edición: 2935 , Viernes, 27 marzo 2020
14/12/2015

Cop 21 cierra sin acuerdos vinculantes pero sus objetivos permiten a Europa salvar la ropa

El compromiso sobre equilibrio de emisiones es un triunfo de las petroleras estadounidenses
Carlos Schwartz
De forma universal la prensa ha saludado los acuerdos alcanzados en la Cumbre sobre el Clima de París, bautizada Cop21, como un triunfo contra el aumento de la temperatura terrestre. Sin embargo, los pactos alcanzados no son vinculantes, a pesar de las afirmaciones del ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Laurent Fabius, sobre quien recayó el colosal esfuerzo de evitar que Cop 21 fracasara como ocurrió con la cumbre de Copenhague. Para Europa, algunas de cuyas naciones centrales como Alemania han hecho una apuesta casi ilimitada por las energías renovables, salvar la Conferencia sobre Cambio Climático era capital. Sin contar con que la Unión Europea (UE) se ha fijado objetivos vinculantes para el horizonte 2020 en materia de emisiones y ha presentado nuevos compromisos a la conferencia que se cerró este fin de semana. También Francia bajo el gobierno de François Hollande ha pegado un golpe de timón en materia de energía y se ha propuesto iniciar la sustitución de su infraestructura de generación eléctrica basada en un 70% en energía nuclear por energías renovables. Por tanto, para Europa la apuesta era de una magnitud considerable.
El motivo no es siempre transparente pero la realidad es que la opción de las energías renovables en la medida que no constituyen aun tecnologías e infraestructuras maduras supone mayores costes. Las consecuencias que esos costes implican no son despreciables, hacen una diferencia significativa desde el punto de vista de la competitividad internacional. De un lado, suponen un inevitable encarecimiento de la producción industrial en el corto y medio plazo. Del otro, el traslado de los mayores costes a los consumidores para moderar el precio de la energía implica tensiones políticas. Esto hace que la única forma de que el terreno de juego sea uniforme para todos es que las normas sean adoptadas de forma amplia por todos los partícipes en la actividad económica de los países y su reflejo en los mercados.

En este sentido, Europa solo ha salvado la ropa. En dos sentidos. Porque hay un compromiso que aunque no sea vinculante permite denunciar a los infractores y ejercer presión internacional y porque la persecución de esos objetivo implica un mayor compromiso de otras economías desarrolladas en la progresiva adopción de energías renovables como forma de limitar las emisiones. Esto quiere decir que las empresas tecnológicas europeas del sector renovable pueden tener un horizonte más estable que el bastante tenebroso que se percibía hasta la Cop21.

Pero desde el punto de vista del clima, es decir de la humanidad, hay un balance preliminar poco alentador. De acuerdo con los planes presentados por los 187 sobre 195 países que cumplieron con ese requisito, el calentamiento de la atmósfera de aquí al final del siglo -según la extrapolación hecha por los técnicos- será de 3 grados centígrados comparado con la temperatura de la atmósfera en la era preindustrial. Es decir que de acuerdo con los planes que se revisarán cada cinco años el objetivo de la conferencia no se cumple. Entretanto, nadie ha siquiera considerado el régimen de derechos de emisión que es el sistema interno utilizado por la UE para desalentar las emisiones.

Vale la pena recordar al respecto que las petroleras europeas abogaron de forma decidida por generalizar un régimen de derechos de emisión a escala internacional y en ese sentido se ofrecieron a la Convención del Cambio Climático de las Naciones Unidas, encargada de la preparación de la Conferencia sobre el Clima, para participar activamente en el desarrollo de esa propuesta mediante contactos directos con los Gobiernos y con las Naciones Unidas. En lugar de ello, entre los acuerdos suscritos en la Cop 21 figura en lugar destacado que a partir de 2050 debe existir un equilibrio entre la emisión de los gases de invernadero, en particular el CO2 y su captura.

Esto equivale a decir que la inversión de las grandes industrias que están en la base del ciclo de emisión de gases de invernadero, en particular la del petróleo, se debe orientar hacia los sistemas de captura de carbono. Con motivo de la propuesta de las seis petroleras europeas, British Gas, British Petroleum, ENI, Royal Dutch Shell, Statoil y Total para universalizar los derechos de emisión, las petroleras americanas respondieron haciendo explícita su oposición al régimen de derechos de emisión subrayando su fuerte inversión en el desarrollo de sistemas de captura de carbono.

Con oportunidad de ese debate el consejero delegado de Chevron, John Watson, dijo que se oponía a la propuesta de las seis empresas energéticas europeas para el desarrollo de un sistema que ponga precio a las emisiones de carbono porque ese sistema encarecería la energía. La decisión de Cop 21 ha adoptado el punto de vista de las petroleras estadounidenses, un asunto que va en la misma dirección que la supresión de cualquier carácter vinculante de los acuerdos adoptados. En la base de las concesiones está la condición básica impuesta por Estados Unidos: no empujar al gobierno a un choque con su oposición republicana, ni con los poderosos lobbies energéticos de su país muy próximos a esa oposición. En estas condiciones el acuerdo de París lo que refleja es una subordinación del mundo industrializado a los intereses de Estados Unidos y sus lobbies más poderosos de un lado y a las limitaciones de las economías emergentes del otro.

Respecto de estas últimas, la creación de un fondo de 100.000 millones de dólares anuales entre 2020 y 2025 destinado a financiar la conversión de los sistemas energéticos de las economías emergentes y subsidiar las pérdidas que les ocasione a las naciones más pobres, parece una solución tardía. Si en cierta medida China ha reaccionado es por el temor a que su profundo desprecio por el medio ambiente acabe provocándole serios problemas internos con una población cuyas perspectivas económicas además han desmejorado de forma abrupta en el último año.

Por su parte, otro gran emisor como India no va a parar el tren entre dos estaciones a la espera de que otro lo releve en su aspiración a factoría mundial. En todo caso el saldo más positivo de la Conferencia de París ha sido el reconocimiento tácito de que el incremento de la temperatura de la superficie terrestre es resultado de la actividad humana y que depende de la acción de las naciones detener el proceso. Pero la clave para ello es la voluntad política y no parece que ésta haya sido capaz de superar las limitaciones que impuestas por los intereses sectoriales.

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