edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
22/03/2010
Un despacho jurídico trabaja en la reforma de varias normas de los estatutos
Cristina Narbona

Cristina Narbona, en la terna de Salgado para presidir la futura CECA

Experta financiera, con contactos políticos y a punto de cerrar su etapa en la OCDE
Juan José González

Los estatutos de la CECA, aunque rígidos, son bastante claros respecto a la situación en que exista una vacante en la presidencia, y dispone que, en ese caso, serían los vicepresidentes “según su orden de jerarquía” los que estarían obligados a asumir la representación institucional de la confederación en el período de tiempo hasta el nombramiento de un presidente. En esta situación se encuentran Isidro Fainé, Rodrigo Rato, Modesto Crespo y Braulio Medel, siendo el primero quien toma el timón de la CECA con presidente en abandono.

Sin embargo, los estatutos parecen consentir cierta flexibilidad a la hora de delegar la presidencia en una persona ajena a las cajas, es decir, sin cargo ejecutivo o consejero en una de estas entidades –recordar una situación similar como fue en su día el nombramiento de Jaime Terceiro al frente de la patronal-. Para lo cual, los cuatro vicepresidentes actuales, deben acordar por mayoría absoluta la entrada de un candidato externo al consejo de la CECA. Y esta flexibilidad es la que puede hacer realidad que el trabajo de las últimas semanas de la vicepresidencia Económica fructifique convirtiendo a una mujer en titular de la presidencia de la confederación, un hecho que no debería superar el próximo 20 de abril, fecha en la que las cajas celebrarán su Asamblea Anual.

Por eso entre la terna presentada por Salgado al presidente del Gobierno figuran un hombre y dos mujeres, de los que tan sólo ha trascendido el nombre de uno de ellos y que según un conocedor de la situación, contaría con varios de los plácet necesarios para ser propuesta como sucesora de Quintás en la presidencia de la CECA.

A Elena Salgado le ha caído el ‘sambenito’ de solucionar el asunto de la forma más seria y favorable para los intereses de un Ejecutivo al que se le esta atragantando la reordenación del sector que más esta llamando la atención de Bruselas. Y Salgado tiene su candidato en una terna ofrecida al presidente del Gobierno. En ella se viene trabajando desde principios del presente mes. Los contactos ya se han establecido y los puentes para que la candidatura sea bien vista por todos los grupos –excepto por el Partido Popular- ya han dado sus frutos. Si a principios de mes se negaba que el ministerio de Economía contara con un ‘tapado’ para el cargo de presidente de la CECA, ahora, a finales de marzo, no se niega. Salgado quiere una mujer al frente de la confederación; debe conocer el sector, a las personas, los mecanismos y las instituciones, de perfil económico y de prestigio, y por supuesto, afín, cercana o simpatizante del partido en el Gobierno.

El perfil de la propuesta de Salgado para la sucesión de Quintás habla de una conocedora del sistema financiero, así como de la Administración. Se trata de Cristina Carbona. Ha sido ministra, secretaria de Estado, directora general, y en los últimos tiempos se le considera ligada al círculo de José Caldera y a su laboratorio de ideas, fundación a la que pertenece en calidad de consejera. Hoy trabaja con status ‘diplomático’ como embajadora de española ante la OCDE en París, cargo que ocupa desde el 25 de abril de 2008 y en el que se comprometió a permanecer, al menos, los dos próximos años, para cuyo cumplimiento apenas restan treinta días.

Las cajas grandes se muestran partidarias de que un personaje con influencia financiera, empresarial y política, buen conocedor –en este caso, conocedora- del sector y de probada solvencia y prestigio, sea el encargado de coger al toro de las cajas por los cuernos, o lo que el lo mismo, de llevar al FROB a las que tienen que estar en el fondo, y a cuatro de las más grandes –La Caixa, Caja Madrid, Unicaja y Bancaja- a pilotar y apadrinar procesos de concentración interregional, donde hoy reside el principal escollo para abordar el proceso de reestructuración bancaria.

Las entidades con menor tamaño –capitaneadas por Ibercaja- reclaman un continuador de la posición de Quintás, es decir, el mantenimiento absurdo de reinos de taifas, o el minifundismo arcaico de las cajas con sus montepíos al estilo rancio utilizado en la década de los 60. Así que los dos grupos, grandes y pequeños, claramente definidos y decantados hacia soluciones bien diferentes, mantienen en combate a sus dos candidatos: Isidro Fainé, presidente de La Caixa por el lado de cuatro de las grandes, y Amado Franco, presidente de Ibercaja por las de menor tamaño.

En esta batalla, el Ejecutivo no piensa lo mismo que las grandes ni mucho menos que las pequeñas, ya que este segundo grupo, el de Amado Franco, sucesor ‘colocado’ de Quintás, ha sido el que ha puesto todas las trabas necesarias para que el sector de las cajas haya llegado a marzo de 2010 con más problemas de los que tenía hace dos años. Pero que se muestre más afín al primer grupo no significa que Isidro Fainé sea su candidato ideal. A éste se le considera una ‘estrella’ que resolvería mejor que nadie el delicado período -hasta el 30 de junio- que se le viene encima al sector. El Ejecutivo ya ha comprobado que una asociación o patronal como la de las cajas, puede dar al traste con muchos de los planes del Gobierno para el sector financiero, de ahí que su control o afinidad se considere fundamental en una estrategia de intervención como la actual.

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