edición: 2598 , Lunes, 19 noviembre 2018
20/02/2009

Concurso de ideas para cubrir el agujero de las cajas

Elevar el mínimo de cobertura, o sólo con fondos públicos
Juan José González

Segunda vez en cuatro meses que el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) salta a la actualidad, esta vez no como consecuencia de la necesidad de cobertura de los depósitos de ahorradores sino para su requerimiento como interventor en la capitalización de las cajas de ahorros en crisis, de las que el Banco de España tiene más que indicios de la existencia de un serio agujero patrimonial. El primer problema que surge es que el FGD no dispone de recursos para ese tipo de obra. Y aquí comienza un nuevo capítulo de la historia contemporánea de la Banca española, sección cajas de ahorros. Recordar que a finales de octubre, el Gobierno confirmó su intención de aumentar de forma inmediata los recursos del FGD así como su tamaño en personal y en metros cuadrados, sin que hasta la fecha se conozcan novedades en ese sentido.

A nada que se hagan unas cuentas, incluso las de la vieja sería ir demasiado lejos, queda al descubierto que con los 3.650 millones de euros de que dispone a día de hoy el Fondo (de cajas) no alcanza ni para llegar a Guadalajara, y menos a Toledo: como mucho a Soria o a Ávila. Nada más. El agujero de las cajas se estima en medios financieros que ronde los 36.000 millones de euros, algo imposible de abordar por la citada institución con semejantes recursos (el 10%). Así que no queda más remedio que aplicar la solución empleada en su día para rescatar a otras entidades de la quiebra, es decir, dinero público.

Nuestro FGD no anda sobrado de recursos financieros. El de bancos cuenta con 2,5 millones de euros y las entidades aportan el 0,6 por mil de sus depósitos, y el de cajas destina el 0,4 por mil de los depósitos y cuenta con unos recursos de 3,65 millones. Es por ello que hacer cuentas, si hay que hacerlas se hacen, pero… en realidad el temor en el asunto del agujero de las cajas, algo que hoy por hoy carece de concreción técnica, aunque en Cibeles conocen el diámetro exacto, es que deberá ser cubierto con dinero público pero también por las mayores aportaciones por depósitos de las entidades mediante la elevación de dicho porcentaje. Y a esto último, elevar el mínimo de cobertura, la CECA se resiste como gato panza arriba.

Se sabe, y se acepta hasta donde puede cada uno, que los fondos de garantía no son prácticos cuando hay riesgos “sistémicos” o similares (estaríamos en este segundo caso) porque sencillamente no hay un fondo que se pueda hacer cargo de tamaña factura, prueba de ello son los episodios de los que hemos sido testigos en los últimos meses; Gobiernos europeos y norteamericano acudiendo al rescate con el talonario en la mano dispuestos a evitar lo irremediable. Talonario, por supuesto, con fondos públicos.

Allegar fondos públicos, sin más, con exagerada facilidad, como ocurrirá en la práctica, devalúa y empobrece el sistema y le desprende de cualquier seriedad. Por eso se hace necesario que antes de poner en marcha ese ‘pasillo monetario’ directo al problema, a los balances de las cajas con problemas, se haga una estimación de lo que va a suponer en el futuro salvar a un puñado de entidades financieras muy locales y arraigadas en su medio pero que hoy están fuera del mercado por rentabilidad, solvencia y riesgos. Por el momento la de Castilla La Mancha ya ha pedido 1.000 millones, sólo para empezar.

Es posible que la recapitalización que necesiten obligue, con anterioridad, a un redimensionamiento. Palabras mayores si lo que se desea es que las entidades de ahorros con problemas tengan una ratio de activo por empleado similar a la del sector bancario, y por tanto habría excedentes por muchos sitios, empezando por el de personal, en torno al 30%, y siguiendo por la red de oficinas, el 50%.

Por cierto, una directiva europea anima encarecidamente a los países miembro, a que aumenten las aportaciones a sus fondos y por alusiones al español diversos organismos oficiales contestaron en su día que no era necesario porque no había peligro de quiebras en el sistema y además porque el español era, en aquel mes de octubre, con 6.152 millones de euros, el de mayor volumen y patrimonio de toda la Unión Europea. Pero las cosas parecen haber cambiado desde entonces.

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