edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
21/06/2017
OBSERVATORIO TALENTO RELACIONAL

Dádiva frente a dignidad

Julián Gutiérrez Conde
Si les nombro a Muhammad Yunus habrá pocos que identifiquen a esa persona. Si les digo que es el presidente y fundador de Grameen habrá algunos más que sepan a quien me refiero. Y si les digo que fue el inventor de los microcréditos, prácticamente todo el mundo sabrá quién es. Se trata del llamado El Banquero de los Pobres.
El señor Yunus durante un viaje, encontró a una señora que confeccionaba una mesita con varas de mimbre. Conversando con ella descubrió que para poder adquirir los materiales básicos para construirlos se veía obligado a pedir dinero a prestamistas que cobraban un tipo de interés abusivo del diez por ciento mensual. Con todo ello, cuando lograban venderlo, su beneficio era unos miserables centavos.

Su primer impulso fue ayudar a aquella persona ofreciéndole el ridículo importe que precisaba para poder realizar aquel trabajo para sobrevivir. Luego tuvo la impresión de que aquella persona o bien no aceptaría su caridad  o de hacerlo le haría sentirse mal. Caviló un sistema que pudiera servir de ayuda tanto  a aquella familia como a otras que se encontraban en similar situación. Fue así como se le ocurrió crear un sistema de créditos micro. Aquello suponía que el mismo volumen de dinero y debido a su actuación, podría conseguir ayudar a muchas más familias.

Lo que estaba dilucidando era si tomaba la decisión de darle una ayuda puntual personal o si le ofrecía una oportunidad de rehacer y reconvertir su vida. La caridad mal entendido puede entender a la dignidad de la persona; es sólo un calmante para la conciencia. Dar oportunidades a las personas significa colaborar en que puedan activar su potencial y respetaba a sí mismas; darles herramientas para superar su entorno de miseria.

Ayudar no significa eximir de responsabilidades sino ofrecer posibilidades de que pueda ser precisamente un buen cumplidor de ellas.

Los caciques prefieren la magnanimidad gratuita porque los favores pendientes de cobro crean dependencia y control sobre las personas. Los líderes contribuyen para que las personas puedan encontrar un camino hacia su libertad y dignidad dándoles capacidad automotora.

Quien devuelva un préstamo siente no deber nada y se enorgullecerá de su esfuerzo. Quien recibe una dádiva se sonroja y se ve empujado a esconder la cabeza.

La dádiva tiene un límite; el préstamo permite que el mismo volumen de dinero puede servir para ayudar a otras muchas personas en idéntica situación y multiplica el factor solidaridad.

Una sociedad subvencionada es una sociedad desvalorizada a la que se devora su potencial de energía.

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