con fuentes del sector de la industria del automóvil, Li Shufu está interesado en “iniciar un diálogo con Daimler sobre el futuro tecnológico de la industria”. De acuerdo con otras fuentes industriales “Geely intenta ajustar su tecnología a las normas para prevenir la contaminación del aire que el sector enfrentará a partir de 2019 en China”. En el sector se considera a Daimler como la empresa que se encuentra más adelantada en el desarrollo de coches de tecnología exclusivamente eléctrica y la empresa ya ha anunciado que planifica producir 10 modelos totalmente eléctricos para el 2020. Li Shufu ya ha iniciado sus contactos con Daimler aunque ni ésta ni Geely han dicho que es lo que Li Shufu espera obtener a cambio de su participación accionaria. Como ha dicho una de las fuentes consultadas, “no lo ha dicho pero nos lo podemos imaginar”.

De acuerdo con los analistas del sector, Geely intenta construir un grupo con las características de Volkswagen, es decir con múltiples marcas cubriendo una franja amplia de capacidad de consumo de acuerdo con el poder adquisitivo de su clientela. Pero en este objetivo Li Shufu ha mostrado ser capaz de armar operaciones complejas y sacar adelante sus proyectos. Un ejemplo es Volvo, una empresa que rescató de la crisis y puso en rentabilidad y por la que pagó 1.300 millones de dólares prestados por un banco estatal chino. La adquisición de la empresa independiente Volvo Trucks  es otra vuelta de tuerca en el mercado. La entrada en el capital de Daimler ha desatado rumores en la medida que la división de camiones de la industria alemana es el principal competidor de la sueca por la que Geely pagó 3.900 millones de dólares hace un mes.

Pero en realidad Geely es una anomalía en la industria china del automóvil. Ésta está en manos del estado que controla las cinco empresas productoras de automóviles, camiones y furgonetas. Es el caso de Donfeng fundada por Mao Ze Dong en 1968, que fabrica bajo licencia de otras marcas extranjeras y que ha dado el año pasado el paso de entrar en el capital de PSA, fabricante de Peugeot y Citroen. Todo parece indicar que Li Shufu ha sido apoyado por el Gobierno de China en su evolución empresarial con la intención de que sea la punta de lanza de la captura de tecnología a escala internacional. A cambio de su colaboración y “buen hacer” el estado le ha permitido acumular una cuantiosa fortuna.

Pero el corazón de la industria china del automóvil sigue en manos del estado y lo que ese estado quiere ahora es adquirir la tecnología necesaria para estar presente en la primera linea de la transición del automóvil impulsado con motores de explosión interna a la primera línea de los coches impulsados por motores eléctricos. Si se tiene en cuenta este objetivo es más fácil de comprender la animadversión del presidente estadounidense Donald Trump hacia China, basta con recordar a Detroit.

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