edición: 2680 , Miércoles, 20 marzo 2019
10/02/2009

Cristina Fernández baila el tango de las mil caras con las empresas españolas

Calma las aguas con Repsol, Telefónica y Gas Natural y presiona al Santander
Cristina Fernández de Kirchner y José Luís Rodríguez Zapatero
Ana Zarzuela

Entona la milonga del desdén mirando al tendido de su propio patio.  Lo justo para tratar de opacar el fantasma del 'default', ahora que comienza la negociación del tramo externo de la deuda, el que toca a España. A cambio del guiño al G-20, Zapatero ha entonado el estribillo que los asesores de Cristina Fernández querían: aquí no ha pasado nada y ‘los gallegos’ seguirán ondeando la bandera del segundo inversor. Pero la Casa Real le recuerda los 38.000 millones de dólares que las empresas españoles han llevado en los últimos quince años. La presidenta se pone estupenda, tanto como esquivarle la presencia a la CEOE y al Consejo Superior de Cámaras, pero no lo suficiente como para atreverse a volverle la cara a Telefónica, Repsol YPF, Abertis, Banco de Santander y Gas Natural. El ‘tango de la verdad’ lo ha bailado el ministro de Vido, dedicado desde el fin de semana en persona a ofrecer acuerdos y recoger promesas de Alierta, Brufau, Gabarró y FG. Lo de Botín, sometido a la presión de la Hacienda argentina sobre sus clientes de Optimal, es otro cantar. La fuga de capitales, la recesión y las mermas fiscales se tragan cada dos meses la misma cantidad que las AFPJ pueden aportarle a las arcas públicas. Las multinacionales aprietan los dientes ante un entorno que hace olas. No entonarán la tocata y fuga, pero las españolas minimizan su entusiasmo austral y buscan ya compensaciones.

Cristina Fernández ha escenificado el azote del peronismo con una mano y la hermandad con Madrid con la otra. Su primera visita oficial como presidenta a España es también una gira al corazón de sus necesidades políticas. Huérfana’ de Néstor Kirchner por primera vez en España, la presidenta argentina no gana para trajes –uno diferente para cada acto, cuatro en el primer día de periplo- ni para máscaras ante la ‘madre patria’. Lejos queda la alianza estratégica firmada por Néstor Kirchner y Rodríguez Zapatero en 2005. Y pone en riesgo las ofrendas de paz. Ni siquiera ella puede garantizarlas con las tarifas. El defensor del Pueblo ha puesto en cuestión las de la energía. Las de los peajes de las autopistas para OHL y Abertis tienen letra pequeña: exigen inversiones a cambio. Cristina Fernández llegó a España con la bandera de la expropiación de Aerolíneas Argentinas al viento. Ha esquivado a Gonzalo Pascual, pero la Casa Rosada y Marsans entonan de parte y parte el acto final de una guerra que la oposición argentina denuncia como amañada. Tocata y fuga por la puerta de la estatalización, pero sin cargas judiciales. Pascual está dispuesto a renunciar a la denuncia por 1.500 millones de dólares ante el Ciadi, a cambio del traspaso del acuerdo de 30 aviones que había firmado con Airbus, de la recuperación del adelanto pagado. Y de la luz verde para Air Comet, que ha hecho de Buenos Aires la plaza fuerte de sus vuelos.

PROMESAS A TELEFÓNICA

Fernández le ha mareado la diplomacia a Moncloa al ritmo de cada visita suspendida. Y van tres. Zapatero fue el último en enterarse de la nacionalización de los fondos de pensiones y con Aerolíneas Argentinas aún escribe capítulos ya agotados: esperaba un acuerdo y que se cumpliera el compromiso de una tercera mediación del 17 de julio con Marsans, pero fue nacionalización, sí o sí. Por eso las empresas españolas se han defendido solitas. Antonio Brufau lo hizo en persona, en diciembre. Y en tanto César Alierta repite la peregrinación, le calma los ánimos y las promesas de inversión al ministro de Vido, que acudió el domingo a conocer el ‘Distrito C’ de Telefónica y a amarrar el futuro de la operadora. La Casa Rosada ha decidido hacer de la presencia de Telefónica en Telecom Argentina parte del peaje, o al menos de la munición para intentar que Telecom Italia renuncie a la mayoría accionarial de TA, que pague más caro su desembarco, o que lo deje en manos de los ‘amigos’ de los Kirchner. Telefónica mira desde la barrera. Soltar sus aspiraciones en Telecom Argentina sería un mal menor para los planes de la operadora, que sostiene el cetro del liderazgo desde 2004 y un tercio de la banda ancha. Ya le ha caído el chaparrón del Merval y el castigo del Ibex. Y no está el patio de las inversiones -6000 millones de dólares entre 2008 y 2010- para más sustos. Cristina Fernández lo sabe. Por si acaso, los Kirchner prometen servirle ya a Alierta una bandeja de compensaciones, aunque sea a largo plazo: la subida del 15% de las tarifas y la luz verde para la ficha televisiva del ‘triple play’.

En Argentina, los planes de inversión de Repsol-YPF permanecen inalterados: 1.800 millones para 2009. Antonio Brufau pone a cubierto los nuevos contratos con las provincias petroleras: no hará las maletas, sino las trincheras, desde las que cobrarle los daños a los Kirchner, por la nacionalización de las pensiones y las facturas del Merval. Brufau protege sus almenas argentinas: pero sólo lo justo para hacer de ellas un invernadero de resultados (un incremento interanual del 13%) y un granero para la diversificación regional.

Para Gas Natural BAN, la visita de Cristina Fernández llega en plena celebración por la subida de las tarifas, entre el 10% y el 30% para clientes domésticos e industriales y para el gas natural vehicular. La venta del 19,6% de Gas Natural BAN le permitirá a Gabarró centrarse en unos resultados animados por la revisión tarifaria y los planes energéticos gubernamentales y hacerse con un tentetieso argentino ahora que el Estado desembarca  en la gasista por la puerta de las pensiones. Un Ejecutivo al que la compañía presidida por Salvador Gabarró -presente en Argentina desde 1992, con cerca de 1.380.000 clientes y responsable de la distribución de gas natural en la provincia de Buenos Aires Norte- ha sabido encontrarle el ritmo y despejar el camino a revisiones tarifarias en 2007 y septiembre de 2008, convertirse en la única privada con renegociación tarifaria y un contrato prorrogado hasta 2027.

El Gobierno argentino ha formalizado el canje de los Préstamos Garantizados -un tercio en manos del BBVA, Santander y Banco Galicia- por nuevos títulos de deuda y reabrió las negociaciones con entidades financieras locales para alcanzar una adhesión del 100%. Pero el “bien gracias” del BBVA ya no se entona tan alto en Argentina. Encajó en silencio el castigo bursátil, el azote del miedo de los depositantes y el látigo de la nacionalización de su aseguradora Consolidar. Porque hasta ahora, el Banco Francés le servía en bandeja el refugio de los resultados y un mercado en auge en consumo y créditos. Pero la fuga de capitales, la desconfianza que frena el proceso de bancarización, las zozobras del consumo y el crédito -en los que el banco es uno de los primeros del país- le oxidan la corona al BBVA.

PRESIONES SOBRE EL SANTANDER

Los Kirchner enarbolan los sables del escarmiento. Su plan de retorno de capitales hace aguas. Y buscan que el  Santander tapone alguna de fugas, al menos las del populismo peronista. La Casa Rosada quiere traer de vuelta a las clases altas, los inversores más intensos, los que mantienen 120.000 millones de dólares invertidos fuera del sistema financiero local. Lo hace por la puerta de la seducción con la misma intensidad que por la de la presión. En los próximos días saldrán por correo 3.000 notificaciones a  personajes de entorno deportivo avisándoles que la AFIP los cuenta como uno de los grupos que podrían haber olvidado ‘blanquear’ sus cuentas. La AFIP buscará apuntalar el IVA con premios semanales. Y presiona al Santander a que revele no sólo la identidad de los clientes argentinos estafados por Madoff –por cierto, unos de los más proclives a negociar- sino los que invirtieron en el fondo Optimal más de 400 millones de dólares, con la excusa de conocer si esas cuentas están declaradas.

La Casa Rosada le pone una música al tango del capital y la inversión. Pero los pesos, los dólares y los euros ponen su propia letra. Y no coinciden. Quiere cargarle a Emilio Botín el tango de la fuga financiera. O, al menos, las facturas para su solución. Para disgusto del sistema bancario, los argentinos bailan el tango de ‘coge el dinero y corre’ con más velocidad que nunca desde 2001. Sólo en el tercer trimestre escaparon más de 5.800 millones caminito del vecino Uruguay y de las arcas del sistema bancario brasileño, casi el 50% de lo que Cristina Fernández esperaba tocar con la nacionalización de las AFJP. La Casa Rosada busca atraer de nuevo a los capitales espantados con el señuelo del perdón legal para el ‘blanqueo’ y el aliciente fiscal, del 8% al 2% en impuestos.

Ni la obligación de que los capitales repatriados se mantengan por dos años depositados en un banco consuela al sistema financiero argentino. Hasta los cálculos más optimistas no esperan un retorno superior al 10% de los 150.000 millones de dólares que siguen fuera del país. Al contrario que EE UU y las economías europeas, Argentina ha jugado a demonizar el sistema financiero. Vampirizó la liquidez de los mercados con las mordidas de la nacionalización y la desconfianza. Ahora ensaya requiebros en un terreno acotado en el que juega  sólo con tres bazas marcadas y huérfanas de financiación: nuevos créditos a la producción y el consumo, un plan de inversión industrial y su programa estrella para repatriar capitales al país.

ARGENTINA HUELE A 2001

Empeñados en darle cuerda a un titanic sin música, los Kirchner se han bebido a borbotones en menos de tres meses el oxígeno de las pensiones de la Anses, convertida en Cenicienta de su embriaguez. Siguen atrapados entre el corazón y el bolsillo. Los analistas advierten: no será quizá en 2009, pero la sombra del impago pende aún sobre la Casa Rosada, que ha puesto a Argentina a caminar por el sendero de una “doble D” ya conocido -el del default y el de la devaluación- esta vez con el bastón de las expropiaciones en ristre. Con el flujo adicional que recaudará la Anses más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos.

Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas.

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