edición: 3050 , Lunes, 21 septiembre 2020
02/08/2020

Cuando el problema es el BCE

Los resultados bancarios del semestre, una primera muestra de la contundencia de la pandemia sobre el negocio financiero, a su vez, reflejo del descalabro producido en la economía por la catástrofe de la Covid, comienzan a dejar en evidencia algunos comportamientos públicos en instituciones políticas y también en los supervisores. Y ahí está, por ejemplo -como mal ejemplo- el que  exhiben los responsables del Banco Central Europeo.

De un tiempo a esta parte, el supervisor bancario viene mostrando su carencia de conocimientos del negocio bancario como también su falta de oportunidad táctica con la adopción de medidas que, lejos de ayudar al sector y a la economía en su sentido más genérico, están avanzando hacia una regulación de tal tamaño e intensidad que ya se encuentra a un paso de la intervención de facto del sector, de la actividad bancaria. Sector hiper regulado que hoy día es estudiado incluso en las universidades norteamericanas como paradigma, como superviviente a pesar de la actividad del regulador, del BCE.

Es sabido que la herencia de la crisis financiera de 2008, así como su larga resaca que hoy pervive, es culpable del actual precio del dinero y también de un puñado de numerosas cautelas del supervisor en el área del control bancario. Pero de ahí a la prohibición del reparto de beneficios hay un amplio margen de actuación del banquero central, una zona que permite una fuerte capacidad de reacción para prevenir posibles males mayores que hoy, a pesar de los pesares, ni siquiera se acerca a la categoría de riesgo, sino que son, tan sólo, hipotéticas amenazas.

Es probable que la última ocurrencia de los supervisores -prohibir la distribución efectiva de los beneficios- sea la gota que haya colmado el vaso, la última de las `genialidades´ del equipo Lagarde-De Guindos, herederos de una obsesión por el control del poder bancario mediante el golpeo incesante, abrumador, insoportable de la regulación. Hoy, sus propios análisis -test de estrés- demuestran que el BCE se confunde y que el problema –potencial- no está en la banca o en la incapacidad política de la Unión Europea para identificar los problemas, que también, sino que el problema está dentro del BCE, en su mentalidad.

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