edición: 2491 , Martes, 19 junio 2018
21/05/2018

Crédito (demasiado) alegre 

Continúa el optimismo económico influyendo con fuerza en el ánimo de los consumidores. Se mantiene a buena temperatura el gasto familiar, los electrodomésticos, los automóviles, bienes de consumo duradero, regresan a lugares históricos empujados por unas ventas crecientes. Es la misma corriente que exhibe en estos meses con denodado ímpetu un inmobiliario desbocado que debe hacer frente al feroz ataque de la demanda. Pero tanto los unos como los otros, los bienes de consumo como los inmobiliarios, se mueven consumiendo ahorro y crédito, de consumo el uno, hipotecario el otro.

El ambiente es, en ambos, primaveral: cielos despejados, buena climatología, velocidad del viento... en fin, el clima más favorable posible que se conoce para el dinero a buen precio y las facilidades todas. En ese entorno propicio, donde el desempleo no es ya (o eso parece) el primer problema, el campo pide actividad y el cuerpo de la ciudadanía pide gasto. Merced a la climatología y a esas facilidades todas, el consumo privado, ese combustible principal que alimenta la actividad económica, sigue disparado y no se corta ni un pelo a la hora de entrar en un banco.

Crece el crédito para comprar bienes y pisos. Y lo hace consciente de las buenas expectativas que todos barajan, venden y dar por ciertas y reales. Y crece el crédito hipotecario y el de consumo. Se diría que tanto el uno como el otro son la cara de una misma moneda. Pero no. Con el precio del dinero en horas valle, los bancos le sacan mayor rendimiento al crédito al consumo que al hipotecario. Y ese mayor rendimiento es el pan que alimenta desde hace tiempo las cuentas de resultados bancarias. Hasta aquí todo bien.

Pero el problema de la euforia incontenida, de la buena climatología reinante y que los bolsillos particulares (muchos, no todos) rebosan liquidez, está, quién iba a decirlo, en el riesgo. Otra vez los riesgos, la solvencia, la fianza y las señales, que para la banca son las garantías de la clientela que solicita dinero, crédito. Pues bien, todo indica que el enorme caudal de crédito al consumo que fluye por nuestra economía, discurre con escasos avales, insuficientes y sin todas las cautelas precisas –tradicionales- exigidas por la banca para asegurar su devolución. Alegría crediticia y facilidad financiera y con escasas garantías en el crédito al consumo que recuerda aquellas cajas quebradas, precisamente por un asunto de garantías. Así empezó todo. Cuidado.

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