edición: 2843 , Lunes, 11 noviembre 2019
03/02/2012
Solución: socializar pérdidas y barra libre a la recapitalización bancaria

De Guindos aplica la estrategia del Banco de España al plan de reforma

El Estado –de nuevo- deberá soportar el riesgo de una reforma basada en el apoyo público
Juan José González

La más reciente historia de la banca, desde que comenzó la crisis a finales de 2007, viene aportando algunas experiencias que merecerían mayor atención por parte de los principales bancos españoles, grandes y menos grandes. Y el caso más llamativo que debería hacer reflexionar a más de uno –entre ellos el Sabadell- muestra a un Bank of America apostando todo –todo lo que le quedaba- en la adquisición de una agencia de hipotecas norteamericana, ejercicio que, en un alarde de valentía bordeando lo irresponsable, repitió con Merrill Lynch, igualmente, con fuerte riesgo inmobiliario en su balance. La experiencia parece que sirvió a BoA para salir adelante y seguir tirando, el problema es que el destino de su estrategia parece haberle convertido en el peor banco de los grandes en EE UU. A otros bancos la jugada les ha salido bien porque, además de haber logrado mayor acierto en las adquisiciones, la ayuda del Estado en forma de recapitalización, fue decisiva para obrar el milagro. En España, puede pasar algo parecido.

Los dos más grandes grupos bancarios, Santander y BBVA, se vienen pronunciando desde hace tiempo con mayor o menor claridad, favorables a un reordenamiento del sector financiero mediante fusiones. No ven, o no les interesa ver, otro tipo de operación porque, previsiblemente cerraría el camino a la subvención, a las ayudas estatales, es decir, a la recapitalización con cargo a los fondos públicos.

La propuesta del Gobierno para cambiar el sector financiero, se encuentra ya sobre las meses de un buen número de consejeros de banca, la alta dirección, expertos y analistas financieros. Deberán leerla bien, a fondo, porque las explicaciones de De Guindos parecen haber sembrado cierta confusión. El ministro se ha agarrado como ha podido a las grandes cifras de la reforma, dejando un margen más o menos flexible, para la negociación política con el sector, que se presenta interesante.

Santander y BBVA es posible que se avengan ‘gustosamente a la fuerza’ al plan hecho público ayer. Será así por varias razones, pero ante el volumen de credibilidad y crédito político que el Ejecutivo se juega en la reforma, es obligado que ponga a disposición del sector las ayudas suficientes que aseguren el éxito del plan. Así que, la banca espera tras el anuncio de ayer tarde del ministro De Guindos, a pedir dinero, algo a lo que el Gobierno esta dispuesto, como bien se viene encargando de filtrar en los últimos días. Por tanto, la recapitalización llevará el nombre de fondo y, por supuesto, apellido público.

La constatación de esta situación, justificaría el nulo movimiento de los dos grandes en el campo de las operaciones empresariales en los últimos meses, dejando, incluso, aparcadas algunas de ellas, prácticamente firmadas. La preferencia de los dos grandes por las fusiones ha quedado reflejada en las últimas declaraciones de sus líderes, que en todo momento han añadido al final del discurso una coletilla tendente a dejar bien claro que las operaciones se llevarían a cabo con las garantías del Estado, encargado de cubrir aquéllos activos más deteriorados, como así anunció ayer De Guindos. Una forma de actuar que beneficiará, sin duda, a los accionistas, primer criterio por el que se mueven los intereses bancarios privados.
 
Merece la pena llamar la atención sobre el papel y situación del Banco de España en la parte final de esta reforma, que bien se puede calificar como desaparecido en combate. Al parecer, todo el interés del banco central, y de Ordóñez en particular, habría sido desde el inicio de la segunda parte de su mandato, evitar el cierre por quiebra de una entidad bancaria. El empeño del Gobernador –y de la entonces vicepresidenta Elena Salgado- por evitar la desaparición por quiebra de algunas de las entidades posteriormente intervenidas, marcó la línea de actuación de las autoridades, muy criticadas por el hoy ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Quién podría haber pensado hace tan sólo seis meses, que el nuevo Ejecutivo iba a seguir la misma línea de hacer todo lo posible por salvar del cierre a CCM, Cajasur y CAM. Y que, incluso, la fórmula que se iba a aplicar sería acudir a fondos públicos para así corregir la situación de insolvencia, eufemismo utilizado para minimizar la dimensión de un fracaso, de una quiebra.

Curiosamente, el heredero de esta filosofía en la solución de los problemas mediante préstamos del Estado –con cargo al riesgo del país, que también lo es de los contribuyentes- a través de las diferentes versiones del Frob, para no reconocer el fracaso público de las quiebras bancarias, es ahora el Gobierno Popular para el que la socialización de las pérdidas –no figuraban en el programa electoral- parece incorporarse a su decálogo de soluciones económicas. Y en este punto se puede decir que el plan de reforma financiera habrá coincido con la estrategia del Banco de España.

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