edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
11/01/2016
OBSERVATORIO TALENTO RELACIONAL

Chusqueros en la dirección (I)

Julián Gutiérrez Conde
El chusquero es ese personaje con mando que falto de conocimientos y necesitado de llamar la atención e imponerse gestiona su responsabilidad a base de berridos, amenazas y displicencias que le permiten crear una barrera infranqueable entre él y sus subordinados que le permita a su ombligo ensimismarse consigo mismo y sentirse poderoso cuando se mira en el espejo que él sólo se mira.
El chusquero se vanagloria de “haberse hecho a sí mismo”. Y hay que reconocerle que en eso tiene toda la razón. ¡No hay más que verle en cómo ha salido el diseño!.

El chusquero entiende el mando como la capacidad de ordenar dando voces y atemorizar a sus, para él, inferiores. Porque para el chusquero un subordinado es igual que un inferior; una especie de “cosa con manos y piernas” que ha de moverse cómo dónde y a la velocidad que él ordene. Busca autómatas sin darse cuenta de que esa forma de hacer le convierte a sí mismo en un simple “Mando de Teledirección” y que eso además de no servir para nada y estar pasado de moda, es muy fácil de sustituir. Porque eso le asemeja a un mamporrero y mamporreros existen muchos y muy baratos.

La filosofía del mamporrero es tan simple como elemental. Agredir a todo lo que considera inferior y lamer sumiso y adulador a quien considera superior o que le pueda interesar para medrar.

La deriva post-capitalista hacia el absurdo de que todo vale con tal de que produzca beneficio ha revitalizado a muchos chusqueros.

Con el chusco no se puede llegar muy lejos pero ¿qué importa eso para aquellos que caminan por la vida a toda velocidad y sólo alumbrados con luces cortas?

Para el chusquero las personas tienen formato “cosiforme”: ¡No me digan que eso es absurdo. Ya lo sé!. No resiste el menor análisis, por eso me sorprende tanto la multiplicación de mamporreros por los sillones de dirección. El único argumento justificativo  de su existencia es el constante crecimiento del beneficio. No le pregunten si mayor beneficio hace mejor y más sólida empresa. Los mamporreros no se preguntan eso porque saben que en la respuesta está su tumba.

Hay sectores en los que, por su sofisticación tecnológica o por la proximidad del servicio al cliente, parecería que no fueran aptos para mamporreros de la dirección. Pero tampoco esos sectores se han librado de servir de nido a los chusqueros.

Tras conocer con mayor profundidad que la de simple cliente al sector hotelero, me he llevado la gran sorpresa de ver el número de chusqueros que por allí pululan.

Emblemas de cadenas de lujo como la del Ritz que define su orientación como : “Ladies and gentlemen serving ladies and gentlemen”, son excepcionales. Definirse así significa, como explica Herve Humler, President & COO of The Ritz-Carlton Hotel Company, creer que las personas son las llave de la excelencia en su organización. Pero para eso hay que tener “talla directiva”. La mayoría se conforman con diseñar su actividad sustentándola en lujosas instalaciones y cadenas a las que añaden ostentosas expresiones modernas como Stars, Super, Global o Euro … que añaden o anteceden a su nombre, convencidos de que así muestran su elitismo.

Y pueden imaginarse lo que puede llegar a sentir un mamporrero cuando se considera “de élite”. Para troncharse de risa porque como decía mi abuela: “aunque la mona se vista de seda… mona se queda”.
Explicarle a un chusquero que el Arte de Dirigir  comienza por creer en las personas y en sus capacidades de desarrollo para colaborar en la expansión de la energía disponible, es algo así como “echar margaritas a los cerdos” que dicen en mi pueblo. Porque los beneficios no sólo tienen la lectura del volumen que alcanzan sino el de aquellos factores que impiden que sean mayores y que elevan el nivel de Riqueza.

El espíritu chusco cree que las personas son costes y no un elemento esencial en la generación y multiplicación de resultados. Esta última versión supera a quien se siente orgulloso de “haberse hecho a sí mismo” y ni siquiera reconoce que si han llegado a algo es porque alguien en su momento les dio una oportunidad. Pero eso parece que está reservado a “ladies y gentlemen”.

Existe un chusquero clásico, sin estudios que ha desarrollado su oficio en base a acumular experiencia. Es burdo pero directo. Pero en los últimos tiempos ha brotado el chusquero titulado, que añade a lo burdo el engolamiento del “leído” que se considera sabio. Este es un chusco estirado con corbata y aderezado con envoltorios de lujo y sofisticación.

Entre aquel clásico y este postmoderno licenciado suelen existir malas relaciones. Como si fueran de la misma familia pero de diferentes ramas. Pero es que el fulgor íntimo les puede: No saben llevarse bien con nadie ni reconocen méritos a nadie porque eso lo toman como debilidad.

Con o sin estudios, ambos son analfabetos relacionales. Que ven enemigos hasta con quienes son sus mejores útiles para el éxito. Pero su analfabetismo les supera con un ego que da entre risa y pena.

Continuará ...

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