edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
08/05/2017
En el arranque del nuevo ciclo

El crecimiento económico y los beneficios bancarios siguen sin llegar al público

Retribución del pasivo y precio de la financiación, las asignaturas pendientes de una banca que ya gana un 30% más
Juan José González
Algo parece estar fallando en la ecuación de la recuperación económica. El sector bancario ha salido de los números rojos con un buen primer resultado trimestral: nada menos que un avance del beneficio cercano al 30%, unos 4.000 millones de euros más. La inversión privada sigue parada, imita a la pública, quizá en un último intento de prolongar o alargar el efecto de las recetas de austeridad y deflación. El freno o parón de la inversión pública, que a su vez contagia a la privada y también propicia la ausencia de la financiación bancaria, contrasta de esta forma con los primeros síntomas de una fase de bonanza, la nueva cosecha, en resultados que el sector bancario ya ha comenzado a recoger. Bonanza que en cambio no llega al cliente, que sigue a la espera de mejores retribuciones para sus ahorros, depósitos y fondos. Tampoco se relaja el precio del crédito al consumo, en España en el entorno del 8,75%, dos puntos más caros que la media del sector financiero en el resto de la Unión Europea. Al final, el sector bancario se va a beneficiar de la buena marcha de la economía, impulsadas sus valoraciones por la recuperación del mercado de valores y recompensado mínimamente con alguna subida de dividendos, pero nada más: la recuperación sigue sin llegar todavía a la remuneración del ahorro.
En buena lógica, la mejora de la economía debería haber alcanzado ya a otras áreas de la actividad, a los salarios, a la retribución de los depósitos, a mayores facilidades de crédito, con mejores precios y, sin embargo, la mejora de la salud financiera tan sólo parece reflejarse en una parte de un balance que afecta a los beneficios bancarios y que, como refleja la primera fase de la cosecha anual, el primer trimestre, refleja un avance de los resultados bancarios cercano al 30% sobre el cierre del ejercicio pasado, cerca de 4.000 millones de euros. Es probable que ese retraso en llegar a otras parcelas de la actividad se deba sólo en parte a que la recuperación del negocio bancario es todavía consecuencia de factores ajenos al negocio típico bancario, habida cuenta que el origen de los beneficios trimestrales están originados por una mejora de los ingresos por integración de nuevos negocios, combinado a su vez con el impulso de los mercados internacionales.

En las presentaciones de resultados de las últimas semanas, los responsables financieros han mostrado su complacencia con la buena marcha de la economía, sin ocultar al mismo tiempo un cierto grado de incertidumbre provocado por la inestabilidad política, tanto interna como externa. Según varias opiniones, la incertidumbre de las elecciones europeas y las dificultades para lograr el apoyo al presupuesto del Gobierno parecen estar justificando un cierto retraso en la iniciativa de la inversión, pública y privada. Y esta situación no sería sólo la responsable del freno inversor, sino también del arranque en una mayor facilidad de crédito al consumo, menor coste de la financiación bancaria así como una mayor retribución al ahorro, al pasivo de los depósitos bancarios.

Se podría decir, por tanto, que es el cliente bancario, el titular, la última variable de la ecuación económica a la que todavía no ha llegado la recuperación, y que, en tanto que el rescate financiero y otros agujeros se han cubierto con dinero del contribuyente, no parece ser tampoco un beneficiario de las cuentas bancarias. Los mejores resultados del sector en el primer trimestre son, sin embargo, un preludio de los próximos avances, con recuperaciones del margen de intereses notables, caso de Caixabank con un 13,1% más o el de Santander con un 10,2% más o el de BBVA del 4,1%.

Desde este punto de visto de la recuperación de los márgenes, junto al ritmo de crecimiento de la economía y de recuperación del empleo, cabe pensar que el motor de la recuperación general está más que preparado para meter la directa en el nuevo ciclo económico. Y sin embargo, ni el sector financiero ni el empresarial parecen decidirse a tomar la iniciativa de la inversión al entender que debería ser la inversión pública la primera en mostrar su disposición a comenzar la carrera. Quizá sea esta ausencia de predisposición una de las causas que puede poner en peligro una de las mejores oportunidades para aprovechar el arranque del nuevo ciclo, puesto que todavía se mantienen los tipos de interés en niveles extremadamente bajos y, por ello, la facilidad para conseguir financiación se presenta como única.

El avance de los resultados trimestrales de la banca debe ser interpretado en clave de optimismo y confianza en el futuro y valorado, de esta forma, como una variable positiva en base a la cual deberían animarse el resto de los agentes económicos. En este sentido, le correspondería al Gobierno tomar una mayor iniciativa económica para provocar el arranque de la inversión pública y al que debería acompañar la inversión privada. En esta escena llama la atención el comportamiento de los particulares, que parecen tomar la delantera en el ciclo económico como demuestra la mayor demanda de préstamos para el consumo. Precisamente quienes mejor parecen interpretar el arranque del ciclo, la oportunidad, son los últimos receptores del buen clima -de los beneficios- que respiran las cuentas de resultados bancarias.

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