edición: 3049 , Viernes, 18 septiembre 2020
02/12/2013
Más vale tarde que nunca

Créditos fiscales para salvar la vida a Bankia y Banco Sabadell

Oportunismo político de una medida que llega con el tiempo justo para el examen de la `troika´
Juan José González

La iniciativa gubernamental de reconocimiento de los activos fiscales diferidos, recogida ya en una norma, parece haber inyectado una fuerte dosis de optimismo en medios de la Administración y empresariales, convencidos de que la medida o desbloqueo de cerca de 30.000 millones de euros que se transformarán en capital para la banca, van a obrar algo parecido al milagro de los panes y los peces, algo parecido a una barra libre de crédito coincidiendo con las navidades. La medida de `gracia´ obrada por el Ejecutivo de la mano del ministro de Economía Luis de Guindos, no se le puede ocultar una singular casualidad en el tiempo con la campaña oficial de la recuperación de la economía. Medida que, por otra parte, llega con bastante retraso respecto al resto de países donde operan entidades bancarias competidoras de las españolas. La norma viene bien a Santander, BBVA, Caixa y Bankinter, y salva la vida a Bankia y a Banco Sabadell.

No deja de ser un paso más, y debido, hacia la normalización del sector financiero. Es también oportuno, o, puede decirse que llega por los pelos, en la antesala, en capilla, del inminente examen de la banca española por parte del BCE. La semana pasada un destacado banquero asentía con un “más vale tarde que nunca” sobre la medida del Gobierno de cambiar la normativa para que los créditos fiscales ayudaran a los recursos propios, aspecto que tantos quebraderos de cabeza viene causando en la banca. Es una medida que viene a facilitar el trabajo de los banqueros en esta fase de preparación para presentar unos balances y unas cuentas recapitalizadas y en línea de cumplimiento con las exigencias y compromisos del sector con el Banco Central Europeo. Era, también, una medida esperada y descontada por el sector, que quizás llega no en el momento más oportuno para el sector sino en el más adecuado para los intereses del Gobierno.

Pero el oportunismo político del Gobierno en el cambio de la normativa no se limita a esa coincidencia con la campaña de `venta de la recuperación´. Los créditos fiscales le vienen como anillo al dedo a todos los bancos españoles, pero en particular a Bankia y a Banco Sabadell. Al primero le salvan las cuentas y le evitan un fracaso en las pruebas de solvencia del BCE. Para el segundo, suponen aplicarle la respiración asistida porque llega en el momento del cierre, de máxima necesidad para cuadrar las cuentas y hacer planes para el 2014 sin necesidad de tocar el dividendo. Para Bankia los créditos fiscales suponían el 72% del capital, y para Sabadell 63%. Para Banco Santander, BBVA y Caixa no llegan al 30% y en el caso de Bankinter el 2%. Sin embargo, el reconocimiento de los créditos fiscales no deja a salvo la distribución del beneficio, moneda de cambio sugerida por el FMI, un asunto pendiente de negociación política.

En realidad, la coartada oficial para el cambio de norma, es el intento de aportar estabilidad a la recuperación, siempre y cuando se cumpla que el crédito comienza a fluir, y algo en lo que la mayoría de las entidades ponen en duda. Porque, si bien es cierto que los 30.000 millones de euros suponen un alivio de capital y mayor solvencia para los bancos, no significa que estos recursos ahora liberados vayan directamente a convertirse en crédito nuevo. El crédito tiene una relación directa con el riesgo y el escenario económico no parece que indique una disminución del mismo, sino, tan sólo, una primera percepción de que la actividad económica puede ir mejor en los próximos trimestres, algo que pasa inevitablemente, por recuperación del empleo, condición previa para que el crédito comience a circular.

Y así, mientras la pescadilla sigue mordiéndose la cola, el Gobierno trabajando la campaña de `venta de la recuperación´, las entidades financieras están preparadas para afrontar la nueva prueba de resistencia del Banco Central Europeo. Previsiblemente será la última, puesto que la supervisión será asumida a partir del próximo año por el BCE en el ámbito de la supervisión única de la banca de la zona euro. En este sentido, bueno es que el cambio de la norma de créditos fiscales sirva para poner en condiciones de igualdad a la banca española con el resto de países. Lo malo puede ser que puestos a igualar condiciones las entidades españolas se vean obligadas a ampliar capital o bien a reducir el reparto del beneficio. Y aquí sigue la duda.

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