edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
19/09/2008

CNMV, infeliz cumpleaños

Juan José González

Esta semana se cumplen 20 años de la puesta en marcha de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que comenzó su andadura de la mano de Luís Carlos Croissier, tras la aprobación de la Ley del Mercado de Valores con el objetivo de ser  supervisor e inspector de los mercados de valores y de la actividad de cuantos intervienen en ellos. La celebración toca ahora y coincide con los mercados -de los que teóricamente se ocupa- en plena eclosión de crisis. Pero también coincide con la crisis que la propia institución vive desde la salida de Manuel Conthe, en una peculiar atmósfera de interinidad, lo cual no es bueno ni para el mercado ni para los que trabajan diariamente en el regulador.

Enumerar ahora todos los episodios en los que la CNMV se ha visto inmersa por una u otra razón, por el resultado de su intervención, por la falta de acierto o, incluso, por su desidia ante situaciones clamorosas, sería un relato prolijo el cual deseamos evitar en este espacio.

Si por algo hubiera que juzgar el mandato de Seguras y Arenillas (aunque breve desde la dimisión de Conthe) sería por el bajo perfil de su gestión en los últimos meses, escondidos en sus despachos sin apenas comunicados públicos, en la oscuridad: desde el 1 de enero del presente año, ha emitido unas 16 notas, de las que sólo 11 pueden considerarse como de interés para los intermediarios de este mercado. El resto son relaciones públicas e imagen.

Hemos conocido hoy la intención de su presidente Julio Segura de seguir al frente del regulador por otro nuevo mandato –el actual expira en octubre-. ¡Horror! habrán exclamado algunos intermediarios financieros, mientras otros lo deben estar celebrando. En cualquier caso, mala noticia.  Y si la continuidad de Julio Segura es lamentable, la de Carlos Arenillas no esta exenta de bochorno. Si hubiera que medir la eficacia en el trabajo de ambos y las aportaciones profesionales a la institución tendríamos que recorrer los diez restaurantes de cinco tenedores de Madrid para dar la medida.

Si se echan en falta intervenciones públicas de nuestras autoridades en apoyo a los inversores, en dar explicaciones institucionales sobre los riesgos que corre el público en un mercado como el actual, donde domina al caos, la actitud de los responsables de la CNMV no puede ser la indolencia. Un intermediario financiero ponía como ejemplo la actitud de las autoridades norteamericanas o de Reino Unido en las dos últimas semanas, informando y emitiendo declaraciones a través de Reuters y de sus páginas web.

La última reacción de la CNMV, tarde y mal, es la publicación de la nota de prensa relativa a la exposición o contagio de la inversión española por la quiebra de Lehman. Quizás un exceso de celo o de mesura es lo que ha guiado al regulador con Segura y Arenillas a la cabeza, a mantener ese bajo perfil, que algún observador califica de obligado, dado el escandaloso motivo que originó su llegada a la presidencia de la Comisión. A más de uno nos hubieran puesto en la calle si hubiéramos tardado 96 horas en conseguir la información sobre el riesgo de fondos y sicavs españoles. Como para reaccionar.

Pues bien, en los próximos meses el ministro de Economía, Pedro Solbes, se propone presentar el Proyecto de Renovación del Sistema Supervisor –dos técnicos trabajan ya en el borrador- por el que se pretende implantar en España el modelo dual de supervisión y reducir de tres a dos el número de organismos supervisores. Y será el mismo Solbes quien deba proponer al técnico (seguramente político) que gestione la nueva etapa de la supervisión de este mercado.

Quizás para el puesto sería deseable alguien que además de saber, ¡tenga cintura, experiencia y esté curtido en batallas, que tenga carácter (ni tanto como Conthe ni tan poco como Fernández Armesto), dinámico, vivo y avispado que, para presidente de ese mercado, no es pedir demasiado, por lo menos que sepa tanto como los que vayan a pasar por su despacho.

La nueva Comisión salida del Proyecto de Ley será del tipo “twin peaks”, de simple diseño institucional. Se denominará Comisión Nacional de Servicios Financieros y perderá las actuales funciones relacionadas con bancos y cajas en beneficio del Banco de España, que deberá asegurar la solvencia de todas las entidades financieras, incluidas las aseguradoras y las empresas de servicios de inversión.

Y un último deseo, que nuestras instituciones funcionen en modo de prevención en vez de a toro pasado, a posteriori.

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