edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
03/12/2010

Cómo cazar especuladores con pólvora mojada

Carlos Schwartz
El presidente del Banco Central Europeo (BCE) Jean-Claude Trichet puso de manifiesto nuevamente su habilidad para manejar una audiencia de periodistas durante la rueda de prensa en Fránkfort ayer. Respondió con cierta amplitud las preguntas que servían a su mensaje y dejó sin contestar las que suponían clarificar el calado de la operación en la que el BCE está embarcado. Lo cierto es que reiteradas veces se negó a dar datos relativos al mercado de deuda pública, afirmando que jamás habla on-line de esos temas mientras los mercados funcionan. Entretanto, el departamento de operaciones del banco emisor del euro intervenía con fuerza en los mercados secundarios de deuda pública de Irlanda y Portugal comprando bonos en bloques de 100 millones de euros, según operadores de dichos mercados. La intervención en los mercados fue calificada por estas fuentes como “una de las más grandes desde que se adoptó esta política en mayo pasado”. Trichet habló ayer al finalizar la reunión mensual del consejo del banco emisor en el que se sienta un firme enemigo de este tipo de operaciones, el presidente del Bundesbank, Axel Weber. Es posible que Trichet haya hecho una alusión velada a las posiciones de Weber al afirmar que el consejo de gobierno del BCE había “aprobado por una amplia mayoría mantener las operaciones no convencionales”. Es de suponer que en la minoría estaba Weber...

Mientras, Trichet dejaba claro que hasta el tercer periodo de mantenimiento de 2011, el 12 de abril de ese año, las operaciones de refinanciación a una semana, un mes y tres meses se seguirán efectuando sin limitación de cantidades. Esto es de hecho la prórroga de un periodo de liquidez sin cortapisas para los bancos que entregan a cambio del dinero del BCE deuda pública. La señal es clara: los bancos pueden seguir adquiriendo deuda soberana ya que a cambio de ella con una rentabilidad creciente, pagarán sólo el 1% al BCE. El arbitraje supone un diferencial enorme y por lo tanto una fuente de ingresos más tentadora que la de colocarse a la baja. Trichet se abstuvo en todo momento de hablar de intervención directa en los mercados de deuda pública europeos, si bien manifestó una y otra vez la determinación de defender el área del euro.

Manifestó con claridad que las acciones serán “conmensuradas con las necesidades de los mercados” sin mencionar en ningún momento la presencia compradora. Esta formulación evasiva de la estrategia del banco central va dirigida a un claro enemigo: la pléyade de operadores con posiciones cortas contra la deuda soberana europea, en especial la de Irlanda, Portugal, España e Italia en la última semana en la que la ofensiva de los especuladores ha arreciado. El objetivo es generar incertidumbre entre los “bajistas” al no dar a conocer los volúmenes que el banco está dispuesto a apostar en este pulso y ratificar la firme decisión de sostener al euro. El temor a que una abrupta reversión de la tendencia, aunque ésta dure poco, les ocasione severas pérdidas al tener que cubrir las posiciones con deuda más cara ha llevado este jueves a una recuperación de los precios de la deuda y a una caída de los diferenciales contra el bono alemán.

Los dedos acusadores en los mercados de deuda señalaban a la banca de negocios estadounidense como al villano de la película. Excluir del juego a los europeos parece benigno. La última semana parecía que nadie estaba dispuesto a perderse la oportunidad de ganar dinero a costa de los tesoros públicos asediados.

Lo que ocurre entretanto es que esta estrategia del BCE tiene un enemigo serio, Alemania, que no está dispuesta a que las fórmulas “no convencionales” disparen los costos para su propio Tesoro. Habrá que ver cuánto dura el respiro. Pero mientras el BCE ayuda a sortear la crisis de la deuda de forma muy mesurada, más que conmensurada, todo parece indicar que la época dorada de liquidez a coste cero se está cerrando. Entre otras cosas porque comienza a insinuarse que los problemas residuales de la banca no son de liquidez, aunque las tensiones de este tipo existan. Se comienza a imponer el criterio de que lo que hay son problemas patrimoniales, y la experiencia irlandesa ha hecho sonar la alarma. Es decir, un poco de orden, de un lado los problemas de deuda soberana, del otro los de la banca.

El vicepresidente de la Comisión Europea, y comisario de competencia, Joaquín Almunia dijo el martes en Bruselas que se extenderá la posibilidad de ayudas públicas a la banca pero la autorización se dará a condición de que se presente un plan de reestructuración. Finalmente, comienza a imponerse el criterio de que si se dan ayudas a los bancos y cajas de ahorros es porque estos tienen problemas. Si hay algún ejemplo flagrante de esto es el FROB español destinado a las cajas de ahorros.

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