edición: 2226 , Viernes, 26 mayo 2017
16/02/2017
banca 
Falla la estrategia

Consejeros hartos de FG y sin fe en el rumbo del banco

Desde 2007, BBVA ha perdido en Bolsa más de cuatro veces que Santander y vale 13.000 millones de euros menos
Juan José González
La valoración de las cifras suele admitir casi todo tipo de usos e interpretaciones, si bien, en ocasiones, su elocuencia no admite reparos. Y las cifras dicen que desde 2007, BBVA, castigado por la crisis, por el mercado bursátil, con una pérdida de capitalización de 13.000 millones de euros (desde los 55.000 millones de entonces hasta los 42.000 millones de valor actual) no sigue un rumbo adecuado. Falla la estrategia, plagada de desaciertos, apuestas fuertes en mercados complejos, problemáticos, excesivo riesgo en juego que no termina de reflejarse en las cuentas. No hay retorno suficiente que corresponda al nivel de riesgo asumido, al capital invertido y comprometido. No se trata aquí de hacer comparaciones, pero en el mismo sector, un competidor directo, se ha depreciado en ese mismo período, cinco veces menos, con apuestas no exentas de riesgo, muy comprometidas y volátiles. En ese valor relativo que se asigna a las cifras, juega un papel decisivo la gestión, la ejecución de la estrategia elegida por el presidente de la entidad, propuesta al consejo y aceptada por este para llevar a la práctica. Acuerdos de mayoría que no significa que haya unanimidad. Algunos ya han perdido la fe en el rumbo del banco, en la estrategia. Y otros, en el presidente.
Sube de tono el descontento en algunos de los miembros del consejo, del principal órgano del BBVA. El banco no tira, como tampoco tira el negocio financiero: los resultados moderadamente positivos de 2016 muestran que las ideas brillantes y geniales, como las apuestas novedosas y estrategias digitales, no consiguen los retornos esperados. Ni siquiera el paso del tiempo, en el que se basan los plazos y los planes, se muestra a favor de los resultados: las apuestas tecnológicas del banco, o no se adaptan a las necesidades del mercado, o van por delante en exceso o bien, no son tan rentables como parecían indicar los cálculos de los estrategas. Se puede afirmar que el banco continúa siendo el mismo de siempre, de antes, cuando casi tres cuartas partes del beneficio llegaban de México y en resto se lo repartían España y otros mercados.

El riesgo, sin embargo, es ahora mayor que años atrás. En Norteamérica la apuesta de Compass es tan incierta como que los inversores desconocen algunas cifras básicas para el cálculo del riesgo crediticio del banco. En Turquía la incertidumbre sobre la evolución de la economía y del consumo transmite las peores sensaciones de futuro. Y México, el principal mercado, origen del beneficio del banco, está envuelto en la incertidumbre política propia de las relaciones con su poderoso vecino del norte, EE UU. Demasiados riesgos en juego entre EE UU y México que obligan a pensar en que quizá sería necesario contar con un plan `B´, dada la concentración del riesgo en la zona.

Puede que sea la persistencia de esta situación la que no agrada a una parte del consejo del banco. Pero si es así, habrá que modificar, cambiar o pensar en una nueva estrategia. Los resultados no esperan, tampoco los inversores, fondos y accionistas, todos a la espera de una reacción del banco. La acción no ha dejado de caer en los años de la crisis. En esto ha seguido el rumbo de la competencia. Pero la cuantía, el volumen de capitalización perdido no tiene nada que ver con el resto de colegas, todos han perdido valor, más el Popular, pero 13.000 millones menos de capitalización (desde 2007 hasta la sesión de ayer) equivalen al valor en Bolsa de la suma de Sabadell y Popular, o de este y Bankia, en fin.

En la práctica, un banco que se deja en Bolsa 13.000 millones de euros, no pierde su puesto -el segundo- en el sector de la banca cotizada, puesto que en el tercer lugar figura Caixabank con 20.300 millones de euros, y muy por delante el Santander con 75.800 millones. Eso sí, deja de ser un banco de primera categoría, `no sistémico´, como figura en la lista del supervisor bancario europeo. Y esa segunda posición, asimilable también a un "segunda categoría", no es una situación que agrade a una parte del consejo.

Una parte del consejo que no entiende muy bien que la fase práctica de la digitalización, idea efectista del presidente, Francisco González, siga sin aportar dinero. Las inversiones del banco en esta línea fundamental de la estrategia, la digitalización, se come entre 1.000 y 1.200 millones de euros cada año, contando con que no se produzca ningún imprevisto-país. (Turquía, EE UU). Cabe la posibilidad de que una parte del consejo viva en el desencanto de una estrategia que no da resultados, como tampoco dará bonus a los encargados de batallar en el campo las estrategias de FG. Si los directivos no se llevan bonus, los responsables de una estrategia que ha reducido el beneficio sólo en España en un 47%, no deberían recibir, en buena lógica, más que el despido. En el caso del presidente, un ejercicio de contrición le ha llevado a `autorecortarse´ un 12% su remuneración anual.

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