edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
25/05/2020

Cuatro estados europeos pretenden bloquear la propuesta franco-alemana de fondo de reconstrucción

El vuelco imprevisto de la canciller Merkel tras el fallo del constitucional refleja la crisis de la UE
La cuestión es que para la dimensión de la crisis no parece haber otra solución que las que el capitalismo ha producido en su historia previa
Carlos Schwartz
El anuncio por parte de Austria, Dinamarca, Holanda y Suecia de un plan alternativo al pacto franco alemán anunciado el pasado lunes expone a la luz las profundas divergencias en el seno de la Unión Europea (UE) respecto del reparto de la renta interna. Las cuatro naciones que han constituido un bloque se oponen a que el fondo de reconstrucción haga una transferencia de recursos con cargo al presupuesto europeo 2021-2027 y sólo están dispuestos a que se financie a los estados que lo necesiten por el impacto de la crisis económica y la pandemia Covid-19 en forma de créditos condicionados a reformas estructurales y a su devolución. Admiten el endeudamiento directo de la Comisión Europea en los mercados pero sobre la base de deuda por crédito reembolsable condicionado. Esto supone un choque con el principio establecido en la propuesta Macron-Merkel, aunque bien es cierto que en forma genérica e inespecífica, de mutualización para la concesión de ayudas no reembolsables con cargo al presupuesto europeo. El conflicto ha quedado planteado entre la norma y la sensibilidad política de Emmanuel Macron y Angela Merkel.
La resolución del Tribunal Constitucional alemán que consideró ilegal el programa de compra de deuda soberana por parte del Banco Central Europeo (BCE) tras la crisis financiera de 2008 porque implicaba una transferencia de fondos del Bundesbank y la República Federal de Alemania hacia otras naciones, sin el consentimiento expreso de los órganos soberanos del país, ha supuesto un mazazo para la estabilidad de la Unión Europea (UE) en la medida que cuestionó la autonomía e independencia del BCE y de la propia Comisión Europea como ejecutivo autónomo. Pese a las afirmaciones de que la decisión del constitucional alemán no es vinculante para la UE y de que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se haya sacudido de encima la resolución alegando su independencia, el conjunto de la estructura europea ha crujido. Entre otras cosas porque sobre esta resolución sobrevuela el hecho real de que la CE está bajo la tutela el Consejo Europeo que opera por consenso y unanimidad en asuntos decisivos, recortando de forma manifiesta los poderes de Bruselas. Ésta no puede hacer lo que el Consejo Europeo no le permita, y el veto de Alemania puede derrumbar todo el castillo de naipes.

Merkel hizo la lectura fina de esta situación que la impulsó a aceptar el órdago de Macron. Ha sido el presidente francés quien ha advertido de forma reiterada desde enero que la UE atraviesa por su momento más delicado con una erupción de tendencias centrífugas que pueden empequeñecer al Brexit. La canciller alemana es consciente de que la economía mundial surca aguas sin cartografiar y camina por el borde de una depresión que puede hacer sombra a la de la década de 1930. Tampoco es ajena al hecho que esta vez el eslabón más débil no es la propia Alemania, derrotada en 1918 y tributaria de Europa bajo el Tratado de Versalles. Esta vez no serán las tropas franco belgas las que crucen la frontera para ocupar el Ruhr exigiendo las compensaciones que su país no era capaz de pagar. Las cuatro naciones del plan alternativo no han fijado una cuantía, pero han movido sus piezas ofensivas en disposición de combate para dejar claro que el plan de Macron y Merkel no pasará. Esta irrupción era previsible, y habrá más simpatizantes con el bloque de la frugalidad. Lo cual quiere decir que la canciller alemana decidió intervenir con un gesto imprevisto y de gran alcance, pero con el cálculo previo de que esa iniciativa tiene todas en contra.

El Constitucional alemán no actuó de oficio sino por una iniciativa de la oposición de derechas dentro del país. No hace falta un esfuerzo inmenso de memoria para recordar que las transferencias de Alemania al BCE vía el sistema de transferencias Target2 eran fuertemente resistidas en el pico de la crisis de deuda soberana en 2011 por los 'think tank' alemanes. El 26 de octubre de 2011 el boletín de estudios del Deutsche Bank publicaba un artículo bajo el título de “Una crisis encubierta de balanza de pagos en Eurolandia”, firmado por Thomas Mayer que hacía una detallada exposición de este punto de vista. La evidencia de que hemos entrado en una fase económica extrema ha despertado el fantasma y el Constitucional ha echado gasolina al fuego. Es probable que el establishment político alemán haya suspirado aliviado porque los jueces de Karlsruhe podrían haber ido más lejos, y salir del marco de la cuestión planteada señalando que el actual programa de compras de deuda, el PEP del BCE destinado a la pandemia es tan ilegal para Alemania como su antecesor. 

Pero la cuestión clave es que las resistencias internas dentro de Alemania no son una ficción sino que representan a los intereses de un sector de la banca y las finanzas así como del empresariado. La evolución de la crisis va a hacer resurgir estas tendencias. Mientras tanto es de esperar que de la negociación de las posiciones encontradas surja un entendimiento, pero la dimensión de ese entendimiento estará muy lejos de las necesidades reales. La cuestión es que para la dimensión de la crisis no parece haber otra solución que las que el capitalismo ha producido en su historia previa. No se pueden inventar horizontes en un marco acotado. Mientras la crisis evoluciona a su propio ritmo y las naciones van entrando paulatinamente en la “nueva normalidad” Europa seguirá negociando un plan de rescate que tiene todos los visos de no ser el bálsamo de Fierabrás, quizá porque este último es en realidad un producto de la ficción literaria.

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