edición: 2412 , Jueves, 22 febrero 2018
17/11/2011

Cuenta atrás para la caída de Assad

Pedro González
Salvo Irán y Rusia, el actual régimen sirio de Bashar Al-Assad carece de aliados, una vez que China ha basculado también su posición y ha dejado de sostenerle. La Liga Árabe ha servido esta vez para legitimar todas las acciones que se tomen para hacerle caer, de la misma manera que su condena al régimen libio de Gadafi permitió la decisiva actuación de la OTAN para derrocarle. La redoblada brutalidad del entorno de Al-Assad es fruto de su propia desesperación, consciente de que la denominada comunidad internacional le ha condenado. No podrá argüir que no ha tenido oportunidades de rectificar, incluidos los reiterados llamamientos a que dialogara y negociara con una oposición. Esta puede enarbolar como mérito incuestionable la muerte violenta de al menos  3.500 manifestantes, además de decenas de miles de heridos a lo largo de todos estos meses de represión.

El último aliado en abandonarle ha sido el jefe del gobierno turco, Recep Tayyip Erdogan, que aspiraba a demostrar sus cualidades de mediador y ofrecerle una salida honorable. Bashar Al-Assad la ha rechazado, consciente de que ha generado demasiados odios y que los abusos de su régimen, desde los tiempos en que su padre Hafez instauró el puño de hierro, no se saldarán con un mero abandono del poder. Parece evidente que, una vez desalojado de su trono en Damasco, solo le quedaría un exilio oprobioso, como el del tunecino Ben Alí, o un juicio que evidenciara todas sus vergüenzas, como el del tunecino Hosni Mubarak. La hipótesis de que termine como Gadafi sería probablemente más la consecuencia de su empecinamiento en arrastrar al país a la guerra civil que de la verdadera voluntad de la coalición opositora articulada en su exilio actual.

Erdogan justificó su condena tras conocer el recrudecimiento de la represión como consecuencia de la condena de la Liga Árabe. “Ningún régimen puede sobrevivir encarcelando o matando”, dijo el líder turco al anunciar la suspensión de la ejecución del acuerdo por el que Ankara explora y explota, a través de la compañía petrolera turca TPAO, seis pozos petrolíferos de Siria. Un golpe moral, al que seguirá probablemente el corte de suministro eléctrico.

El régimen baasista sirio cometió también otro grave error al permitir, o más bien impulsar, las violentas manifestaciones del domingo contra las legaciones diplomáticas de Arabia Saudí, Qatar y Turquía. En el asalto al consulado turco de Latakia, los esbirros del régimen quemaron una bandera turca, un acto de especial sensibilidad para los turcos, que consideran tales actos como una afrenta de especial gravedad.

También puede influir de manera decisiva en el desenlace de los acontecimientos la convicción de que Irán puede estar ya al borde de conseguir armas nucleares, situación que ha desatado todas las inquietudes en Israel, cuyo gobierno no duda en proclamar que no tolerará la amenaza que ello supone para su propia existencia. Irán es ya el principal nexo que une a Siria con el exterior. Además, a través de Hezbolá controla la política en Líbano y la actuación de Hamás en la Franja de Gaza, situación que se vería alterada sin la colaboración de Siria.

En los círculos próximos a la Liga Árabe no se desmiente la creciente influencia que el pequeño emirato de Qatar desempeña en el creciente aislamiento de Al-Assad. Las lenguas más afiladas no desmienten que el jeque Al-Thani haya regado convenientemente de petrodólares a gran parte de los miembros de la Liga Árabe para forzar el voto favorable a las sanciones. Qatar fue también el inspirador de la resolución de la Liga contra Libia, además de seguir contando con el poderoso brazo informativo que representa la cadena de televisión Al-Jazeera.

Por su parte, la Unión Europea también aprobó esta semana una nueva serie de sanciones, la séptima, dirigida contra 18 jerarcas del régimen, impedidos de movimientos internacionales tanto personales como de sus propios bienes y capitales. También se incluía en esta serie de castigos la congelación de préstamos, lo que aprieta un poco más la tenaza sobre el régimen.

Sobre el mismo territorio sirio, las incipientes fuerzas del denominado “Ejército Sirio Libre” empiezan a hacerse cada vez más visibles. A primera hora de este miércoles, un comando de esta organización, formada esencialmente por desertores de las fuerzas armadas, atacaron con misiles y fuego de mortero las instalaciones de los servicios secretos del ejército del Aire, situadas al norte de Damasco. El objetivo estaba bien elegido, por cuanto tales servicios son los principales instigadores y ejecutores de la brutal represión del régimen.  La actuación de este nuevo ESL tiene reminiscencias con los rebeldes libios, agrupados desde el principio de la rebelión en torno a desertores de las mal equipadas fuerzas armadas libias de Gadafi. Siguiendo con el paralelismo, no es en absoluto descartable la inspiración y financiación exterior de tal organización, para lograr el objetivo final de derrocar al presidente Bashar Al-Assad y a su régimen. La cuestión ahora es saber cuánto derramamiento de sangre más costará su caída.

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