edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
30/09/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Correa prepara un nuevo chantaje con las multinacionales en Ecuador

Patea el tablero de los hidrocarburos para espantar las zozobras de Petroecuador y forzar el flujo de inversiones y nuevos contratos de servicios
Con reservas duplicadas, Repsol blinda sus alternativas: si se va por el camino de City y Occidental, perdería menos del 1% de sus reservas, pero Ecuador a su principal inversor
Ana Zarzuela

Taconea y le sopla al miedo. Baraja de nuevo, al calor de una nueva Ley de Hidrocarburos, mueve ya las cartas marcadas para revolver una partida que había dejado sellada con Repsol en marzo y con Andes y Petrobras hace un año. Digiere la tocata y fuga de City, Perenco, Chevron y con cada ladrillo de repudio de sus aliados rusos y venezolanos –de espaldas a la inversión petrolera en Ecuador- , amuebla un laberinto en el que cada vez cobra más cara la entrada a las multinacionales. Reedita, como cada año, la coreografía de la negociación. Donde hace seis meses dijo transición, ahora entona el mantra del ultimátum; donde había promesas de inversión y luz verde hasta 2018 para Petrobras, Agip y Repsol, ahora sólo hay sitio en una mesa con nuevas ‘sillas’, las de un único modelo de contrato de prestación de servicios, sin acceso a reservas, con preferencia para los acuerdos con petroleras estatales, sin concurso obligatorio, con la obligación de asumir los cambios de precios con ‘el margen de soberanía’ y sin derecho a la protección del Ciadi. Otra vez en el limbo de las certezas legales.

El quinto productor de petróleo americano ahoga la orfandad de su deuda, los lastres de Petroecuador -en estado de emergencia y bajo mando militar hasta diciembre-, los límites de la producción de hidrocarburos (el peor nivel en cinco años) y los escándalos de la petrolera estatal con otra coreografía de portazos a las multinacionales. Dosifican su paciencia, blindan su permanencia con un 14% menos producción y la mitad de las inversiones en 2009 y le dan la espalda a la exploración.

Repsol, de nuevo, fortalece sus trincheras, aún calientes tras la última amenaza de nacionalización y congelación de activos hace seis meses. Hará valer el acuerdo de 2009 y sus promesas de inversión, pero será a cambio de nuevos proyectos de explotación en sus instalaciones de Yasuní y no cederán en la denuncia ante el Ciadi, sólo congelada a la espera de los contratos definitivos. Brufau desplaza el interés a otras latitudes -Brasil, Perú y el Golfo de México- con nuevos descubrimientos, la nevera de las reservas por fin casi llena y una tasa de reemplazo duplicada. Mira a Bolivia, a la inversión de 1.600 millones de dólares recién acordada por Repsol y Correa quiere más, pero no tiene ni el gas de Chávez, ni el acceso al mercado de Brasil y Argentina de Morales, ni nuevos descubrimientos y reservas a mano. Nada imprescindible ya para YPF. Si se va por el camino de City y Occidental, Repsol perdería menos del 1% de sus reservas, pero Ecuador a su principal inversor.

Ecuador primero sacude, luego denuncia. Todo para negociar un juego con nuevas reglas y en una cancha rediseñada a su medida. Necesita que paguen, más y más rápido, que asuman las líneas rojas de la OPEP y hagan el juramento de sus inversiones y sus concesiones fiscales y repudien al sistema jurídico internacional. Es el camino por el que negocia desde esta semana nuevos contratos con las petroleras. Influido por el viceministro de Hidrocarburos de Venezuela, se ha deslizado a un contrato de prestación de servicios, donde el Estado es dueño del 100% del crudo y sólo reconoce los costos de explotación a las compañías. Sin obligatoriedad de hacer concursos, con vía libre a la adjudicación directa. Y con unas condiciones diferentes a las que su propio gobierno negociaba. Donde en marzo dijo una rebaja del 99 al 70% del pago de ingresos extraordinarios, ahora dice nuevas tasas, participación en las tarifas de transporte por todos los sistemas de ductos operados en el país, y un fondo de soberanía petrolera sobre el  20% del ingreso bruto. Y deja todos los riesgos en las espaldas de las compañías: para evitar las líneas rojas del modelo (es beneficioso cuando el precio del crudo es alto, pero si cae no genera ingresos suficientes para que el Estado devuelva los costes a las firmas), el proyecto de ley crea un “fondo de soberanía petrolera”, que obliga a las privadas a dar al Fisco el 20% de su  ingreso bruto (sin descontar gastos). Esto garantiza un pago al Estado sin importar cuál sea el precio del crudo.

Correa quiere estrenar la presidencia de turno de la OPEP estirando las costuras del socio más pequeño y el último en llegar. Y a la vista de que ni la estatal Petroecuador ni sus nuevos aliados rusos, iraníes y venezolanos están por la labor, espera que las multinacionales paguen un ‘cubierto’ que es demasiado caro para el buque insignia de sus sueños estatales. Ya lo han hecho con sus inversiones, obligadas a aceptar un campo de juego fiscal cada vez más estrecho. Y en las carnes de la producción: corren desde este semestre con la mayor parte de las facturas de los recortes obligatorios. A Correa le duele el Ciadi. No hace ni dos meses que ha sellado su abandono del Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, pero con Repsol y Perenco en cabeza, le aguardan ocho juicios pendientes con las multinacionales de los hidrocarburos. Susto o muerte, en el mapa de sus nuevos contratos no sólo no reconoce al Ciadi y amuebla, a cambio, un “centro de arbitraje alternativo y regional” que Quito pondrá en marcha en semanas, sino que se reserva el ‘derecho de caducidad’, un portazo sin compensaciones para los nuevos contratos.

La presión es toda una estrategia. En 2007, a Rafael Correa le sirvió para forzar un reparto de extraordinarios del 99% a favor del Estado y el 1% para las multinacionales; en enero de 2008, para consumar la modificación de contratos petroleros. En noviembre, con la expulsión de Odebrecht y la amenaza a Repsol, domó a Petrobrás, que aceptó subir la participación del Estado del 25,8% al 40%. No fue ésa tampoco la primera vez tampoco para Brufau: en agosto de 2008, el 'sí quiero' le costó la renuncia a tres demandas ante el CIADI y la promesa de 316 millones de euros. En marzo de 2009, el acuerdo, tras el viaje de Brufau a Quito y la negociación de Fernández Cuesta permitió sellar un contrato transitorio hasta 2010, que estaba llamado a ser el preludio de un nuevo acuerdo hasta 2018 (con el compromiso de 134 millones de dólares de inversión hasta 2018) y consumar la renovación de los contratos de explotación del bloque 16 por nueve años más. Y en mayo las amenazas de congelar los activos y embargar las cuentas de Repsol le sirvieron para apretar a Moratinos y un canje de deuda española por 30 millones de dólares a cambio de inversiones, la suerte del nuevo Plan Director de la Cooperación Española, un interlocutor para la ‘guerra del banano’ ante la UE y el visto el visto bueno  -o al menos la mirada al lado- del Palacio de Santa Cruz a la danza con las multinacionales.

Negociación con Repsol, haberla la habrá para el tránsito de un contrato de participación a uno de prestación de servicios, pero ni el mapa de sus planes estratégicos y su core bussiness ni la bitácora de sus necesidades pasa ya necesariamente por Ecuador. No, a cualquier precio. Menos aún ahora que ha logrado reforzar el área de exploración y producción con 24 descubrimientos de crudo y gas desde 2008 (tres de ellos entre los cinco mayores del mundo) y que, con 2.300 millones de barriles de reservas probadas, puede alcanzar una tasa de reemplazo en sus reservas de hidrocarburos del 100% antes de 2012. Si se va por el camino de City y Occidental, Repsol perdería menos del 1% de sus reservas, pero Ecuador a su principal inversor -de espaldas a los 60 millones de dólares comprometidos con Quito para 2010 en el contrato transitorio de marzo- que extrae 44.000 barriles al día y tiene en la mano la llave de unas inversiones superiores a las prometidas por Petrobrás. Ha rebajado el pulso de su apuesta ecuatoriana, pero con la producción de la décima parte del crudo ecuatoriano (446.000 barriles), Repsol atesora aún  los mejores de los 34 contratos de explotación de petróleo que el Estado tiene suscritos con compañías privadas.  Opera con otros socios el Bloque 16 y los campos Tivacuno y Bogi-Capirón, está interesada en participar en la licitación para el bloque 31 y prevé perforar en el segundo semestre de tres a cuatro pozos y el próximo año se elevaría a 20 pozos nuevos para reactivar la producción. Es el propio ministro Germánico Pinto –el sexto desde que Correa llegó al Palacio de Carondelet- en reconocer que el reemplazo, ni está ni se le espera: ni la ‘hermandad bolivariana’ ni los 10 acuerdos energéticos sellados con Caracas opacan que Petróleos de Venezuela ha tenido que congelar los proyectos para Quito. Y que la avidez de Gazprom al sur del Río Grande no pasa por la línea del Ecuador.

YPF prometió no irse de ningún país de la región. Pero Rafael Correa y Evo Morales le están poniendo la cintura a prueba. Para la española hay “nubes”, a las que da aire lo que Antonio Brufau no duda en calificar como “falta de formalidad institucional”. Si la exposición en Latinoamérica en 2004 suponía el 52% de su negocio, en 2012 no pasará del 31%. Repsol se refuerza en Perú, reacomoda sus alfiles en Brasil, los pone bajo cubierto en Ecuador y Bolivia, acompasa el ritmo en Argentina y hasta se atreve con las primeras licitaciones para la exploración en la plataforma continental uruguaya, de la mano de la estatal Ancap. Las presiones, los descubrimientos -en Brasil y Perú-  y su propia partitura le acotan una nueva geografía al sur del Río Grande. Todo con tal de reducir riesgos, diversificar la producción, reponerse de la pérdida de reservas latinoamericanas -un 25% en dos años- y amortiguar los sustos bolivarianos. Es el propio Brufau el que se lo recordaba a Correa, al calor de los nuevos descubrimientos en Santos: Brasil es un oasis de garantías en una región que “carece del entorno adecuado para las inversiones privadas”. Se lo repetía el presidente de Repsol, en voz alta y en las espaldas de la satisfacción de Alan García, a la presidenta argentina: es Perú -el tercer país en importancia para sus planes- el que puede ofrecerle a la petrolera alta potencialidad en reservas de hidrocarburos y estabilidad, la suficiente, al menos, para invertir 500 millones de dólares anuales durante los próximos cinco años.

TELONES PARA LAS LAGUNAS DE PETROECUADOR

Rafael Correa se ha tomado a pecho la militarización de su gigante Petroecuador. No se resiste a la tentación de nutrir las ínfulas de sus pretensiones políticas y el motor gripado de la compañía estatal con los acuerdos y las inversiones de las petroleras internacionales. En un país que bebe del grifo energético -del que depende el 40% de su presupuesto- y en el que la caridad bien entendida siempre empieza por los inversores, las trasnacionales tiemblan desde que el ministro Derliz Palacios llegó con el reto de cambiar los contratos de participación por otros de prestación de servicios con las compañías extranjeras. Y con la consigna de hacer sangre para forzar las inversiones y el aumento de la producción y ponerle fin a un baile  negociador que el Gobierno ha prolongado durante más de un año. A pesar de que ha conseguido llevar al redil de sus deseos a las multinacionales de los hidrocarburos, hacerlas pasar por el aro del 99% de carga impositiva sobre ingresos extraordinarios, aceptar la recuperación estatal del 70% de las rentas petroleras (ahora tiene el 29%) y sus decretazos, Correa no acaba de encontrar el techo a sus deseos. Ya puestos a pedir, esperan más de 1.000 millones de dólares de inversión privada en el sector  para los próximos tres años, que se sumarían a los 2.000 millones de dólares del gobierno  como parte del presupuesto de Petroecuador, que en los últimos diez años ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas.

Pero con cada ladrillo en la torre de sus petrosueños populistas, Quito no hace más que blindar un laberinto del que ni siquiera la rebaja de producción de la OPEP le permitirá ya salir. Lo sabe Correa: todos sus caminos pasan por la inversión y la ‘pesca’ impositiva. Y ambos tienen el apellido de las multinacionales. Y es que con el barril bajo pierde más produciendo un 2% menos a pesar de la promesa de subir en un 20% los ingresos petroleros. Hasta el Palacio de Carondelet -que jura poder aguantar sus malabares presupuestarios hasta los 35 dólares por barril y hace ondear su supuesto fondo de reserva de 8.000 millones de dólares- admite que tendrán que revisar el proyecto de presupuesto del próximo año y con un barril a 85 dólares, no llegarán al próximo semestre.

MULTINACIONALES, A CUBIERTO

Quito mira a Caracas, a La Paz y a Brasilia, pero el mapa de sus hidrocarburos ha espantado a los rublos y los dólares: hasta Petróleos de Venezuela, después de cuatro años de negociaciones ha devuelto al congelador el acuerdo de la refinería de Manabí y ha exigido el acceso a Sacha, el campo más rentable en la Amazonía, a cambio de gestar la empresa común Río Napo. En este año, desde que Correa comenzó a negociar nuevos acuerdos y a mudar los que ya tenía sólo ha conseguido sumar inversiones chinas, pero a cambio de un crédito por venta anticipada de crudo con Petrochina que le llevará a perder más de 200 millones de dólares y a entregar dos tercios de lo que la petrolera produzca en Ecuador. El Estado tendrá que pagar 5,5 millones de dólares a la argentina Enarsa por abandonar el país y dejar a ciegas el proyecto de generación eléctrica más importante del país.

Y las presiones a la gala Perenco no han conseguido más que suspender sus trabajos y paralizar sus 22.000 barriles diarios como respuesta a un proceso de coactiva que Ecuador mantiene contra ella, por una deuda de 327 millones de dólares -el 50 por ciento de las ganancias extraordinarias obtenidas por la venta del crudo- que el Elíseo reclama ante la justicia internacional. Anclada por su socia estadounidense Burlington, no transigió con los recortes. El gobierno de Quito no ha conseguido ni siquiera colocar entre otros competidores los 1,4 millones de barriles de crudo que le habían retenido, para forzar el cobro. Con cada golpe de mano en la mesa de las petroleras, Quito cincela un mapa más estrecho: Petroecuador está produciendo alrededor de 260.000 barriles diarios, pero 100.000 van a la refinación para atender la demanda nacional de derivados, se comprometen 69.000 diarios para Petrochina y 40.000 que ya estaban comprometidos con Venezuela para la refinación y sólo le quedan al país alrededor de 50.000 para la exportación.

Seguir, seguirán, pero las multinacionales amainan el entusiasmo de sus inversiones, con cada paso hacia los contratos de prestación de servicio (sin derecho a crudo) rebajan la intensidad de la extracción y no tendrán ojos para la exploración de nuevos yacimientos. Ya han comenzado a hacerlo. No es Repsol, que la ha reducido un 17% su producción durante 2009, la única que levanta el pie del acelerador: la producción privada ha disminuido un 14% en el primer semestre de año -nada que el incremento del 7% de la producción estatal haya podido compensar- y las inversiones. Para disgusto del propio fisco ecuatoriano, el primero en sentir la ‘mano dura’ del oro negro de Correa: dejó de percibir 332 millones de dólares,  a pesar de haber incrementado las regalías del 50 al 90%.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2017 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...