edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
29/12/2011

Corea del Norte espera las purgas propias de cada cambio de líder

Pedro González
Cumplidas las exequias del Amado Líder Kim Jong-Il, que será embalsamado como su padre Kim Il-Sung, y entronizado el Gran Sucesor Kim Jong-Un, los burócratas del régimen norcoreano libran su particular batalla por permanecer o acceder al primer círculo de poder, o, en caso contrario, librarse al menos de la depuración propia de cada cambio de líder. Lo primero que hizo el ahora embalsamado Kim Jong-Il fue eliminar a los más íntimos colaboradores de su padre, algunos de ellos por el procedimiento de un accidente, otros por el de la mera y eterna desaparición, y algunos más por causa de un súbito y mortal empeoramiento de salud. Para un experto como él en los métodos de espionaje de la Guerra Fría, la eliminación de todo aquel que pudiera suponer un obstáculo en el desempeño de su tiranía,  eso era tarea fácil. Al fin y al cabo, no hay prácticamente territorio en el mundo que escapara a su vigilancia, si en él se cobijaban disidentes o exilados de Corea del Norte.

La entronización como Gran Sucesor de Kim Jong-Un hace ahora quince meses también marcó un nuevo viraje en el íntimo círculo de poder de su padre. Su propio secretario personal, Ri Je-Gang, el hombre que gozó de su mayor intimidad y que supervisó todos los ascensos y nombramientos militares durante dos décadas, sufrió un misterioso accidente de automóvil en mayo de 2010. No pasó siquiera una semana que su principal rival, Jang Son-Taek, casualmente cuñado del Amado Líder, fue promovido a vicepresidente de la Comisión de Defensa Nacional, el órgano en el que se toman todas las decisiones estratégicas de gobierno. Apenas un mes antes, Ri Yong-Chol, secretario de organización adjunto del Partido Único había sufrido un infarto fulminante.

Según un amplio dossier, publicado por el diario surcoreano Chosun Ilbo, el año 2010 fue pródigo en ejecuciones de personalidades prominentes de Corea del Norte: nada menos que 60, tres veces más que en 2009. Todos ellos fueron fusilados después de procesos sumarísimos, aunque sin la escenografía ni la relevancia que en su día Stalin otorgara a los denominados “grandes procesos de Moscú”, en los que se deshizo de todos los camaradas que acompañaron a Lenin en la primera hora de la revolución de 1917, salvo León Trotsky, al que terminaría persiguiendo y liquidando en México, Ramón Mercader mediante.

Los ejecutados en Corea del Norte serían todos ellos partidarios de una mayor autonomía de las todopoderosas fuerzas armadas, elevadas por el propio Kim Jon-Il al rango de “espina dorsal de la patria”. Su pecado habría sido oponerse a la entronización de Kim Jong-Un, consagrando por lo tanto la primera y única dinastía comunista en el mundo, aparte claro está  de la de Cuba, reducida de momento a una mera sucesión entre hermanos.

También tres ministros económicos fueron cabezas de turco de los acontecimientos más negativos acaecidos en el país. Pak Nam-Gi, director de Finanzas del partido, fue al paredón de fusilamiento en abril de 2010 acusado del fracaso de la reforma monetaria. El Amado Líder le acusó incluso de “haber planificado conscientemente la ruina del país”. Un cargo que llevaba aparejado, aparte de la pena de muerte, el oprobio para toda su familia o cualquiera que se reclamara próximo a su persona. Su sucesor, Hong Sok-Hyong, desapareció misteriosamente en junio de este año. Los expertos surcoreanos de la agencia de espionaje no descartan ninguna hipótesis, aunque señalan como la más verosímil su disolución en ácido, una práctica más habitual de lo que se supone. El Amado Líder, sabedor de que la cárcel puede convertir en héroes mañana a los convictos de hoy, prefería al parecer borrar esa posibilidad para cualquier sospechoso de ensombrecer su poder totalitario.

El ministro de Ferrocarriles, Kim Yong-Sam también fue ejecutado en junio de 2010. Estaba bajo sospecha desde 2004, en que se produjo una gran explosión con centenares de muertos en la estación de Ryongchon, pero el Amado Líder terminó por convencerse de que su ministro era el responsable de aquel atentado, dirigido probablemente contra su propio tren blindado, su medio de transporte preferido por tenerle verdadero terror a viajar en avión. Del ministro de Seguridad Pública, Ju Sang-Song, destituido también en marzo de este año, tampoco han vuelto a tenerse noticias. Otro cargo de gran poder, Ryu Kyong, subdirector de Seguridad del Estado, fue asesinado en enero de 2011, sin que se encontraran nunca a los “delincuentes” que lo eliminaron.

El diario Chosun Ilbo describe todo este siniestro panorama como un auténtico “reinado del terror”, extendido por todo el país. Un clima que puede intensificarse mientras Kim Jong-Un se asienta en el  poder, tutelado por su tío Jang Song-Taek y  la esposa de éste, Kim Kyong-hui, hermana menor del Amado Líder, ascendida al Politburó de los Trabajadores y nombrada general del Ejército. El Gran Sucesor  solo podrá conseguirlo haciéndose temer aún más que su padre. Y el método es conocido: cortando, en este caso literalmente, muchas cabezas.

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