edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
23/09/2008

Daniel Ortega se lo pone fácil a los descartes de Gas Natural

Ana Zarzuela

Por ganas no será. A la hora de la criba internacional de Unión Fenosa, Gabarró no quiere heredar los dolores de cabeza de López Jiménez en tierras sandinistas, donde la eléctrica terminó convertida en una ‘ong energética’. Ortega no oculta que el 16% del Estado y la presencia en el Consejo de su ‘hombre orquesta’, Francisco ‘Chico’ López, le saben a poco. Bayardo Arce, su Rasputín, ya echa cuentas. Petróleos de Venezuela se prepara para convertirse en oficiante del divorcio. Reedita el intento fallido hace un año por cazar a la eléctrica con postas venezolanas. ‘Chico’ tiene en sus manos las riendas de Albanisa- la empresa mixta conformada por PDVSA y la Empresa Nicaragüense de Petróleos- los deseos de Ortega y las ansias de Hugo Chávez. Si sus planetas se alinean en Pdvsa, habrá puente de plata para las huellas de Fenosa. Si no, habrá que buscar un caballero blanco que soporte al anfitrión y quiera jugar en una cancha marcada por las líneas rojas de la energía bolivariana y del credo sandinista.

Si puede soltar el lastre de Dissnorte y Dissur y que otro cargue la cruz del vía crucis nicaragüense, a Salvador Gabarró no le dolerán pendras, por mucho que FENOSA tenga derechos formales para permanecer en Nicaragua hasta 2030. Gas Natural hereda las ganas de López Fernández – que ya tenía previstas algunas desinversiones en el exterior- y suma las propias. Nicaragua es un verso suelto y amargo en el mapa de Unión Fenosa. Además, la gasista no tiene presencia en Nicaragua y, a la vista del idilio entre Ortega y Medvedev, de que Ortega sólo tiene ojitos para el gas ruso, no es fácil que encuentre ahora una grieta en él. Ni siquiera que la busque.  Nicaragua tiene todas las cartas para quedarse fuera del club de los elegidos: más aislada geográficamente, con un desarrollo muy incipiente y con un futuro incierto por la situación política y regulatoria del país. No es México, donde Gabarró ancla su filial con el pie a tierra del 15% de Inbursa y donde cuenta con 1,1 millones de clientes y es el primer distribuidor de gas, segundo operador privado de generación eléctrica y único operador de gas y electricidad. Ni siquiera Panamá o Guatemala, donde los resultados, al menos, las hacen de las filiales más rentables de la región.

El pie público del 16% en la compañía de bandera española  ha puesto al Estado nicaragüense a bailar, a la fuerza, el tango de los problemas de generación que lastran el sistema eléctrico, los mismos que han marcado el desempeño de Unión FENOSA: cómo mantener un coste de generación que está por encima del de consumo y cómo asumir y evitar las pérdidas por motivos técnicos, robo o fraude que desangran el sistema. El gobierno de Ortega ya ha comenzado con los cambios en tarifas y la ley de reforma energética  a reconocer y canjear la munición con la que antes disparó. Después de años de repudio a las demandas de Disnorte y Dissur, ahora las aspiraciones neosandinistas pasan por reducir los costes de generación para recuperar la liquidez del sector eléctrico. Un nudo gordiano que requerirá al menos otros 34 millones de euros. Pero el acsoso y derribo no cede, el viejo comandante sandinista ondea la bandera bolivariana en la coronilla de FENOSA. Y si la llevó al altar por el pasillo de las amenazas y los embargos de la estatal Enacal, no ha cesado las multas por los cortes a las conexiones irregulares, se empeña en blindar el laberinto de sus subvenciones y en embolsarse a mayor gloria del INE (Instituto Nicaragüense de Energía) la subida de las tarifas. 


UN PADRINO VENEZOLANO

Managua sueña - Ortega- dixit, con la estatalización, pero no hay dinero en las arcas de Sandino. El precio está a la altura de Petróleos de Venezuela. FENOSA compró en 2000- por cierto, de manos del Gobierno legítimo de Arnoldo Alemán - por 78,57 millones de euros Disnorte y Dissur y se convirtió en monopolio de la distribución eléctrica. Desde entonces, ha invertido millones de euros en un sistema caótico, que amén de padecer la insuficiencia en el suministro, se ha convertido en un coladero por el que se van las inversiones y el 27% de la energía generada, gracias a los robos y el fraude continuados, a las reservas al límite, a la falta de plantas y su mal mantenimiento. Hay barrios completos en los que el 80% de sus habitantes no paga la factura eléctrica, denuncia la compañía, que sólo puede vender el 73% de la energía que le paga a las generadoras. Y el desfase tarifario hace que la empresa sólo pueda recuperar un 13% de las pérdidas de distribución. A golpe de decretos, Ortega salvaguardaba hasta ahora de las subidas a los consumidores residenciales, el 72% de los usuarios de FENOSA.

Las cartas pasan ya por la mesa de Petróleos de Venezuela. Con cada arremetida contra las multinacionales, el empuje de su látigo teje, a la fuerza, su dependencia del padrino caraqueño. Sobre todo la eléctrica y la petrolera. Con el ALBA como oficiante, el mismo ‘Club’ al que incorporó a Nicaragua sólo un día después de llegar al poder. De momento, bajo el paraguas del ALBA, la dependencia energética de Caracas crece semana a semana. Está en desarrollo el 80% de los proyectos emprendidos entre Venezuela y Nicaragua a partir del acuerdo de cooperación firmado entre Chávez y Ortega en enero de 2007 y la mitad de ellos miran a la energía. El país, de espaldas a los planes de las eléctricas, no deja de recibir generadores y bombillas fluorescentes de Caracas y de La Habana y quiere apostarle a la producción de electricidad con diesel y fueloil a base de petróleo procedente de Venezuela para generar 240 megavatios. Eso deja a Nicaragua- que reconoce que existe un déficit en la generación de energía de entre 50 y 60 megavatios por falta de liquidez en el sector, frecuentes averías de plantas generadoras obsoletas y la continua subida de los precios del petróleo - en manos no sólo del crudo bolivariano, sino de su relación con la estadounidense Esso Standard Oil, propietaria de la única refinería, con la que el Gobierno no mantiene precisamente un idilio.

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