edición: 2268 , Martes, 25 julio 2017
30/12/2009
Cada empresa tendrá que negociar sus deudas

Cuba regatea las promesas de Moratinos y agita el palo y la zanahoria de su ‘corralito’ con las empresas españolas

La Habana no liberará los 600 millones de dólares bloqueados, son casi un “impuesto de crisis”, sólo algunas cuentas si prorrogan sus negocios y amplían la fecha de pago por sus servicios al Estado
Por primera vez Cuba busca inversiones ibéricas para infraestructuras públicas, descuenta cambios con EE UU en 2010 e intenta hacer de las empresas españolas los 'caballeros blancos' para los dólares
Ana Zarzuela

Le prometió a Moratinos despejar los fondos bloqueados, acelerar el calendario para que los empresarios españoles que esperan desde enero puedan tocar por fin los 600 millones de dólares congelados en los bancos cubanos. A cambio del estirón de la FAD, el Gobierno cubano dejaría sobre la bitácora bilateral garantías para los que aún son los primeros inversores en el Isla. Pero la Habana le marca ahora las líneas rojas de los olvidos al ministro de Exteriores en las espaldas de los inversores españoles. No harán excepciones a la “difícil situación económica de la Isla” ni por los segundos inversores del país ni por nadie, a pesar de que aseguró que las empresas españolas serían las últimas afectadas si los rumores se materializan y el Gobierno tiene que cerrar las cuentas pendientes con descuentos o una demora del plan de pago a varios años. Ni el nuevo informe de la patronal española con presencia en Cuba -que ya tiene Raúl Castro en su mesa desde el 15 de diciembre-, ni el adiós a la temporada de huracanes sin haber tenido que acudir al fondo de emergencia (al que se podría recurrir ahora) ni menos aún la rebelión de las sociedades multinacionales a las puertas del ministro de Exteriores desbloquean el que para los inversores españoles es ya el peor contencioso comercial con Cuba en una década. Los Castro necesitan aliados, no sólo para sus planes de infraestructuras públicas. El mensaje se ha hecho llegar a los bancos (Cuba estudia abrir la puerta de su sistema financiero y las remesas a las entidades con un pie en EEUU), a las empresas turísticas y a las comerciales: el que se mueva no sale en una foto que pasa por hacer de puente a EE UU. La apertura llegará -quieren creerlo en La Habana- antes de lo previsto y cuentan con las españolas, que ya acogen en su accionariado el mayor porcentaje de capital norteamericano. Pero este año se ha cerrado sin que por primera vez, ni siquiera se haya reunido el Comité Empresarial Hispano Cubano en la Habana. La diplomacia caribeña reconoce a media voz que entre las filas oficiales dentro de la isla, los fondos bloqueados se consideran semejantes a un “impuesto de crisis” para las empresas foráneas, “después de años de beneficios”. Pero para Moratinos y De la Vega es sólo un “problema menor”, nada de represalias. Responden a los empresarios con los mismos argumentos de Raúl Castro: es sólo cuestión de tiempo y se niegan a intervenir como Berlín, facilitando créditos-puente temporales o vinculando la condonación de deuda a la liberación de las divisas pendientes.

En el Palacio de Santa Cruz tratan de que al menos parte de la pelota pase al Ministerio de Industria, ahora que la reforma de los créditos FAD los ha escindido de los FEIM para la internacionalización. Y deja a las empresas en el cuerpo a cuerpo, de una en una, frente a una negociación con las autoridades cubanas que por ahora, se salda en el ‘vuelva usted mañana’. El desfile de las grandes multinacionales en la Comisión del Senado sobre las inversiones españolas en Latinoamérica (que debía haber presentado ya sus conclusiones en diciembre) al menos le ha sacado los colores de la sintonía diplomática al Palacio de Santa Cruz. A las puertas de la presidencia de turno de la UE, las asociaciones de empresarios en la Isla de los Castro aspiran al menos a que ‘el corralito’ cubano esté encima de las negociaciones con Bruselas, como defienden París, Berlín y los miembros centroeuropeos, que aceleran las presiones diplomáticas y han otorgado una moratoria de la deuda con sus gobiernos, pero condicionada al pago de las obligaciones pendientes con sus empresas.

La Habana quiere acceso a la UE, pero no menos que a Barack Obama y las inversiones estadounidenses: ahora que Washington estudia flexibilizar el embargo y ha comenzado a dar luz verde a algunas inversiones en la Isla, Cuba promete a las empresas españolas hacer de ellas ‘introductores de embajadores’ de los dólares que no puedan llegar abiertamente a la Isla, o al menos aliados privilegiados si el desembarco de las inversiones comienza. La administración cubana descuenta que habrá cambios comerciales con EE UU en 2010 y busca bajo la mesa hacer de las empresas mixtas y sobre todo las mayores de las 300 españolas los caballeros blancos para los dólares americanos: apunta a Repsol YPF, Sol Meliá, Telefónica u OHL antes que a Accord, Nestlé o Pinard. Pero aún sólo se piensa la puerta abierta a remesadoras desde los bancos españoles en EE UU. Hasta ahora, los dólares y las sociedades americanas ya pueden tener participación con menos del 50% en sus operaciones en la Isla, pero la diplomacia caribeña da por seguro que las costuras de las restricciones estadounidenses se flexibilizarán. Intentarán a partir de febrero estirar las costuras de un nuevo paisaje comercial, más allá de la decisión norteamericana de impulsar el comercio agrícola con la isla y de la concesión recién obtenida de manos de Obama que permite al gobierno cubano demorar los pagos de las importaciones desde el vecino del Norte (que se han rebajado ya un 27% en el último año) al menos hasta que lleguen a la Isla. El objetivo de la Habana es que se permitan además créditos y el pago a través de instituciones financieras cubanas.

INVERSIONES Y PUENTE A NUEVOS DÓLARES

La administración de Raúl Castro hace de sus necesidades virtud y de sus zozobras, un arma de negociación. Al menos, lo intenta. Con el nuevo boom de la construcción y las infraestructuras que intenta potenciar en la mano mira a los más de 600 millones de dólares  de pagos comerciales a empresas españolas retenidos desde hace meses en la Habana por el Banco Financiero Internacional  pendientes de cobro y repatriación y a los millones de divisas retenidos por el ‘brazo’ bancario del gobierno cubano. Por ahora, no volverán a latitudes españolas, aunque sus matrices trataban de anotar su contribución a los dividendos de fin de año. Ni siquiera aunque el gobierno de los Castro sabe -la patronal se lo acaba de recordar- que sin sus dólares comienzan a tener problemas de importación y suministros y decenas de medianas empresas tienen ya en peligro su operatividad en la Isla. La administración cubana sólo entona el mantra de la calma. Pero después de la respuesta a Moratinos, ha vuelto a la casilla de salida, negocia de nuevo con todas las cartas sobre la mesa: exige a Exteriores un nuevo informe de deudas y de damnificados por el ‘corraliro’ para comenzar a evaluarlo. Un paso que las empresas se niegan a repetir, pero que Miguel Ángel Moratinos ha accedido a ejecutar a cambio de ‘buena cara’ de La Habana si España capitanea este semestre algún intento por cambiar la posición común de los Veintisiete hacia la Isla. Aunque sea a costa de reconocer que los números no le salían: Exteriores reclamaba 250 millones pendientes cuando sólo las empresas gallegas tienen ese volumen de fondos bloqueados en la banca pública cubana.

Lo único que se comparte, de lado y lado, es el objetivo de “seguir en la Isla hasta el día después”. La consigna extraoficial de la diplomacia cubana es no dejar que se retire ni un español, pero mano dura para los que levanten la voz. Se lo han demostrado ya (tras su discurso en la reciente Feria de La Habana) a Víctor Moro, el presidente de la asociación patronal española en la Isla y principal proveedor del mercado hotelero de todo el Caribe, con la amenaza -adelantada por Alanacubana- de que tendrá que sacar su inventario, cerrar sus oficinas y dejar la Isla con el adiós a su sociedad Vima si no bajan las lanzas de sus negociaciones.

Hasta ahora, el pacto que se admite es el de la luz verde al goteo de las divisas a cambio de prolongar las fechas de pago del Estado. Las empresas españolas cruzan los dedos: la venta de sus productos al Estado cubano pasó de 232 millones de euros en 1994 a los más de 660 millones en el último año y Cuba es el tercer cliente de España en América Latina, sólo por detrás de México y Brasil. Tendrán que seguir mirando al Cesce para compensar los pagos en el plazo acordado. España es uno de los países con mayor presencia económica en la Isla -sólo igualada por China o Venezuela- y no quiere perder su buena posición de salida. Menos aún ahora que, año a año, disminuye el número de empresas mixtas en la Isla caribeña. Es la Cámara de Comercio la primera que defiende que las españolas tienen ventajas y posicionamiento “difícilmente sustituibles” después de más de una década de cuerpo a cuerpo con las autoridades cubanas, sobre todo en turismo, el suministro eléctrico y la pequeña maquinaria.

MÁS CRÉDITOS Y CAMBIO DE ALIADOS

Pero ahora que llega la hora de la verdad y se plantean la competencia, las inversiones, o simplemente la inercia, las empresas españolas, las mismas a las que hace dos meses el ministro de la Nuez les pedía más inversión en el Comité Bilateral de Cooperación, las mismas que siguen sosteniendo el baluarte de los primeros inversores en tierras cubanas, han advertido ya a los Castro lo mismo que  el Comité Empresarial Hispano-Cubano: Cuba necesita más inversión extranjera, pero no será a cualquier precio. Que el año cierre con 258 negocios con capital extranjero, -en su mayoría asociaciones económicas internacionales- 56 menos que en 2008 y 120 en cartera, no es nada que sorprenda a los inversores españoles, que aún le ponen apellidos a la mayoría de ellas en el turismo, la energía o la minería. Efectos del embargo, dice el discurso oficial. Otra cosa es que lo haga, por primera vez en la historia, con más asociaciones productivas con Venezuela y China y Angola que con España y con Caracas y Pekín ya como sus principales socios comerciales. Sólo en el último trimestre, Castro ha ‘engendrado’ ocho empresas mixtas con Hugo Chávez, que hace ondear a los ojos de las españolas. Lo de las inversiones es otro asunto. Hasta los constructores que se reunieron con la ministra reconocieron, tras sus ‘ofertas’, la mano de sus urgencias, ahora que Brasil, en el mejor de los casos, sólo quiere financiar el 50% de sus proyectos. 

La Habana traspasa las líneas rojas con las inversiones españolas: por primera vez: con la bandera de que "Revolución es construir", una delegación del gobierno cubano ha paseado sus argumentos y sus planes de infraestructuras públicas, parques temáticos, campos de golf o viviendas sociales por la península para atraer, a domicilio, a las constructoras españolas a la Isla. Pero le han dado la espada de los recelos a la primera misión oficial en busca del know how y los euros ibéricos. Ni la falta de contratos internacionales en obra civil cubana, ni las zozobras financieras que rodean a los proyectos aún borrosos -en España sólo trataron de ‘vender’ el `puerto de el Mariel y el de Cienfuegos y La Habana. Menos aún las huellas de los escasos precedentes: la presencia de las grandes empresas de ingeniería y construcción españolas ha sido casi testimonial y algunas como OHL -que como adelanta Cinco Días aún no ha conseguido consumar dos proyectos pendientes- más que suficiente.

El Gobierno de Castro -que no puede recurrir ni al FMI, ni al BM ni a otras instituciones internacionales que alimenten su liquidez- ha evitado declarar la insolvencia, cumpliendo los pagos de su deuda con algunos Gobiernos extranjeros, permitiendo que algunas empresas extranjeras transfieran fondos y prometiéndole a todos los demás que la ayuda está en camino. Pero hay miedo, tanto como urgencia de liquidez. A la vista del descenso del turismo y las remesas, el gobierno de Raúl Castro trata de estrechar el lazo a las divisas. En junio, comenzó a disolver la corporación estatal Cubalse, que desde 1962 tenía una amplia red comercial y prestaba servicios inmobiliarios y de personal a diplomáticos y empresarios extranjeros cobrando en dólares. La Administración cubana se ha lanzado desde agosto a una ofensiva para aumentar la recaudación fiscal, con las empresas en el punto de mira. Las entidades financieras locales ya han dejado de aceptar “depósitos o extracciones en efectivo en las cuentas corrientes de personas jurídicas extranjeras radicadas o no en Cuba y de empresas mixtas u otras formas de asociación económica internacional".Los bancos podrán tomar las represalias que consideren necesarias en caso de que se produzcan operaciones "sospechosas" o ligadas al lavado de dinero. Y El Comité de Aprobación de Divisas (CAD), un órgano creado en 2005 para llevar a cabo la aprobación de las operaciones de gasto que tenía que realizar el Banco Central, sin llegar a ser disuelto, había ido dejando de operar paulatinamente.

La ‘crisis de la liquidez’ ya le costó al Gobierno de Castro la salida de Soberón -el inventor del “ahorro o muerte”- como ministro y no están dispuestos a excepciones, ni siquiera con España, aunque despeje sus caminos a la UE. Menos ahora que está al borde de la insolvencia y que estudia nuevos regulaciones que estrechen aún más con nuevos reglamentos bancarios. Pero el ‘círculo vicioso’ de las necesidades cubanas ya ha comenzado a estrecharse: en julio, las autoridades permitieron el acceso a las cuentas, a condición de que los empresarios continuasen haciendo negocios en la Isla, además de ampliar la fecha de los pagos de los 360 días hasta los 720 días, pero muchos pagos no han llegado aún, ni siquiera a cambio de los nuevos suministros. Ni palabra sobre el plan de racionamiento energético que el Gobierno cubano impulsa desde junio y que -además de la amenaza de cortar el servicio eléctrico a las empresas que no cumplan las "medidas excepcionales"- afecta ya a las españolas, con la producción cortada desde las 18.00 horas de cada día. Cuba bajó a un 2% su meta de crecimiento de la economía en 2009, cuatro puntos menos de lo previsto, y se enfrenta a la urgencia de ahorrar recursos y energía bajo la amenaza de un retorno de los apagones, tras un sobreconsumo equivalente a 40.000 toneladas de petróleo. Importa el 84% de los alimentos que consume y ya en 2008 tuvo que desembolsar 2.554 millones de dólares por ellos, 1.000 más que el año anterior.

Moratinos seguirá estirando las costuras de los créditos FAD: la cooperación española con Cuba ya pasó de 17 millones de euros a 32 millones en 2008, cerrará 2009 con 34 millones y promete subir de nuevo en 2010 muy por encima del 10% del total de la cooperación que baraja el Palacio de Santa Cruz. Por si las dudas, las últimas ‘reflexiones’ del comandante en Cubadebate se lo dejaron bien clarito a la galería: Cuba no es Argentina y la fiebre de Cristina Fernández por darse un baño de crédito internacional y volver al redil del FMI no es contagiosa en el Caribe. La culpa, a los ojos de Raúl Castro, ahora que los vientos de los últimos huracanes -a los que les achacan 1.000 millones de dólares en pérdidas- ya están lejos, la tiene el embargo estadounidense. Ya se sabe. Cuba encabeza la lista roja del Club de París el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Reconstrucción y Desarrollo y cuanta entidad internacional se le ha puesto a tiro. No es para menos, con 15.000 millones de dólares pendientes, de ellos la mitad inmovilizados, sin reestructurar desde 1986. En Moncloa han tomado nota: los más de 1.600 millones de euros de la deuda cubana -el 51% del total de la española- seguirán en el limbo, ya Zapatero en 2007 encargó un estudio para ir condonándola y sólo espera el momento adecuado para poner en marcha su ejecución, como hizo con Bolivia en septiembre.

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