edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
02/11/2010

Cruce de caminos en torno a la deuda pública

Carlos Schwartz
Los analistas esperan que este miércoles la Reserva Federal de por iniciada la segunda fase de inyección de liquidez conocida como ‘quantitative easing’ a la que han bautizado QE2. Ya se cruzan apuestas sobre la cifra de adquisición de bonos, que será el mecanismo a utilizar. Las estimaciones van de 100.000 a 500.000 millones de dólares. La idea es, además, que el proceso se ponga en marcha de inmediato. La operación, que implica de hecho una colosal emisión de moneda y por lo tanto una ampliación de los balances del banco emisor estadounidense, tendrá por fuerza que repercutir en una mayor debilidad del dólar. Sin embargo, es posible que los mercados ya hayan descontado hace un par de meses el incremento de liquidez. El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, viene anunciando desde agosto esta operación. La información precisa sobre lo que la Reserva Federal va a hacer se va a solapar con el resultado de las elecciones complementarias en Estados Unidos, 'midterm elections', destinadas a renovar parcialmente congreso y senado. Habrá que ver en qué futuro contexto político deberán moverse los malabares de la Reserva Federal.

Entretanto, en Europa sobre el filo de este último fin de semana Angela Merkel logró un débil consenso para reabrir los tratados de la Unión Europea con el fin de incorporar las provisiones necesarias para establecer un mecanismo de rescate de naciones con dificultades de pago de su deuda pública. Merkel había obtenido un acuerdo para este fin del presidente francés Nicolás Sarokozy en una cumbre de Deauville el 18 de octubre pasado. El acuerdo se forjó sobre la base de diluir las sanciones a los países que incumplan con los objetivos de déficit de la UE.

Inicialmente Alemania proponía severas sanciones, incluyendo multas, y la suspensión del derecho de voto a los países que no cumplieran con los objetivos de déficit. El paso atrás de Merkel en materia de sanciones le costó el disgusto de sus aliados en esa gesta: los países más pequeños de Europa del norte como Holanda. Pero el retroceso táctico iba dirigido a una acumulación de fuerzas para el objetivo de sustituir el precario acuerdo forjado para el rescate de Grecia -440.000 millones de euros en un fondo contingente- por un fondo específico acogido por los tratados de la UE.

Tras dos días de deliberaciones Merkel y Sarkozy tuvieron que oír el jueves pasado de boca del presidente del Banco Central Europeo (BCE) Jean Claude Trichet una crítica al concepto de que los mercados paguen por sus apuestas equivocadas. La idea del pacto que se está maquinando es que los inversores en deuda pública europea asuman parte de las pérdidas que suponga la dificultad de pagos de los países miembros. La canciller alemana justificó su estrategia en la defensa de los “legítimos” intereses de los contribuyentes europeos. Trichet advirtió que ese esquema puede minar la confianza del público en los mercados de bonos de deuda pública. Sarkozy, esta vez encolumnado detrás de las banderas alemanas, no ha podido ocultar su disgusto por las observaciones de Trichet. A su turno, Trichet ha tenido ya sus conflictos con el presidente del Bundesbank y candidato a sucederle en la presidencia del BCE, Axel Weber, en torno la compra de bonos de deuda pública europea por parte del banco central para ayudar a los países con crisis de deuda y sostener los mercados.

La cuestión de fondo es que el sistema monetario europeo, la supervivencia de su moneda, es decir el euro, se basa en tres conceptos: No asistencia a los países con quebranto de cuentas públicas. Ninguna deserción al sistema monetario europeo de sus países miembros. No suspensión de pagos de los países miembros del euro. De una u otra forma estos principios están incorporados a los tratados de la Unión como el de Maastricht. Mientras tanto, lo que Alemania y Francia perfilan es un sistema de reestructuración ordenada de la deuda de los países afectados con pérdidas para los inversores. Si no, ¿a qué viene todo el debate acerca de si los mercados deben o no asumir pérdidas en torno a las inversiones en deuda pública?

Cuando Merkel habla de los legítimos derechos de los contribuyentes está anteponiendo a los planes de rescate de los países en apuros un principio de mercado que implica pérdidas para los inversores. Y no debemos llamarnos a engaño: los mayores inversores en los mercados de deuda pública son los bancos de cada uno de los países de Europa.

La idea central entonces es que lo que se pretende poner en marcha es un mecanismo de reestructuración ordenada de la deuda en caso de crisis de pagos que implicará pérdidas económicas para los acreedores. Algo que los parlamentarios del propio partido de gobierno en Alemania invocaron durante la puesta en marcha del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) durante la crisis griega. Habrá que ver cómo de aquí a marzo, que es cuando estas ideas deberían estar organizados en un cuerpo jurídico, Francia y Alemania logran progresar en este tembladeral. No va a ser fácil.

El otro elemento destacable de este proceso son las prisas. El FEEF tiene vigencia hasta el 2013. No está claro porque Alemania reaviva ahora el debate sobre el tema. La sospecha que ronda a los mercados es que en medio de las incertidumbres monetarias que convergen sobre los países avanzados la preocupación de que se vuelva a desatar una crisis de la deuda en Europa no es una fantasía descabellada. Irlanda se ha vuelto a ver en figurillas con la necesidad de poner en orden las cuentas de un gran banco, el Allied Irish Bank, a un coste de unos 7.000 millones de euros a finales de septiembre. Portugal ha estado al borde de no lograr un pacto para aprobar los presupuestos generales para 2011 hace pocos días. Ni qué hablar de los malabares españoles. Una nueva salida de emergencia no es viable. Alemania quiere dejar funcionando la alternativa cuanto antes por temor a que haya nuevas sorpresas en el camino de la crisis de la deuda.

Lo llamativo esta semana es la contraposición de modelos que se ha puesto en juego entre los instrumentos anticrisis de los Estados Unidos y de Europa. Es probable que Alemania esté tan deslumbrada por su propia recuperación que no logre ver la posibilidad de que la mejoría de sus cuentas está atada a la vitalidad de los países emergentes. Sin embargo, la propia caída del dólar que la QE2 no hará más que fomentar supone también desequilibrios monetarios en los países emergentes, y los flujos de capital que ahora hinchan las cuentas de Brasil, India o Vietnam, se pueden revertir de la noche a la mañana. ¿Y entonces qué?

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