edición: 2702 , Martes, 23 abril 2019
31/10/2012

Cristiano Ronaldo no se merece ser insultado permanentemente

Antonio Cubero
Los gritos e insultos al jugador del Real Madrid, Cristiano Ronaldo de "ese portugués, hijo..." y "Cristiano es una Barbie", se han convertido desde hace tiempo en una repetida letanía en todos los campos del fútbol español tal como así sucedió el pasado domingo en el Iberostar Estadi de Palma con motivo del partido de Liga Mallorca-Real Madrid. Son insultos que no sólo ofenden y logran el objetico de sacar de sus casillas a un profesional, sino también a todo un país, Portugal, y debe sacar los colores de vergüenza a otro, España, por culpa de quienes se creen con derecho a herir verbalmente a un futbolista desde la grada por el mero hecho de haber pagado una entrada.

Bien es cierto que Cristiano, cansado como es lógico de los gritos ofensivos que le proferían desde la grada cometió el error de responder poniéndose una mano en una oreja y con la otra haciendo ademán de pedir al público que elevara el volumen de los gritos. Se equivoca el crack madridista y ese defecto, que no es la primera vez que lo hace, le debe ser recriminado por el Madrid ya que no sólo le puede costar la expulsión del terreno de juego por provocar al público, que no respetable como se decían antiguamente, sino también porque tal como están los ánimos tan crispados puede ocasionar un grave altercado de orden público.  Pero, por supuesto, tampoco es defendible bajo ningún concepto la actitud incívica de los aficionados que insultan.

Es cierto que, a excepción del madridismo, Cristiano Ronaldo no cayó bien entre una gran mayoría de los aficionados españoles. Un amplio sector de hinchas que le ven como un  personaje que genera antipatía por todos los poros. Se ha convertido en un profesional que produce hilaridad por una imagen que sólo él se ha ganado al mirarse en el espejo de la vanidad que tanto daño hace a la persona en vez de hacerlo en el de la humildad que le haría muchísimo más grande de lo que sin duda es como futbolista. Además, sería tan querido como, por ejemplo, compañeros suyos como Iker Casillas, Sergio Ramos, Xabi Alonso…, o, si cogemos el puente aéreo, Leo Messi.

Pero tampoco caer o ser antipático o “el más guapo, rico y el mejor futbolista”, como el propio Cristiano declaró hace algún tiempo en un ataque de ego para encubrir su indignación por los ataques que acababa de sufrir desde la grada durante un partido, no debe ser sinónimo de una desmedida y continua persecución sin piedad ni respeto nada más tocar el balón o marcar dos goles como sucedió en el estadio mallorquinista.

Antes de que el problema llegue a mayores en nuestro fútbol con alguna desgracia irreparable, sería aconsejable que al igual que se viene luchando contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, también se aplicara esa misma legislación para facultar a los árbitros a detener un partido si consideran que existe una actitud reprochable de forma repetida y mayoritaria contra un jugador. Sin duda, todos saldríamos ganando si de una vez por todas hay un castigo para quienes no saben lo que es el respeto a los demás. Hay que cortar de una vez por todas que un jugador -controvertido o no- reciba permanentemente una catarata de menosprecios, insultos y cánticos ofensivos. No hay derecho.

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