edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
15/10/2009
El Banco de España agota las últimas reservas de paciencia

Cuenta atrás para evitar un diluvio de intervenciones en cajas

Reformar la Ley de Cajas y cubrir agujeros con las cuotas participativas
Juan José González

A las cajas de ahorros se les agota el tiempo para dar salida a los problemas que amenazan su futura continuidad. El Banco de España se mantiene en sus trece sobre las operaciones corporativas que, en su opinión y con el respaldo de los números, haría viables a la mayoría de las cajas que hoy tienen problemas. En Cibeles no escatiman horas, días, semanas e, incluso, meses para que los consejeros y presidentes de estas entidades hablen, pacten, piensen o propongan alternativas a la situación actual. Toda espera será buena –dentro de un orden- si es capaz de evitar el diluvio de intervenciones –una veintena, según las últimas opiniones-. No parece que en el calendario figure una fecha determinada para el fin de la ronda de conversaciones, aunque a este ritmo, el término de las mismas lo marcarán las cifras, es decir, la morosidad y la cobertura. La primera, desbocada, y la segunda, irresponsable. Se tiene la sensación de que el Banco puede llegar, incluso, a dejar pasar por alto algunas decisiones tomadas por los responsables en los meses previos a la crisis de 2008, algo que indica la flexibilidad a la que esta dispuesto el supervisor en sus ansias por resolver el enmarañado problema de las cajas en apuros.

En las últimas semanas ha trascendido una posible solución a los problemas financieros de estas entidades, que no es otra que la de poner a trabajar a las famosas cuotas participativas, en valorarlas y, en función de un multiplicador, colocarlas en el mercado a modo de deuda corporativa. La idea no es nueva, se parece a la que se trató de poner en marcha hace unos cinco años, lo que sucede es que en esta ocasión va en serio, hay voluntad de las partes y además no queda más remedio. Pero tiene sus detractores que no han dudado en salir al paso a la primera de cambio para asegurar que las dichosas cuotas participativas son un auténtico veneno al servicio de los actuales responsables de las cajas. Los mismos detractores animan al regulador a imponer su auctoritas, únicamente para proponer un pacto a los presidentes de las cajas para que a cambio de una solución global se llevara a cabo una reforma de la Ley de cajas en profundidad y poder resolver el impasse actual, única vía que facilitaría la despolitización de las cajas.

Y mientras pasan las semanas –que ya son meses- se extiende una sensación pesimista que anima a dejar que las leyes del mercado hagan su selección natural, que caigan las que tienen que caer y asuman su responsabilidad. La selección natural implica reconocer la sobrecapacidad del sistema y, por tanto, de aceptar la liquidación de la que deba ser liquidada, por mucho que duela a políticos y a financieros. Va a resultar que, a fin de cuentas, dejar que se caiga la que se debe caer, es la solución menos compleja, la más práctica y, sobre todo, la que ‘purificaría’ el modelo de cajas de ahorros.

Por otro lado, no ha sentado bien el informe de Moody´s en los despachos de banca. Pero en los de algunas cajas de ahorros, particularmente, en aquellas con serios apuros en sus cuentas, el calificativo hacia el informe es demoledor. Lo cierto es que las cajas –se entiende que una voz autorizada de la CECA- han salido al paso de las previsiones de la empresa de análisis y calificación, afirmando que estas entidades están preparadas para gestionar la morosidad. Se entiende que la reacción de la CECA ha sido medida y meditada por su presidente, Juan Ramón Quintás, quien nos tiene acostumbrados a más de alguna salida pública de tono. Es posible que la asociación que agrupa a una mayoría de cajas de ahorros, cuando dice que están preparadas para gestionar la morosidad no se refiera a esos 30.000 millones de euros de pérdidas por los ajustes de valoración de los activos de las cajas y la morosidad. Una cifra que si llega a confirmarse podría suponer unas pérdidas para las cajas cercanas a los 19.000 millones de euros, según algunos analistas del sector.

Una buena parte de las cajas que resisten a la coyuntura se encuentran en las últimas semanas de visita en el despacho del Gobernador en Cibeles. Unas evitando la quiebra, o la intervención, que es lo mismo, y otras negociando un lugar nuevo en el que vivir con un nuevo socio/os. La cifra que parece estar mejor guardada por todas las entidades es precisamente la que corresponde a la morosidad, la cual es más que posible que ya se haya situado por encima del 15%, una cifra que hace unos meses ponía los pelos de punta a los técnicos del ministerio de Economía cuando repasaban con Pedro Solbes la estrategia a seguir en la crisis bancaria y la constitución del Frob. Moody´s fijaba un escenario de fuertes pérdidas para el sector aunque no cifraba las relativas a las cajas. Y desde entonces, la situación ha ido a peor.

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